Mabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
El grito de Lili fue particularmente agudo. Vanila soltó la banda con la que intentaba apartar su voluminoso cabello del rostro y sujetó a la muñeca, que, indignada, abría uno de los empaques de jeringas, seguramente con la intención de apuñalar al extorsionista. Siseó, gesticulando para que se callara.
— Yo lo llamaría persuasión agresiva, no extorsión.
— Lo mato — Lili forcejeó contra las manos que la retenían.
— ¡Espera! Ciertamente no se anduvo con rodeos, pero me gusta el trato — aclaró, sentando a la muñeca sobre una pila de carpetas cercanas —. Mira esto — dijo, entregándole un informe con los primeros parámetros arrojados por la sangre extraída de Hazel.
Lili lo tomó con brusquedad, leyéndolo de mala gana.
— ... ¡Joder!
La muñeca tenía mal humor, pero no solía maldecir. Vanila entendió perfectamente su reacción. Mientras más leía, más se encorvaba sobre la hoja. Releyó tres veces antes de apartar la mirada con renuencia.
— ¿Es esto... sangre de Silva?
Vanila asintió enérgicamente, su cabello rebotando con el movimiento.
— ¿Cómo está vivo? ¡Es veneno puro! ¡Super tóxico! — Lili se asomó sobre la pila de libros tras la cual fue escondida, observando el otro lado del laboratorio, donde el moderador esperaba sentado, con la mirada fija en sus manos apoyadas sobre el bastón. ¿Estaba triste al saber que era la persona viva más venenosa del mundo? ¡Era una locura!
— Eso, querida amiga — los ojos rosados de Vanila brillaron entusiasmados —, es la razón por la que vamos a empacar e ir tras él. Si sobrevive, ¡haremos historia creando un antídoto! Si muere, lo diseccionamos. Es un ganar-ganar.
Mientras terminaba de arreglarse el cabello, Lili recordó por qué había iniciado esa conversación en primer lugar. Buscó entre los papeles los resultados obtenidos hace poco.
— ¿Crees que esto — levantó el informe de Hazel — tenga algo que ver con esto?
Le entregó las hojas a Vanila, quien las leyó con atención, recorriendo cada línea y gráfica. Su sonrisa se desdibujó lentamente.
— ¿Cómo es posible? Es humana...
Lili también se preguntaba qué demonios le estaban haciendo a su paciente. Miró de nuevo al tipo del fondo. La cabeza rubia se ladeó al percibir su mirada. Hazel le sonrió a Lili con un toque de arrogancia en la comisura de los labios, como si estuviera disfrutando de haberlas atrapado.
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No podían acercarse demasiado a la reja o la bandada de gansos se lanzaría agresivamente a enfrentarlos. Mabel no dudaba de que, si la reja desapareciera, las aves se les echarían encima para expulsarlos de su territorio. Siguieron el sendero, echando de vez en cuando una mirada sobre sus hombros al par de enfermeras que los seguían, conversando animadamente entre ellas.