El monitor de signos vitales tenía rueditas y una fuente de energía propia. Solo fue cuestión de empujarlo hasta la ventana. Supuso que era conveniente para la trama, ya que el jugador debía moverse, pero también quedaba la posibilidad de alertar al personal sobre lo que ocurría si desconectaba algo por error o el aparto se caía.
Afuera, se extendía un hermoso y vasto jardín, dividido en dos por una ridículamente alta reja. En la segunda sección, una bandada de gansos se desplazaba en conjunto por el campo, pastando. Un único camino pavimentado partía desde la entrada del hospital, cruzaba la reja y desaparecía tras el muro posterior, que era aún más alto que la reja. Estaba tan estrictamente custodiado que resultaba absurdo llamarlo salida. Ese lugar no era muy distinto a una prisión.
Cuando el sol alcanzó su punto más alto, el personal vestido de blanco comenzó sus tareas: llevaban a los pacientes a pasear, podaban arbustos y hacían ejercicio al aire libre. Mabel, tras un rato observando la escena, sintió que el mareo la golpeaba. Se tambaleó hasta la silla más cercana y se dejó caer, con la sensación de que sus fuerzas se desvanecían. Temió, seriamente, perder el conocimiento de nuevo.
Cereza canturreó con preocupación, saltando sobre los reposabrazos de la silla. Lolo le acercó un vaso de agua, ayudándola a sostenerlo para que pudiera beber. Vanila la encontró en ese estado: desparramada sobre la silla, pálida y sin energía, mientras la muñeca la abanicaba.
— ¿Cómo te sientes? — preguntó la peli-rosa, observando los indicadores del monitor mientras avanzaba hacia ella.
La mirada de Mabel era agria, su malestar evidente, pero no quería ser grosera, así que respondió:
—Las náuseas... — su garganta se agitó como si solo pensar en vomitar fuera suficiente para provocarlo.
—Entiendo — Vanila posó una mano en su frente —. Te voy a dar unos consejos, por favor, tómalos en cuenta de ahora en adelante.
¿No podía darle algo para las nauseas también? Vanila comenzó a hablar, sin dar señales de sacar un medicamento pronto. Mabel aguantó escuchando seriamente que no podía permanecer mucho tiempo en la misma postura ni caminar por periodos prolongados. Los dolores de cabeza, el malestar en el cuello y las náuseas eran normales, pero para mejorar debía hacer comidas ligeras con frecuencia, asegurarse de dormir bien y realizar estiramientos de vez en cuando para estimular la circulación y evitar desmayos.
— Son inevitables — aseguró Vanila al ver la mueca de Mabel.
— Entonces, ¿cómo... — Mabel cerró la boca de golpe, levantando la vista para evaluar a la doctora.
— ¿Quieres hablar del juego? — preguntó Vanila con entusiasmo —. No soy moderadora, como tu, eh, amigo, ni administradora. Solo tengo permiso para estar aquí. Puedes decirme lo que quieras, no pasará nada. De hecho, tengo muchas preguntas para ti. Tus resultados aún no han podido determinarse, así que iniciaremos una nueva ronda de pruebas, esta vez más exhaustivas.
— ¿Más pruebas? ¿No dijiste que era Dis...? Oh, yo... no recuerdo el nombre...
— Disautonomía. Y no, ese fue un regalo de bienvenida del sistema. Puede sonar complicado de tratar, pero al menos no estás embarazada. Otra jugadora no tuvo tanta suerte, de pronto terminó con un embarazo riesgoso de siete meses — la peli-rosa echó un vistazo alrededor de la habitación —. A decir verdad, quizá deberíamos hacerte una prueba más...
— No estoy embarazada — Mabel se encogió, completamente horrorizada.
— Aún no lo sabemos — Vanila lo reconsideró al notar cómo la tez de Mabel palidecía aún más —. O quizá no. Seguramente las enfermeras ya debieron hacerte una prueba, es de rutina.
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Rever Arcade
PertualanganMabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
