Había algo que Ivo Lazzaro y Bianca compartían: acciones contundentes. En escalas completamente diferentes, por supuesto, pero igual de drásticas. Tras desempolvar su autoestima, Mabel decidió apartar los temas escabrosos y centrarse en aprender a ser una mejor líder para el equipo Dinamita Bombastic. El líder del Clan Lazzaro le recordó dos cosas esenciales: que aún había muchos guapos por descubrir en ese vasto universo y que la traición no se borra ni se perdona con una disculpa insulsa. No eran una democracia; su equipo se regía bajo una dictadura implacable, tiránica y corrupta, pero siempre enfocada en el bienestar de sus miembros. Ni Luther ni Phineas eran parte de ellos.
No podía arrancarle el corazón a Phineas, pero cuando Hazel lo arrastró hasta la cochera, Mabel se abalanzó sobre él, abofeteándolo sin piedad. Rodaron por el suelo mientras el chico, atado y amordazado, intentaba escapar sin éxito. Mabel tuvo cuidado de no romperle la nariz ni partirle el labio: no pensaba ser castigada por culpa de ese idiota. Solo se detuvo cuando se quedó sin aliento, observándolo desde arriba y considerando seriamente si debía ahogarlo con sus propias manos. Finalmente, fue Hazel quien salvó la vida de Phineas al levantar a Mabel por la ropa como si fuera un gatito. Antes de ser apartada, Mabel le dio una última patada en la entrepierna. Hazel la dejó sobre sus pies y le ofreció un pañuelo blanco para limpiar sus manos y rodillas.
En lugar de regañarla o calmarla, Hazel preguntó:
— ¿Ya mejoró la herida de tu tobillo?
Mabel no había notado que ya no usaba el andador, ni recordaba cuándo lo había soltado. Su tobillo estaba completamente curado; podía apoyarse en esa pierna sin sentir dolor.
— Está como nuevo — aseguró, asintiendo.
— ¿Qué vamos a hacer con él? — intervino Eder, quien había estado observando desde un rincón. Phineas seguía llorando en el suelo, lo cual era exasperante.
— Necesitamos saber quién planeó un ataque como ese y por qué — respondió Mabel, tomando una llave inglesa particularmente pesada de una mesa cercana. La herramienta serviría para intimidar al chico, que probablemente era menor que ella, pero nada excusaba la estupidez que habían hecho.
Apartando a Hazel, Mabel se plantó frente a Phineas, que seguía sentado en el suelo, golpeando la llave inglesa contra su mano para lucir más intimidante. Sin embargo, era evidente que lo que realmente asustaba al chico era la muñeca con su hoz y el joven rubio que, aunque permanecía aún lado e indiferente, emanaba una aura gélida. Eder, por su parte, se mantenía apartado, apoyándose en la cajuela del auto mientras comía chocolates con pereza. El pobre no tenía la energía ni el entusiasmo para intimidar a nadie.
— Quiero la verdad. Por cada mentira que intentes contarme, te pondremos una cadena y te arrojaremos al pie de la montaña. ¿Cuánto crees que te tomaría salir atado de un punto desolado en el mapa?
—"¡Lele lo enterrará dos metros bajo tierra!" — corrigió la muñeca, corriendo hacia Phineas con una pala.
La rapidez con la que cambiaba de armas hizo que el chico comenzara a llorar aún más fuerte, retorciéndose como un gusano para intentar escapar.
— No esperaba que hicieran nada, Phineas, solo ocupar un asiento en el auto más seguro al que ibas a tener oportunidad de subirte en tu vida. ¿Y aún así fueron capaces de conspirar contra nosotros?
El chico gimoteó, sacudiendo la cabeza. Lele le dio un golpe con la pala para que dejara de ser tan molesto. Phineas casi se desvaneció del impacto, pero al menos dejó de llorar. Mabel se inclinó y le arrancó la mordaza - un pedazo de cinta- de la forma más brusca posible, asegurándose de que entendiera que no dudarían en partirle la cara, como cualquier otro jugador haría.
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Rever Arcade
PrzygodoweMabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
