— ¿La fiebre seguirá volviendo? — preguntó Mabel a Hazel.
El moderador apartó la mirada de la ventana para observarla descansar perezosamente en su silla, ya que se había negado a usar la cama. Las mejillas sonrojadas eran normales en ella, pero el resto - la respiración pesada, los ojos irritados y la desorientación - no lo eran. Lele permanecía entre sus brazos, dejándose abrazar para brindarle comodidad. Mientras Mabel cerraba los ojos con visible cansancio y se masajeaba el cuello y la nuca adoloridos, la muñeca observaba a Hazel desde su posición privilegiada. Como criatura mágica, estaba naturalmente atraída por la fuerza, igual que los duendes o las sirenas. Podría nombrar a cualquier ser con el más básico de los instintos, no importaba quién fuera, se doblegaría ante él, estaba varios escalones por encima de todos. Ni siquiera necesitaba estar convencionalmente vivo, como el libro de magia en el que Mabel depositaba toda su fe, para sentir la necesidad de obedecerlo.
Pero la lealtad no iba de la mano con el poder. Hazel lo sabía mejor que nadie. No servía de nada intimidar a los diablillos que custodiaban a Mabel; solo quedaba el soborno... y la adulación.
— Lili está realizando una excelente investigación, ya debe tener preparadas alternativas para tratar la infección.
El aura negra alrededor de Lele se disipó, cayendo en una nube de ensoñación.
— "Es cierto, la hermana de Lele ya debe tener la cura. Hay que regresar para que puedas aliviarte."
Mabel no podía leer las palabras borrosas de Lele sin importar qué tan cerca estuviera, pero su repentino entusiasmo le dijo todo lo que necesitaba saber. Hazel se apartó de la ventana para ayudarla a levantarse.
— ¿Necesitas algo más antes de salir? — preguntó, mirando de reojo el ramo de flores en la mesa.
— No, no, poder bañarme ya es suficiente.
Además, la habitación de cinco estrellas que le habían dado a Hazel le estaba causando acidez por la envidia. Mezquinamente, quería arrastrarlo a otro lado para ponerlo al mismo nivel que el resto del equipo... sin contar a Gustav. Pobre Gustav.
Después de unas horas muy agradables, Mabel regresó al laboratorio de Vanila de la misma forma en que se fue: del brazo del moderador. Su malestar creciente no le permitió avergonzarse; simplemente se arrastró hasta la silla más cercana, que tenía rueditas y un asiento acolchado en el que podía hacerse bolita y fingir que todo estaba bien... aunque fuera evidente que no era el caso.
— ¿Cómo está Gustav? — preguntó Mabel a Eder.
El chico acababa de desmontar un aparato que se veía muy caro y aparatoso. Las piezas estaban siendo empacadas, listas para esconderse en el bolsillo de Lele. La muñeca corrió hacia sus hermanas, yendo más lento en el último tramo y acercándose tímidamente a Lili.
— Se está volviendo loco — respondió Eder sin intención de ocultar su terrible estado mental. Sin embargo, tal vez su admiración por el pelirrojo subió un nivel, porque se necesitaban huevos de acero para leer todas las señales y aun así esperar un resultado diferente.
— Oh, mi pobre Cereza... — el pajarito iba a estar tan enojado con Mabel por permitir que lo encerraran con Gustav, aunque fueran solo unas cuantas horas.
El moderador tomó una compresa fría de una hielera cercana y la colocó sobre la frente de Mabel sin advertencia previa. La chica se estremeció, retorciéndose en la silla para escapar del brusco golpe de temperatura.
— ¡Despacio! ¿Por qué de repente...?
— No podemos dejar que la fiebre avance.
¡¿Pero por qué tenía que llenarla de compresas frías de un segundo a otro?! Mabel se hundió en la silla, evitando que otra tira helada cayera dentro de su camisa. Hazel renunció tras unos segundos, al no encontrar otro hueco donde introducir otra compresa. Mabel casi se había dado vuelta en la silla, levantando una pierna al aire para usarla como barrera y alejarlo. No se atrevió a tocarlo, pero él sí: rodeó por completo su tobillo con una mano. Mabel llevaba pijama y pantuflas, así que no podía decirse que estaba desnuda, pero, de un segundo a otro, se sintió completamente expuesta. La otra mano del moderador se deslizó bajo el pantalón, sujetándole la pantorrilla.
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Rever Arcade
AventuraMabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
