Gustav esquivó el puñetazo dirigido a su rostro y, en su lugar, hundió el codo en las costillas de Vicent. Después de pasar tanto tiempo juntos, Mabel sabía que el pelirrojo era mucho más fuerte de lo que aparentaba, por lo que cada golpe debería ser fatal para el anciano. Sin embargo, la maldita curación rápida le estaba haciendo un favorzote.
—¡¿Por qué lo transformaron, eh?! —le reclamó a Blair al ver que, tras caer de costado, Vicent levitaba de regreso a sus pies.
Se sacudió la ropa y le sonrió al chico. Mabel se llevó las manos a la cabeza, más frustrada ella –que ni siquiera estaba peleando– que Gustav. Tuvo que apartar la mirada; la sonrisita petulante del vampiro era irritante.
Lele, por su parte, estaba haciendo una brocheta de vampiros al otro lado del corredor. Los cuerpos en llamas eran lanzados hacia atrás; algunos, aún conscientes, se sujetaban la boca, con la mirada recuperando el enfoque... y cargada de indignación hacia la muñeca. El lugar era demasiado estrecho para semejante desastre, y tanto Cereza como Lele pensaban igual, por lo que estaban despejando el corredor. Mientras los demás se entretenían, Uva, más tímida, se había enganchado a su tobillo sin que nadie lo notara.
—¿Crees que yo quería? —protestó la vampiresa, rodando los ojos. —La señora Chernov manda por aquí.
Mabel se estremeció al oírla. ¡Era tan horrible pensar que ese hombre estaba casado! ¡Y peor aún, con una pervertida malvada!
—¿Siempre vas a llamarla "señora Chernov"? —murmuró con fastidio.
—Orden de arriba —asintió Blair, igual de molesta. Aun así, sus ojos se desviaron a un lado. —Oh... —se sonrojó. —Esa fue una patada lateral increíble —susurró, soñadora.
En ese momento, Vicent le siseó a Gustav, mostrando sus nuevos colmillos. El mayordomo lo ignoró por completo, devolviéndole un golpe por cada uno que recibía. Incluso alguien inexperta como Mabel podía notar que la técnica de Gustav era muy superior, y que Vicent ya comenzaba a agotarse. La escena parecía sacada de una película de acción; si de pronto aparecía un hombre lobo, un enterizo de látex negro y caía una pistola de la nada, bien podría pasar por algo digno de Inframundo. Lástima que no había presupuesto para un mejor escenario. Bueno, mejor así... ella no se parecía en nada a Selene, y los licántropos le daban bastante repelús –al menos los que no se parecían a Ivo Lazzaro–. Ni de chiste podría esquivar un ataque con una marometa usando la pared como punto de apoyo, como Gustav estaba haciendo.
¿Alguien había presionado el botón de cámara lenta? ¿Por qué lo veía todo con tanta fluidez y definición? El puño de Vicent se estrelló contra la piedra, abriendo una brecha que levantó polvo y escombros.
—Oh, por favor —Mabel rodó los ojos. ¿Qué es esa actuación? ¡El corredor ni siquiera es lo suficientemente ancho para andarse luciendo así!
La vampiresa a su lado suspiró. La cabeza de Mabel giró como un resorte para mirarla con incredulidad. Ese chiquillo amargado se veía genial peleando, podía concederle eso, ¿pero suspirar maravillada? No era para tanto. Peor aún, Gustav era un joven adulto más joven que adulto –aunque se comportara como un anciano rancio–, y Blair ya era toda una mujer a su lado.
—¿Qué edad tienes? —le preguntó, poniendo las manos en la cintura como una madre gallina sobreprotectora.
La expresión de Blair se ensombreció.
—¿Cómo me preguntas eso? —murmuró, perdiendo el entusiasmo.
Siguió murmurando, visiblemente resentida. Mabel miró a Gustav, luego a Blair y, finalmente, hacia atrás, donde Cereza y Lele habían arrastrado los cuerpos hasta el fondo del pasillo y discutían hacia qué lado de la bifurcación arrojarlos para despejar el camino. En comparación con el dúo Dinamita, Gustav solo lidiaba con una persona. ¿Qué tenía de impresionante?
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Rever Arcade
PertualanganMabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
