Mabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
— Cada equipo deberá tomar una tarjeta y adivinar su contenido para avanzar y reclamar la prenda de su elección.
Lele observó el montón de tarjetas y luego a Maisie, quien parecía algo incómoda.
— No pensé que nos separarían por áreas en este piso —se disculpó la peli-azul.
— Recuerden, solo el jugador con la tarjeta en la frente puede hablar. El resto debe permanecer en silencio mientras adivina.
Yi Chen dio un paso al frente con determinación y tomó la primera tarjeta.
— "Rompe muelas"
Miró de reojo los subtítulos en el collar de la muñeca.
— ... ¿Rompe muelas?
Las luces del suelo parpadearon en verde. Sin perder un segundo, Yi Chen se arrancó la tarjeta de la frente y corrió a por el abrigo táctico. Mientras tanto, los conejitos del equipo Botón lo observaban, boquiabiertos.
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— ¡Te até las agujetas! ¡Tres! ¡Veces!
Lugh solo pudo sonreír, avergonzado ante el agudo grito de Mabel. Se levantó, sacudiéndose la gabardina y tambaleándose de regreso para ir por otro huevo.
— Quítate las botas — ordenó la chica con tono autoritario.
Si las instrucciones no hubieran indicado que debía tomar el huevo en la cocina, la canasta - ya medio vacía - estaría justo frente a su línea de salida.
— El suelo está resbaloso, igual terminará cayéndose — señaló Xander.
— Mierda... — Mabel se dejó caer en su silla, sumándose a la fila de miradas asesinas dirigidas al hombre.
Los conejitos, sentados en sus propias sillas, reflejaban diferentes grados de fastidio, casi comparables con la furia contenida de su equipo.
— ¿Y si lo intenta gateando? — sugirió Grettel de pronto.
— Se le caerá — respondió Xander sin apartar la vista de la meta — o volverá a estornudar.
Lugh solo rió, se colocó la cuchara en la boca e intentó una vez más atravesar la pista.
— Espera — lo detuvo Mabel, apareciendo a su lado.
— No voy a quitarme las botas, qué asco pisar huevo.
— No hubieras quebrado tantos — gruñó ella —, pero no. ¿Puedes sujetarlo con la mano?
Lugh le mostró el huevo que sostenía.
— No, idiota. Que lo sujetes mientras caminas.
— ¿Eh?
— Eso es trampa — intervino Xander, frunciendo el ceño.