— ¿Enfermos, lisiados, mujeres y... juguetes? ¿De verdad, Phineas?
El auto estaba listo, el equipo registrado, y cada uno recibió una sudadera rosa pastel como uniforme. Gustav probaba las funciones del tablero mientras Mabel jugueteaba en el asiento del copiloto, haciendo preguntas aleatorias sobre posibles situaciones en las pistas.
— También tienen orejas — añadió Eder desde la parte trasera.
Las últimas herramientas ya estaban guardadas, y solo esperaban a que la ficha se tornara naranja para avanzar con el auto.
Los chicos dieron un respingo, ahogando exclamaciones. Se veían ridículos porque ellos se sentían ridículos, el color del uniforme no era el problema.
— No es por ti — aclaró rápidamente Luther —. Son ellos.
¿Había otro enfermo aparte de Eder? Si el lisiado era Hazel, entonces solo quedaba Gustav, que rebosaba salud.
— Tienen un carro y puntos. ¿Les falta algo más?
Luther apretó los labios.
— Nunca los había visto antes, solo son un poco... excéntricos —explicó Phineas.
— ¡Eder! — Mabel se asomó por la ventana del auto—. ¡El color cambió! ¿Vas a subir? ¿Phineas, Luther, vienen?
— Me parecen amables — murmuró Eder, alejándose.
Luther y Phineas evitaron subir al asiento trasero con Eder y optaron por acompañar a Hazel, caminando junto al vehículo. Avanzaban lentamente por los caminos, las cabezas se giraban para evaluar al equipo, pero el interés se desvanecía al ver la carrocería oxidada y la apariencia inofensiva de sus integrantes.
— ¿Es una muñeca? — un chico codeó a su novia, señalando la ventana trasera, donde efectivamente había una muñeca de trapo con tres pelos de pie, observando el exterior.
— ¿Es un adorno? — preguntó ella, confundida.
Lele saltó al asiento trasero, deteniéndose frente a Eder.
— "¿Se bajan las ventanas?"
— Solo la del piloto — respondió Eder —. ¿Es un problema?
— "No, Lele puede encargarse."
— ¿De qué están hablando? — interrumpió Mabel desde el asiento del copiloto, con Cereza posado en su cabeza.
— "Lele y Cereza subirán al carro durante la carrera" — explicó la muñeca.
— Que la fortuna nos ampare — murmuró el pelirrojo, y tras pensarlo, añadió: — ¿Puedes robar un volante? Este es horrible.
Señaló el tubo circular, tan oxidado como el exterior del auto, que le ensuciaba las manos y tenía un olor desagradable. Habían economizado en los lugares equivocados; un volante decente no costaría tanto.
— ¿Puedes no darles ideas? — lo regañó Mabel.
— ¿Qué? ¿Crees que quieren ir porque les emociona el paseo?
— "Lele y Cereza protegerán el carro."
Cereza emitió un chillido para apoyar a Lele.
— No puedes preocuparte por ellos como si fueran niños — le señaló Gustav a Mabel —. ¿Sabes que probablemente tienen más años que tú? Estamos hablando de una diferencia considerable. ¿Lo entiendes?
La bolita de plumas rojas era tan pequeña, ladeando la cabeza desde el espejo retrovisor de la manera más tierna e inocente.
— ¿Por qué no subió? — preguntó Eder, mirando al rubio por la ventana.
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Rever Arcade
AdventureMabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
