Las luces del Rancho Zanahoria provenían de postes altos y, como en las prisiones, el resplandor estaba enfocado de forma estratégica para ciertas áreas. Uno iluminaba la casa y el jardín delantero, donde estaban en ese momento, debía estar situada justo al frente y bastante cerca. Mientras el señor Orejas descendía los tres escalones del porche, su sombra se alargaba y adquiría un aire siniestro.
— Es un buen grupo — comentó el conejo con voz chillona y burlona.
Con la máscara puesta y el grupo parado a contraluz, era imposible saber qué tanto podía ver. Nalani permanecía cerca de Eder, Gustav y Hazel, esforzándose por no parecer tan asustada como se sentía. Las mejillas del jugador 928109 palidecieron un poco, pero no parecía particularmente impresionado al ver al conejo pasearse frente a ellos. Después de estar a una palma de distancia de un hombre lobo real, a Mabel el disfraz le pareció hasta simpático, así que no le dio mayor importancia.
— Es bueno, muy bueno — dijo el señor Orejas, deteniéndose unos segundos frente a una jugadora especialmente temerosa, quien evitaba mirarlo directamente —. Muy bueno — repitió con un tono exageradamente alegre —. Han llegado algo tarde. Tendremos que posponer el reparto de tareas hasta mañana, cuando salga el sol. No queremos que ocurra ningún accidente, ¿verdad? — se cubrió la boca con las manos mientras soltaba una risita.
Al escuchar la palabra "accidente", los jugadores más experimentados torcieron el gesto con evidente disgusto.
— Síganme, los llevaré al lugar en donde vivirán.
El señor Orejas se movía como una botarga de parque de diversiones, con gestos exagerados y caricaturescos. Sin embargo, nadie tenía ganas de reír al verlo. Señaló con su mano enguantada hacia el comedor.
— Allí comen los trabajadores. Detrás está el baño y, a un lado, el almacén — explicó rápidamente, avanzando sin voltear atrás, confiado en que el grupo lo seguiría.
Aunque se habían instalado postes de luz en las áreas principales, no eran suficientes para evitar que cruzaran tramos en completa oscuridad. Los jugadores comenzaron a ralentizar el paso, dejando que el equipo Dinamita, junto con Nalani y Joshua - el jugador 928109, la novata fue quien le preguntó su nombre en voz baja -, tomaran la delantera. Gustav bufó, pero encabezó la marcha de mala gana.
Detrás del comedor estaba, efectivamente, un baño unisex con duchas, lo que hizo que Mabel frunciera el ceño con desagrado.
— ¿Pasa algo? — susurró Hazel a su lado.
— No — negó rápidamente. Un baño compartido no era un problema aún, pero más adelante... tendría que asegurarse de mantenerse limpia a toda costa.
Siguieron un sendero rodeado de árboles hasta llegar a un tramo cercano a las parcelas de cultivo. Un único poste de luz, con un resplandor amarillento y tenue, iluminaba una fila de tiendas de campaña.
— Aquí está su nuevo hogar — anunció el señor Orejas con entusiasmo, aplaudiendo —. Aire puro, un cielo lleno de estrellas y muchísima naturaleza. ¿No es el paraíso?
Nadie respondió. El conejo soltó un ruido burlón y continuó hablando:
— Son... uno, dos... quince trabajadores, cinco tiendas... ¡tres personas por tienda! — gritó la última frase mientras aplaudía con exageración. Luego se detuvo frente a la primera casita, evaluando al grupo con la mirada.
— ¿Podemos elegir con quién quedarnos? — preguntó Gustav, quien estaba justo frente a él.
— ¡Por supuesto que no! ¿Qué gracia tendría si pudieran elegir? ¿Nunca oíste que, al llegar a un lugar nuevo, hay que conocer gente nueva?
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Rever Arcade
AbenteuerMabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
