Lele se aferró a la boca de Mabel, ahogando sus suspiros. Sin embargo, quien realmente logró regresarla a sus sentidos fue Cereza, clavándole las garritas en el cuello. Permaneció apretada en una bola en el fondo del casillero hasta que Brava, quejumbroso, abandonó el vestidor, seguido de cerca por su sombra.
Antes de permitirle salir, Lele recorrió rápidamente la zona para asegurarse de que no hubiera más sorpresas aguardando en alguna esquina. Estaban en el área VIP de las instalaciones, donde ni los otros participantes ni la "pelusa" en general tenían acceso; no debería de haber más peligros. Pero al ver a Mabel sin fuerzas y temblorosa, como si realmente fuera a desmayarse, Lele no quiso correr riesgos.
Cuando regresó, encontró a un Cereza renuente, de pie sobre la rodilla de la chica, abanicándola con sus alas. Estaba visiblemente desconcertado al ver su rostro alternar entre un blanco pálido y un rojo escarlata. Aquello no parecía nada bueno para su salud. Viendo lo nerviosa y alterada que estaba, –una reacción frecuente entre los fans de Sasha Chernov–, Lele supo exactamente lo que necesitaba.
—"Vamos, Lele te presentará a alguien."
Sus compañeros medían entre diez y cuarenta centímetros; ninguno podía sostener a Mabel aunque quisieran, así que se apoyó en las paredes para avanzar. ¿Se sentía avergonzada? Sí. Y no todo era por culpa del líder Chernov, Lele, con sus mejores intenciones, casi la había asfixiado en el casillero, esperando que el excéntrico dúo se marchara.
No tardaron en llegar a la salida de "mantenimiento", que daba a una zona muy transitada esa noche. A su izquierda, una tienda en forma de iglú, con bloques blancos y de colores y nieve acumulada alrededor. A la derecha, justo frente a la heladería, se erguía un castillo de caramelo colorido e imponente. La palabra clave era colorido, ya que todo, incluso la barra del mostrador, estaba hecho de una mezcla de dulces y caramelos.
El Maravilloso Castillo de Caramelo de Nemo Nimbo el Mimo y el Pequeño Iglú de Brava tenían una rivalidad histórica, un tiro cantado, una riña tan vieja que nadie recordaba cómo había empezado. Desde sus primeras apariciones en Rever, ambas figuras habían estado en guerra, no dispuestos a rendirse nunca, llevando su conflicto a donde fueran. Estos enemigos peleaban cara cara, en sus negocios y fuera de ellos, poniendo el pie o entorpeciendo los pasatiempos del otro cómo y dónde pudieran. Era común que, donde se alzara un Iglú, un Castillo de Caramelo apareciera justo enfrente y viceversa.
¿Pero cómo sabían los demás que Nemo Nimbo el Mimo y Nova Brava eran archienemigos y no pegajosos mejores amigos? Normalmente era por la actitud de Brava: gritaba a todo pulmón que jamás de los jamases y nunca de los nuncas habían sido ni serían amigos. Además, los letreros mal colocados alrededor del mostrador del iglú prohibían la entrada de arañas, conejos, mimos y llorones, y un muñeco de nieve con una escopeta en mano tenía la orden de disparar a cualquier cosa en blanco y negro o hecha de azúcar que se acercara. Afortunadamente, los pingüinos –de los colores de los helados que vendía– y soldados de nieve de Brava no podían salir de sus juegos; así que los que se encontraban esa noche eran solo figuras decorativas.
En respuesta, un cascanueces de caramelo sostenía una pancarta con imágenes de insectos, payasos y doctores tachadas, mientras su compañero apuntaba con su lanza al muñeco de nieve. El payaso psicótico era especialmente destacable, y su nombre solía estar con frecuencia en la boca de todos, pero el poder del dinero eclipsaba cualquier oportunidad de victoria para él. Ninguna de sus peleas era justa: el castillo, una construcción impresionante, se regía por el lema "uno más que tú, siempre", y por lo tanto era un bloque más alto y ancho que el iglú, custodiado por soldados cascanueces y conejitos de bombón que alzaban con orgullos sus arcos y flechas.
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Rever Arcade
AventuraMabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
