Al no poder envolver, solo rodear, había una cantidad limitada de movimientos que podía hacer para amarrar el ataúd. Mabel no escatimó en nudos ni en vueltas, pero sin importar cuán apretado intentara dejar el amarre, la sensación de que todo su esfuerzo se soltaría con facilidad la irritaba. Se vio obligada a hacer una pausa para dejar que su mente trabajara, sentándose directamente sobre la tapa, sin querer perderse ni un jadeo ni un sollozo proveniente del interior. La vena chismosa en su cuerpo cobró vida y exigía que investigara, porque las piezas sueltas que había alcanzado a oír apuntaban a una dirección bastante... escandalosa.
Se recargó en los brazos, moviendo los pies con fingida despreocupación. Observó el lado donde suponía que estaba la cabeza de Alva y preguntó:
—¿Cómo estás?
Después de un momento que pareció larguísimo, le respondieron:
—Necesito un trago.
Su voz sonaba algo entrecortada, aunque bien podía deberse a que se estaba sofocando ahí dentro. ¿Cuánto tiempo llevaba encerrada?
—Quizá podamos romperla —Mabel golpeó la tapa con los nudillos.
—Fue sellado por el administrador del juego; aunque cayera el castillo entero sobre esto, ni siquiera se rayaría —gimoteó Alva, abatida.
¿Y aún sabiendo eso pidió que la sacara? Alva verdaderamente tenía mucha fe en ellos o estaba completamente desesperada. El bloqueo de Sasha era algo que Gustav también parecía conocer, por eso la había mandado a atar el ataúd desde el principio.
—Ah... qué terrible...
¿Qué más podía decir Mabel? Cada nueva información hacía tambalear a su fanática interna. Se balanceaban en un hilo muy fino entre "Oh, dulce, pero raro" y "maldito loco". Y como ella no era la afectada, no tenía derecho a decidir qué lado tomar. Alva, que sí conocía la gravedad de cada acción contra ella, parecía inclinarse por lo segundo.
—¿Conoces buenos bares? Podríamos ir juntas —agregó Mabel, en un intento de consuelo torpe.
—Eso sería genial —respondió Alva, agradecida. —Blue Phoenix tiene uno, pero es bastante soso. Aunque, si te gusta jugar ajedrez, es una buena opción. Pero para bailar, el clan Lazzaro tiene un lugar divertidísimo que se llama Fase Cuatro.
—¿Hay duendes? —preguntó Mabel con una sonrisa. Tal vez arrastraba mucha cruda moral de su última fiesta con ellos, pero también conservaba un recuerdo maravilloso de haberse divertido... aunque no sabía exactamente en qué.
—Debería haber algunos, pero solo se permite una cantidad limitada por local.
—¿Qué? Eso es terrible, ¿los discriminan?
—Oh, no. Se lo han ganado. Son horribles. Sus fiestas no parecen terminar nunca.
Mabel se rió un poco al escucharlo. Definitivamente podía imaginar esa escena. Soltó un largo suspiro mientras observaba por la ventana a Cereza poniéndose de acuerdo con Lele y Gustav sobre la salida.
—¿Te sientes mejor?
—No —respondió con firmeza. —Sigo atrapada, pero —vaciló—, es agradable que estés aquí. Alen dijo que eras agradable, pero me alegra saber que es mejor que eso.
Mabel asintió, levantando el rostro con orgullo. Vicent podía pensar otra cosa, pero el universo se encargó de ponerlo en donde pertenecía. ¿Qué le importaba lo que un hombre ranció pensara de ella?
—No hay ninguna razón para dejarte. Claro que podemos con esto.
—Sí las hay. Y varias —entonces empezó a enumerarlas: —Estás yendo contra el clan Chernov, ofendiendo a su señora, atacando a su líder. Estás exponiendo al moderador, tu presencia, que, déjame decirte, tiene bastantes inconsistencias, y poniendo en riesgo tu negocio y a tu equipo.
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Rever Arcade
AdventureMabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
