Los ojos de Mabel se desviaron hacia la espalda de Xander, recorriendo su cintura delgada, subiendo por los trapecios hasta sus hombros, donde unos ojos negros y estrellados le devolvieron la mirada. La bestia contratada de Xander movió la cabeza, siguiendo cada uno de sus movimientos. El leve sonrojo en sus mejillas desapareció de inmediato, asustada por la intensidad con la que la observaban. De todas maneras, estaba entrando en una relación, no debía mirar con lujuria el cuerpo de nadie más. Desvió la mirada tan rápido como pudo, intentando no avergonzarse.
— ¡Odio a los tramposos! — masculló Grettel, pisoteando el suelo hasta quedar al lado de Mabel —. Es bajo aprovecharse de la buena voluntad, ¡por eso no progresamos como jugadores! Pero... — enganchó su brazo con el de ella, cubriendo su boca con la mano y acercándose a su oído —, ¿se vio genial, verdad? Muy guapo...
Xander caminaba delante de ellas, a una distancia prudente para cuchichear sin miedo a ser escuchadas. Sin embargo, el búho en su hombro giró la cabeza justo cuando Grettel terminó de hablar, aplastándolas con la intensidad de su mirada. Se veía un poco demoniaco con el cuerpo orientado en una dirección diferente y su rostro girado hacía ellas.
— Sí — aceptó Mabel, porque honor a quien honor merece. En otros tiempos, le habría hecho un altar para adorar a este santo. Carraspeó, apartando la vista mientras sentía sus mejillas arder de nuevo —. Sin embargo, parece que te echaría agua bendita si empiezas a hablar de estar quemándote.
— Mientras sea él quien la bendiga...
— ¿Qué edad tienes?
— Lo suficiente para beber en cualquier parte del mundo, entrar en este bonito lugar y hacer fantasías realidad — sonrió malvadamente.
Ni la oleada de dulce admiración, ni los chistes tontos, ni sus intentos por cuchichear duraron demasiado. Ambas decidieron dejarlo por la paz al notar cómo la bestia contratada las miraba con el cuello estirado hacia ellas. Mejor desistir ahora que estaban enteras, antes de descubrir si el búho planeaba proteger la pureza de su compañero.
Lugh y Xander buscaban mientras ellas los seguían y conversaban. Cuando dejaron de hablar de Xander, el búho extendió las alas un segundo antes de esconderse en su cuello para descansar. Ambas respiraron aliviadas al salir de su estrecha vigilancia.
— ¿Qué te trae por aquí? — preguntó Grettel, acomodando una nueva pieza que Lugh le entregó para el rompecabezas dentro de la carpeta.
— Dinero — admitió Mabel.
— Somos dos, entonces — rió la chica entre dientes —. Tarjeteé hasta que los números de mis tarjetas sangraron. Dijeron que ignorara las deudas, ¿sabes? No es mi culpa que los bancos insistieran en darme crédito. Pero esta no es la vida que quiero, ¿entiendes? Ni la que merezco. Yo debería ir tranquila de Cancún a Bali, no estar temiendo que se auto-cobren cuando cae un dinerito.
A Mabel le hizo gracia porque podía imaginarse perfectamente a esta jovencita gastando todo su dinero en un capricho nocturno. ¿La juzgaba? ¡Por supuesto que no! También creía que la vida era gastarse su dinero en uno mismo y ser feliz. Quizá, en otra vida, en una donde no hubiera tenido tantas responsabilidades desde joven, sería igual que ella.
— ¿Niñas? — el rostro barbudo de Lugh apareció entre ellas, muy, muy cerca —. ¿Pueden dejar de perder el tiempo?
La carpeta se tambaleó en manos de Grettel, antes de deslizarse y caer al suelo, Xander la atrapó en el aire.
— ¿De qué hablaban? — Lugh las miró con sospecha —. Se ven muy culpables.
— Nada que ver — Grettel lo empujó lejos, recuperando la carpeta.
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Rever Arcade
AventureMabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
