Mabel, la líder

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Cuando Mabel despertó, estaba de regreso en su tienda de campaña, envuelta en un nido de cobijas que la mantenían cálida y cómoda. El aire olía a comida, y voces susurraban no muy lejos. Aún medio dormida, una profunda sensación de paz la envolvía mientras se acurrucaba mejor entre las telas, intentando dormir un poco más.

Unos segundos después, abrió un ojo lagañoso y miró sus manos: limpias y suaves, sin manchas de edad ni arrugas. Volvió a cerrar el ojo con una sonrisa. Un minuto más tarde, saltó de entre las cobijas, observando las mangas del pijama a rayas grises que llevaba puesto. Sus uñas, antes manchadas de rojo, ahora estaban impecables. Su cabello, suave y sedoso, no presentaba rastros de suciedad ni sensación pegajosa. Al parecer, alguien se había tomado el tiempo de bañarla, cambiarla y dejarla descansar en su tienda, la cual estaba decorada con fotos de Sasha Chernov tomadas desde ángulos cuestionables.

El alma que tanto luchó por conservar cayó a sus pies, deseando desaparecer por sí misma. No quería enfrentarse a la realidad de que, muy probablemente, Hazel y Gustav habían visto las "decoraciones" de su tienda, tan infantiles como las que tenía a los quince años. En realidad, sus gustos no habían cambiado, solo evolucionado. En otra vida, la imagen de Sasha también habría terminado colgada en la pared de su habitación si existía la posibilidad, pero jamás bajo la vista de otros.

—Escuché ansiedad gritando, ¿ya estás despierta? —preguntó Gustav desde fuera de la tienda—. Ya les dije que no voy a abrir, dejen de mirarme así.

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