Mabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
Como una sombra arrastrándose por el suelo y armada con un alfiler, Lele se paseaba por el área médica pinchando tobillos. La mayoría de las desafortunadas víctimas eran miembros del personal médico que soltaban un "¡aush!" mientras se frotaban la zona lastimada, incapaces de entender qué había pasado. Las tulpas no sangraban; en cambio, manchaban la punta del alfiler de negro. Cuando esto ocurría, Lele, siguiendo las órdenes de Hazel, debía fotografiarlas. Aunque tenía cámaras a su disposición, el rubio había modificado el collar de Lele, que servía para comunicarse, otorgándole acceso limitado al panel del moderador a través de este. Las fotos no eran las mejores, pero al menos se lograba captar a la tulpa infiltrada entre el personal.
Lele entró a una de las tiendas arrastrándose bajo una lona que servía como pared. Frente a ella se encontraba un brazo esposado a una camilla. Una sábana intentaba cubrir el cuerpo inerte de la mujer, pero esta se deslizaba lentamente, dejándola expuesta. Lele la reconoció al instante; aunque solo había visto un breve destello de ella antes, le había encantado la ballesta que usaba. Trepó a la camilla para pincharla también, pero, al llegar a la cima, se topó con una campana moviendo perezosamente las alas. No hacía falta ser un genio para entender que ahí no había nada bueno, y Lele, que había sido parte de una pandilla de matones durante mucho tiempo, conocía todos los viejos y sucios trucos.
Sin pensarlo dos veces, atravesó la campana con el alfiler, convirtiéndola en una brocheta, arrancó sus alas y clavó su "obra maestra" en el costoso aparato que monitoreaba los signos vitales de la chica. Luego, le tomó una foto para añadirla al resto de las evidencias.
Hazel envió un mensaje preguntando dónde la había encontrado. Lele fotografió a la chica, que luchaba por salir de la nebulosa mental provocada por los estupefacientes. La muñeca esperó instrucciones, pero fue la mujer, no el moderador, quien habló primero:
— A... a... ayuda... ayu... daaa... mis amigas...
Parecía que pronto balbucearía toda su historia, y Lele no tenía ni la más mínima intención de transcribir nada. Así que presionó el botón de nota de voz y comenzó a grabarla.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
★☆★☆★
Por otro lado, los equipos llevaban un buen rato inmersos en la carrera. Los lobos realmente habían dicho: "¡Jódanse todos!". La pista de las arpías era un infierno. Gustav maldecía a diestra y siniestra mientras calculaba los saltos de bloque en bloque. No tenían problemas para cruzar los aros de fuego gracias a Cereza -bendito el cielo infinito y los pensamientos dispersos de Mabel, que había puesto al ave de fuego en la carrera como un milagro inesperado-. El pájaro esquivaba con facilidad las garras afiladas que intentaban atraparlo, cruzando los aros justo frente a su auto. Lo estaban haciendo tan bien que el resto de los competidores, incluido Blue Phoenix, se les había pegado.
Eder, con su buen ojo y manos firmes, disparaba a todas esas mierdecillas que intentaban engancharse a su auto. Los mensajeros, hartos de ser pasivos, habían decidido contraatacar, y más de diez tipos montados en sus techos buscaban el mejor ángulo para lanzarse sobre ellos. Durante la carrera, uno de los autos enemigos se había desmoronado, sus piezas separándose y reajustándose hasta transformarse en una especie de robot que los perseguía.