El acuerdo general del equipo Dinamita Bombastic, oficialmente registrado bajo ese nombre para la carrera, era no comprar lo que podían robar. Por supuesto, no era un pacto que un extraño pudiera comprender. Eder, testigo presencial de la corrupción de Hazel como moderador, era la única excepción, y solo porque Mabel, a sus espaldas, conspiraba para robárselo a él.
El plan de Gustav al apartarse al iniciar la carrera no era evitar conflictos, sino descubrir los accesorios más interesantes de los otros equipos.
— ¿Terminaste? — gritó Gustav por la ventana.
—"Sí" — respondió la muñeca mientras era transportada por Cereza, proyectando subtítulos frente a Gustav.
— Bien — asintió el pelirrojo —. Consigan un volante — pidió, cerrando la ventana y pisando el acelerador a fondo.
El frente del auto se pegó a la cajuela de la camioneta. La chica del arpón saltó sobre el cofre del equipo Dinamita Bombastic. Gustav ignoró sus gritos y la expresión desquiciada con la que intentaba destrozar el parabrisas. Los participantes de esa carrera eran equipos con pocos recursos, apenas mejores que un jugador promedio. Definitivamente no tenían ni puntos ni accesorios infinitos, y la herramienta con la que trataba desesperadamente de romper el vidrio no podía atravesar la capa de cristal ultramarino. Su compañera rubia gritaba desde la cajuela, intentando que regresara.
Gustav condujo ambos autos hacia una tableta de chocolate gigante que funcionaba como rampa. Era altísima, por lo que el resto de competidores la evitaban.
— ¡Hijo de puta, no lo hagas! — Luther se hundió en el asiento, aferrado al cinturón de seguridad.
Por supuesto, lo hizo. La incrédula jugadora en el cofre se dio cuenta demasiado tarde. La camioneta, sin llantas, lanzó chispas al contacto con el envoltorio del chocolate. Las jugadoras debían de tomar la decisión de quedarse en el vehículo y enfrentar juntas la colisión o abandonarlo, sabiendo que significaba perder la camioneta cuando la arrojaran al deshuesadero si alguien más rápido estaba esperando por atrapar basura nueva. Eligieron quedarse, volando sin control junto con el vehículo.
Gustav y Luther sintieron un fuerte vértigo al sentir desaparecer el suelo bajo ellos. Segundos después, comenzó un descenso prolongado. La jugadora del arpón salió despedida al impacto contra la pista, que sacudió todo el auto. Las llantas nuevas, aunque resistentes, eran más grandes de lo necesario, complicando las maniobras en la superficie de caramelo.
Luther miró por la ventana el cuerpo inerte de la chica atrapada en el caramelo.
— ¡Joder! — exclamó.
Cereza volvió a emparejarse junto al auto con Lele.
— "¿Cuál quieres?" — Lele mostró dos volantes: uno redondo, negro y tradicional, y otro en forma de D invertida, estilizado para verse genial.
Gustav escogió el segundo. Lele arrojó el otro al suelo, y ambos se alejaron de nuevo.
La pista de caramelo causaba estragos entre los participantes, especialmente cuando las paletas, vencidas por la vibración, comenzaban a caer sobre los autos. Por suerte, esta pista aún se consideraba "fácil", aunque el último tramo estuviera plagado de charcos de azúcar que parecían arenas movedizas. Gustav, indiferente a las dificultades, se enfocó en cruzar mientras le indicaba al par de dinamita qué tomar y qué tirar de lo robado. Para cuando atravesaron la meta, Luther veía al equipo excéntrico con nuevos ojos.
Mabel agitaba la andadera para felicitarlos. Quedaron cuartos, lo cual ya era un gran logro. Cereza y Lele corrieron a recibir sus mimos. Eder, en cambio, se puso a evaluar la viabilidad de conservar esas llantas, conversando con Gustav sobre posibles mejoras. Phineas lloraba en la ventana de Luther, quien seguía pegado al asiento, tembloroso. Toda esa caótica escena se transmitía en pantalla, con Hazel saludando a la cámara con una sonrisa amable.
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Rever Arcade
AventureMabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
