Cuando el alma le regresó al cuerpo -porque no había mejor manera de describir esa sensación tan extraña al despertar-, Mabel inhaló con fuerza por la boca, sintiendo como si acabara de caer desde gran altura y, al mismo tiempo, estuviera llena de una insoportable pesadez. Si así se sentían normalmente los jugadores, no los envidiaba ni tantito. Al enfocar la vista, encontró a Cereza posado sobre un barrote en el cabecero de la cama donde estaba acostada. Su cabecita ardía con una llama intensa, haciéndolo parecer una vela.
La cama no era muy distinta a una camilla: sentía los barrotes debajo del colchón, fino como papel. La mugrosa sábana que había caído sobre ella se veía amarillenta y desagradable; aun sin pruebas de nada, Mabel la rechazó de inmediato, solo por su apariencia vieja y mal lavada. Sus piernas estaban entumecidas cuando intentó levantarse, pero el asco le dio toda la motivación que necesitaba para seguir adelante. El pajarito pió alegremente al verla moverse, volando a su mano para seguir iluminándole el camino. Lele la esperaba, asomada desde el interior de un cajón, con un estetoscopio colgado al cuello y un extremo guardado en el bolsillo.
—"¡Te levantaste! Lele y Cereza estaban preocupados."
No parecía demasiado preocupada mientras hurgaba buscando qué robar. Lentamente, los recuerdos de antes del juego comenzaron a volver. Se habían encontrado con Vanila y Gustav de camino a la central de juegos. Vanila les entregó pelucas recién compradas, la bendición de una fugitiva y salió corriendo de regreso a Timonet Bach con Lili. El resto se dirigió hacia la central. Mabel habría querido curiosear un poco, pero ni Alva ni Rebekah tenían ánimos, así que zigzaguearon entre los pasillos repletos de máquinas arcade, avanzando cada vez más profundo sin detenerse demasiado en cada vuelta. Solo captó fugaces destellos de luces de colores, música llamativa y la marea de personas pasando a su alrededor. Podría haberse perdido con facilidad entre la multitud, pero la mano cálida de Hazel se mantuvo firme en su espalda, guiándola y ayudándola a avanzar. Serían una gran pareja... si no fueran igual de sentidos.
—Aquí está —murmuró Alva, deteniéndose en uno de los pasillos más oscuros.
El aspecto exterior de las máquinas en esa sección era... cuestionable, por decir lo menos. Predominaba el negro y la sangre era el adorno favorito. Mabel estaba bastante segura de que más de una se basaba en terror asiático, pero no se quedó lo suficiente frente a ninguna como para dejar que la niña del aro viniera a saludarla. La máquina que buscaban tenía un fondo oscuro, collares de perlas ensangrentados sobre terciopelo rojo y máscaras extravagantes que parecían burlarse de quien las mirara. En resumen, un diseño nada alentador. La pantalla pixelada, pequeña y oscurecida, mostraba en el centro una imagen lejana de parejas girando en un salón de baile, entre vestidos pomposos, destellos dorados y candelabros titilantes.
—¿Listos? —preguntó Alva, sin poder apartar los ojos de la arcade. La única que no parecía lista era ella.
Mabel había notado que le temblaba la mano al introducir la moneda en la ranura. Instintivamente miró a Hazel y luego al suelo, asegurándose de que no fuera a abrirse bajo sus pies. Él le sonrió, labios curvados con burla y los hoyuelos a la vista. Entonces, una fuerte oleada de mareo la golpeó y los ojos se le cerraron de golpe. El tobogán había sido malo, la banda caminadora que le siguió peor, pero ahora sentía que, de verdad, su alma había sido arrancada del cuerpo para encerrarla ahí, se daba cuenta de que no le había ido tan mal antes.
—"¿Mabel?" —los subtítulos centellearon para llamar su atención.
—¿En dónde... dónde están los demás?
Lele se encogió de hombros.
—"El sistema debió separarlos. ¿Quieres ir a buscarlos?"
—Sí...
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Rever Arcade
PertualanganMabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
