Con las hojas de la impresora en mano, Mabel buscó un lápiz o una pluma con qué escribir.
— Podrían castigarte — le advirtió Xander al verla empeñada en comunicarse con los compañeros aún atrapados.
— ¿Sí? — murmuró distraída. Sacudió los paquetes en los buzones, tan ligeros como las hojas que cargaba. Por curiosidad, abrió uno de los sobres listos para el reparto y encontró más hojas en blanco.
Había algo raro en todo esto. No tenía pruebas, pero tampoco dudas. Era la primera vez que se sentía obligada a jugar una partida real en lugar de hacer lo que se le hinchara la gana hasta encontrar la salida. Desde luego, no había mejor motivación que evitar quedar atrapada seis meses en una oficina, sin importar si el trabajo era real o no.
— No parece que entiendas lo que significa ser castigada — insistió el chico, siguiéndola como una sombra entre los estantes.
— ¿Por qué me preocuparía? No estoy rompiendo las reglas.
— Dijeron que no podíamos comunicarnos con ellos.
— Oh, no — Mabel lo miró por encima del hombro, sonriendo —. Dijeron que no podían escucharnos, no que no pudiéramos comunicarnos.
Los vacíos legales eran tanto una bendición como una maldición. Mabel jugueteó con la gargantilla en su cuello mientras pensaba en qué hacer si no encontraba una forma de escribirles un mensaje a sus compañeros faltantes. Si por culpa de ellos tenían que pasar seis meses allí... Ni siquiera sabía qué iba a hacer. Era una jugadora "nueva" que había pasado por siete juegos a base de milagros y ayudas externas, lo único que recordaba con mucha claridad era que, en realidad, se podía morir - morir de verdad, de la muerte permanente y sin remedio y no solo una vida gastada en un videojuego - si no era precavida. Regresó a la impresora y comenzó a toquetearla en busca de los cartuchos de tinta.
Xander se detuvo frente a la pantalla negra, sorprendido de que el conejito no apareciera para corregirla.
— ¿Por qué no considerarían esto una ventaja injusta?
Mabel celebró al retirar el cartucho de tinta azul y descubrir que estaba lleno. Al escucharlo, primero se molestó por querer seguir insistiendo en obtener una respuesta del conejo. ¿Qué esperaba lograr si le contestaban? ¿Que la regañaran? Luego, se enojó aún más porque el tipo guapo era un inútil. ¿No le preocupaba ni un poco la posibilidad de estar allí por meses? ¡Meses!
— ¿Cómo explicarlo? — murmuró, sacando la ira al arrancar un trozo de papel para usarlo como brocha para escribir —. Nos dieron el mismo "entorno" controlado a todos los participantes, ¿no? No nos habrían dejado salir del cuarto si no pudiéramos usar esta área y sus accesorios. Como nuevos empleados, estamos mostrando "iniciativa" — le guiñó un ojo.
Gastó varios trozos de papel en un intento de no ensuciarse las manos ni la ropa con tinta. Se sintió muy orgullosa al ver el mensaje que logró escribir para sus compañeros:
"¡Salgan! 6 meses atrapados si no"
— ¿Estás segura de que...?
Xander cerró la boca cuando Mabel deslizó la nota bajo la puerta, sin un ápice de miedo e ignorándolo por completo. Segundos después, le devolvieron el papel desde el otro lado, pero le habían arrancado la palabra "salgan".
— ¿Qué crees que signifique? — le preguntó Mabel a Xander.
Como seguidor fiel de las reglas y los deberes, este tipo de avances estaban muy fuera de su zona de confort. Era demasiado correcto para encogerse de hombros, pero tampoco tenía una respuesta. Se quedó allí, viéndola en silencio. Mabel suspiró, como era una percha bonita, no le dijo ni le reclamo nada.
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Rever Arcade
مغامرةMabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
