El zumbido de los mosquitos era molesto. Más de uno se rascaba las ronchas rojas e hinchadas en la piel. Mabel procuraba ser sumamente cuidadosa mientras cosía el cabello de Lele y espantaba los mosquitos. Sabía que no podía lastimarla - era una muñeca, después de todo-, pero entendía lo importante que era esa petición para ella y no quería arruinarlo. Entre las tiras de estambre azul, dos trozos blancos y cortos se alzaban como brotes sobre su cabeza redonda.
— Qué linda — Mabel sonrió, jugando con los restos del cabello blanco con el que había conocido a Lele —. ¿Tu hermana lo tendrá tan largo como lo tenías tú?
La muñeca asintió.
— "Lele y sus hermanas siempre se han visto igual."
Un mosquito particularmente gordo pasó frente a su rostro, apenas podía volar.
— Joder — Mabel intentó matarlo, pero el bicho se le escapó de entre las manos —. Estos cabrones no son normales, están enormes.
— "Si no quieres que te piquen, Lele puede quemarlos."
El encendedor en forma de dragón cruzó por la mente de Mabel. Era una oferta tentadora, pero sería el tercer juego consecutivo en el que Lele causaría un incendio. En algunos había sido necesario, en este no. Cereza voló desde su cuello, persiguiendo a los insectos.
— ¡Nada de fuego! — sentenció al ver al pajarito dispuesto a seguir el terrible plan de Lele.
— "... Entonces, Lele sugiere que te acerques al moderador. Su sangre es lo suficientemente fuerte para espantar a los insectos más débiles."
Cereza frunció el entrecejo. Sus ojitos negros fulminaron a Lele y sus alas se alzaron, reclamando en silencio su traición. La muñeca se encogió. Se inclinó, pegando la cabeza con la del pajarito para "susurrarle", es decir, que solo él pudiera leer los subtítulos.
— "Lele solo sugiere que usemos su fuerza a nuestro favor. Lele lo pensó. Si este es un encuentro destinado, ¡Lele y Cereza no pueden hacer nada! Si el moderador es más fuerte, entonces Lele y Cereza deben superarlo para poder proteger a Mabel. Por ahora, vamos a aprovechar al tipo cuernudo, ¡es fácil!"
Ambos giraron al mismo tiempo, observando a Mabel que les regresó la mirada sospechosa. Cereza bajó la cabeza, apesadumbrado. Luego lo pensó mejor y, a regañadientes, asintió.
— ¿Están tramando otro complot, ustedes dos? — la boca de Mabel se torció al verlos cuchichear, pero rápidamente suspiró —. ¿Es por tu hermana? No necesitas escaparte para hacer algo, sabes que cuentas con nosotros.
Los recogió y los acunó contra su pecho. La culpa golpeó sus conciencias durante unos segundos antes de disiparse con el viento. No iban a dejar que le pasara nada, pero algunos beneficios solo podían obtenerse a espaldas de Mabel. Lele asintió.
— ¿Qué significa lo que dijiste? ¿Qué tiene su sangre? — preguntó Mabel, observando a Hazel no muy lejos, conversando con Gustav.
— "Lele y Cereza pueden sentirlo. Tú también deberías. Vive luchando contra el mal bajo su piel. Los insectos no vuelan a su alrededor. Solo un tonto pelearía contra una corriente venenosa."
Tal vez por eso el moderador se había pavoneado frente a ellos en su forma oculta, para que comprendieran lo que podía ofrecerles, pero sobre todo para que renunciaran a la lucha. Era un golpe al ego de Cereza y Lele, pero la curita se la había puesto el mismo monstruo que causó la herida.
— ¿Veneno? — susurró, mirando a la muñeca entre sus brazos —. ¿No se supone que Hazel está enfermo?
Lele se encogió de hombros.
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Rever Arcade
AbenteuerMabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
