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Ramen instantáneo para todos

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Se plantearon por un momento ir a la mansión. ¿No era importante explorarla también desde este plano? Sin embargo, cuando llegó el momento de desviar su camino hacia ella, el cansancio y la decepción superaron la responsabilidad, y continuaron hacia la casa de los Gardner. Solo querían comer y descansar unas horas; los tres tenían dolor de cabeza y la batería de su cuerpo apunto de acabarse. Además, Mabel no creía que la arcade estuviera en la mansión y, tras encontrar el primer rastro en lo que iba del juego, ni Ryker ni Tali dudaban de sus suposiciones.

— Con lo rompecabezas que está siendo, no va a ser tan fácil — murmuró Mabel desde su lugar en la espalda de Ryker. Pensar era desagradable, pero necesario, así que animaba a su cerebro a esforzarse —. ¿Borrar el símbolo de invocación y, a dos pasos, estará la arcade para escapar? Lo dudo.

— ¿Símbolo de invocación? — Tali miró a Mabel. Lentamente, la chica abrió los ojos marrones y le devolvió la mirada.

— ¿No es así como se trae a los demonios? Estoy segura de que debe haber un pentagrama involucrado en alguna parte.

Mabel siempre tenía muy presente los "símbolos de invocación" porque llevaba uno al cuello. Lumière había sido muy claro sobre no usar esa llamada unilateral a su jefe, ya que significaba muerte absoluta para ella y una multa gigantesca para ellos. No lo consideraba un as bajo la manga; era más bien como sostener una granada sin seguro y rezar para que sus manos temblorosas no la hicieran estallar.

— Quiero una cerveza — dijo Ryker de pronto —, y alitas picantes.

Tras un momento, Tali agregó:

— Yo quiero unos nachos con mucho queso.

Se quedaron en silencio, esperando la respuesta de Mabel.

— Pizza de pepperoni con champiñones y jamón — respondió la chica, cerrando los ojos y fantaseando con darle una mordida al pan suave mientras el queso derretido se estiraba en un arco entre su boca y el delicioso trozo de pizza.

— ¿Cómo vamos a cenar si abandonamos la mansión? — preguntó Ryker, sujetando a Mabel con una mano mientras ayudaba a Tali a cruzar un tramo especialmente inclinado.

— Yo puedo encargarme de eso — susurró Mabel, ahogando un suspiro al verlos apretar sus manos unidas antes de soltarlas. ¿Cómo podían tener tiempo y energía para enamorarse? Quizás Astarté estaba justo encima de ella con una pajilla invisible, como una sanguijuela energética empeñada en vaciarla primero y por eso ya no podía moverse.

Sin embargo, pesé a lo que se aferraba a creer, por más que lo intentaba, no podía sacudirse de la mente el color dorado de los ojos de Hazel. Eran como miel la mayor parte del tiempo, pero se tornaban intensamente dorados cuando algo captaba su atención, como si una chispa se encendiera en ellos.

Llegaron con el ánimo por los suelos a la casa Gardner. Aunque sabían que despertarían en sus cuerpos independientemente de donde estuvieran, nadie, especialmente Ryker, se atrevía a golpearlas lo suficientemente fuerte para "despertarlas" en el otro plano. Tali era demasiado delicada, y Mabel, un foco rojo de peligro. ¡Era difícil ser parte de un equipo con dos mujeres!

Salieron de entre los árboles hacia el jardín trasero. Antes de entrar por la puerta, Mabel se detuvo a observar el sótano/ático desde fuera, pero en ese plano, la pared lateral de la casa no tenía una ventana al ras del suelo. Esa era la forma real de la casa: el ático estaba en su lugar, y no había rastros de un monje azul practicando artes marciales con espíritus chocarreros —¿o zombies? No tenía idea—. Mirando el espacio entre el suelo y la casa, una duda comenzó a inquietarla:

Rever ArcadeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora