Ese día, el único que desayunó fue el señor Orejas porque al conejo se le olvidó mencionar que ellos mismos tendrían que preparar su comida. Para cuando lo descubrieron, el sol ya estaba alto y el horario laboral había comenzado. Otis solo pudo encogerse de hombros e ir a avisarles a los demás - escoltado por Mabel, por supuesto - que el desayuno se convertiría en almuerzo. Al mismo tiempo, consiguió algunas verduras de las plantaciones para preparar lo único posible con los ingredientes disponibles: una ensalada. Mientras tanto, Hazel lavaba los utensilios de cocina, que estaban cubiertos por una gruesa capa de polvo.
Gustav, Lawrence y Dylan pasaban un mal rato intentando averiguar cómo funcionaban las máquinas en el almacén. Ni hablar de los pobres que trabajaban en el campo, bajo un sol y arrastrando un costal tras ellos. En comparación, las chicas - y Joshua - encargadas de la seguridad lo llevaban mucho mejor.
El señor Orejas salió de su casa silbando, arrastrando una mochila por el suelo mientras meneaba la cola con alegría. Junto a su casa estaba su camioneta, tan limpia que relucía, destacando enormemente en medio del rancho empolvado. Mabel lo vio arrojar la mochila a la cabina y, con un pie dentro, gritarle a Joshua:
— ¡Voy a trabajar! ¡No lo arruinen!
El motor rugió al encenderse. El conejo dio reversa como si lo persiguiera la policía, levantando una nube de polvo que cubrió las SUV estacionadas y a Joshua, que estaba frente al almacén.
— ¿Estás bien? — Nalani se apresuró a comprobar su estado.
Cuando el ruido del motor se desvaneció en la distancia, Mabel corrió hacia la casa. Lele, con más prisa que nadie, saltó fuera del suéter tejido, rodeó un costado y se dirigió en línea recta a la puerta trasera.
— ¡Espera! ¡Alto! — Mabel atrapó a la muñeca un segundo antes de que atravesara la puerta de mascotas —. ¡No sabemos si tiene seguridad! — Cereza, en la cima de la cabeza de Mabel, pió enojado.
A Lele no le importaba la seguridad, pero a Mabel sí, sobre todo porque no le avisó a nadie que entrarían en la casa. No dudaba que aceptarían la inspección, pero para cuando se pusieran de acuerdo, ya habrían perdido tiempo valioso. Se quitó la gargantilla y la arrojó por la puertita de perro. No se activó ninguna alarma, ni disparó ningún dardo tranquilizante. Desde la ventana, donde se asomaba con Lele y Cereza, tampoco encontraron cámaras de seguridad.
— ¿No es extraño que prohíba entrar, pero no tenga medidas de seguridad? — les preguntó.
La muñeca se encogió de hombros, el pajarito se mantuvo en silencio. ¿Importaba? ¡No!
Mabel la dejó ir, resignada. Lele fue la primera en entrar, azotando el interior como un tornado. Cereza entró e inmediatamente voló cerca del techo inspeccionando por su cuenta. Mabel, en cambio, metió el arma de madera primero y luego gateó a través de la puerta para mascotas. Lo primero que notó fue la pulcritud del lugar. Los pisos brillaban y las paredes resplandecían como si las hubieran encerado con esmero. El aire olía a limpio y a flores, y dondequiera que mirara, todo estaba en perfecto orden.
Mabel se incorporó. Estaban en la cocina, pero la casa tenía espacios abiertos, por lo que podía ver el comedor y la sala con facilidad. Lele se había subido a la encimero y observaba los sartenes y platos usados para el desayuno, perfectamente alineados y relucientes, esperando secarse con el aire.
—"No es Lulu" — caminó alrededor de la encimera hasta la estufa, que parecía nueva —. "Lulu no es nada cuidadosa. Es Lolo. Lele cuida y protege, Lolo cuida y limpia."
— ¿Tú y tus hermanas tienen... tareas divididas?
—"Lele y sus hermanas fueron creadas para cuidar niños" — giró para mirarla —. "Un niño necesita que lo protejan, lo alimenten, lo limpien, lo curen y lo entretengan. Lele fue creada para cuidar y proteger. Sus hermanas tienen sus propias tareas. Las hermanas deben estar juntas porque se complementan..."
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Rever Arcade
AventuraMabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
