Lo más sucio en esa tienda era Mabel. Las superficies estaban tan bien pulidas que, incluso en la penumbra, podía distinguir los diferentes tonos de morado que cubrían su ojo, el mismo que Cheryl le había golpeado. Cereza, posado en su cabeza como una vela, estaba tan asombrado por el aspecto del lugar como ella. No había accesorios ni objetos a la vista, solo un escritorio blanco, lo que reforzaba la sensación de estar en un consultorio dental. El mostrador era meramente decorativo, sin nada tras él.
—Es decepcionante —suspiró Mabel, despidiéndose mentalmente de sus ideas de negocios.
Al voltear, notó que, aunque la puerta por la que habían entrado daba nuevamente al almacén, las ventanas no mostraban lo mismo. Pegó la cara contra el cristal para echar un vistazo al otro lado. El exterior parecía sacado de un cuento de hadas, una versión tangible de todas sus fantasías alocadas sobre mundos mágicos. Era de noche, pero las flores que bordeaban las calles adoquinadas emitían una cálida luz, y como había muchas y de diferentes colores, el paisaje parecía un festival de primavera lleno de luces y armonía.
Las tiendas y edificios de madera, rústicos y encantadores, contrastaban con la frialdad de la tienda de Blaz. El verde predominaba en árboles, hierba y naturaleza en general, pero al mismo tiempo, los caminos y el espacio estaban tan bien organizados que todo transmitía una sensación de modernidad, alejada de la estética de un pueblo antiguo y atrasado. En resumen, era maravilloso.
—¡Déjenme salir! —gimoteó Mabel, golpeando la ventana. —¡Por favor, déjenme salir!
¡Era tan hermoso! Su claro también lo era, pero no tenía signos de vida como ese lugar. Necesitaba hablar con personas que no estuvieran atrapadas en el mismo juego y, además, ¡era tan bonito! ¡Quería conocer Rever!
Abrir y cerrar la puerta no funcionaba; siempre conducía al mismo feo almacén. Frustrada, golpeó su cabeza y brazos contra el vidrio, deseando atravesarlo solo con la fuerza de sus deseos. Cereza se deslizó por su cabeza, deteniéndose entre la frente de Mabel y el cristal, estirando su pequeño cuerpo para que ella dejara de presionarse contra el vidrio. Si lo rompían, ¡estarían en problemas!
Mabel, con Cereza colgando de su cabello, tardó cinco largos minutos en observar el maravilloso exterior para consolar su herido corazón. Maldijo a Davian por ser tan apresurado, ¡iba a aceptar! ¡Era pobre! ¡Por supuesto que iba a tomar la primera oferta que prometiera mucho dinero en poco tiempo! ¿Por qué no pudo simplemente esperar un poco más y hacer las cosas bien? ¡Quería ser una jugadora legítima! Cereza le dio un leve pellizco en el lóbulo de la oreja para que dejara de perder el tiempo, gorjeando, molesto. Trepó de regreso a la cima de su cabeza y señaló con su ala hacia la puerta. Mabel, resignada, se despidió del mundo de Rever con un "hasta pronto" y un corazón roto.
—No pensé que este juego sería el que más me deprimiría —se lamentó Mabel.
La ignorancia realmente era felicidad. Ahora que sabía lo que se estaba perdiendo, la ira y el rencor hacia Davian se intensificaron en su pecho. Al verla hundirse más en la depresión, Cereza decidió tomar el control, clavando sus garras en el cuero cabelludo de la chica para indicarle la dirección que debían tomar. Mabel siseó, temblando de dolor.
—¿C-Cereza? ¿Puedes quitar las garras? —dijo avanzando rápidamente, con la esperanza de que la soltara. —¡Me duele! ¡Vas a sacarme sangre!
Cereza, al ver que había logrado su propósito, aflojó ligeramente el agarre, solo lo suficiente para que dejara de quejarse, pero sin soltar del todo, asegurándose de que siguiera temiendo que podía lastimarla. Pasaron junto a un grupo de bicicletas hacía la última sección del estante.
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Rever Arcade
AdventureMabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
