El reflejo en el espejo era un desastre: ojeras marcadas, ojos irritados y cabello despeinado. Su aspecto exterior era un fiel reflejo del caos que llevaba por dentro. A pesar del cansancio y de tener el cuerpo al límite, el dolor conseguía distraer su mente de los recuerdos amargos que la acosaban día y noche. No sorprendía que Bianca siempre le insistiera en probar nuevos pasatiempos; mantenerse ocupada y en movimiento era un alivio en medio de una tormenta que no podía parar con las manos. Aunque, probablemente, Bianca no se habría alegrado de saber que su "nuevo pasatiempo" era, en realidad, un trabajo no remunerado, peligroso y, en su mayoría, impuesto a la fuerza, considerando que no estaba en condiciones de entender del todo lo que había aceptando.
La luz del baño parpadeó, pero no se apagó. Debería preocuparse; había algo seriamente mal en ese lugar. La tensión en el aire persistía sin importar la hora, y esa presión invisible comenzaba a afectarla. Las ojeras habían vuelto, su piel lucía pálida y las arrugas en su frente empezaban a marcarse horriblemente. Era sensible con los temas de belleza, así que las arrugas se sintieron como una puñalada más a su ya frágil corazón.
Quizás lloró hasta quedarse seca esa noche. Estaba tomando agua en grandes cantidades para compensarlo, pero no parecía suficiente para resolver este nuevo problema. Aún era de madrugada; sin embargo, sabía que no volvería a dormir pronto. No tenía claro qué quería hacer, pero sentía una urgencia incontrolable por hacer algo, lo que fuera, o moriría de ansiedad allí mismo.
Se levantó dispuesta a darse una ducha en un cuarto con paredes reales, y no en un bosque con cortinas. Sin embargo, al quitarse el cárdigan, notó que algo estaba terriblemente mal.
—Llevabas protección —se dijo al espejo, mirando su brazo a la altura del codo, donde debería haber una banda negra. Con Gustav distrayéndola y la confusión que sintió frente a Hazel, no se había dado cuenta de que no debería haberse lastimado las rodillas ni sentir a Cereza picotearle la cabeza. Se miró una última vez en el espejo; aparte de verse devastada por la vida, no había nada más sospechoso en ella.
Arrastrando el cárdigan, regresó corriendo a la habitación y fue directo a la mesa, donde Cereza y Lele cuchicheaban entre ellos.
—¿Saben en dónde está el casco? ¿Y las rodilleras?
La muñeca y el pajarito la miraron con desconcierto. Mabel apenas se quitaba los tenis para dormir, y no había hecho ningún cambio en su atuendo desde que llegaron a la mansión, mucho menos en la casa abandonada. La comprensión fue llegando poco a poco; sus cuerpos se enderezaron lentamente. Cereza pió y emprendió el vuelo alrededor de la habitación en busca de los objetos perdidos.
—"Sí, ¿En dónde están?" —Lele dio una vuelta completa en la mesa. Se veía graciosa ahora que estaba medio pelona, pero no era el momento para preocuparse por su apariencia, aunque Mabel definitivamente planeaba mejorarla en algún momento. —"Ya no las llevabas en el invernadero."
Gracias al cielo, sería terrible que Hazel la viera con el casco amarillo, como si fuera a trabajar en una obra.
—Hay algo mal, pero ¿qué? —Mabel, con ojos paranoicos, escaneó la habitación, sintiéndose amenazada. No era el mejor momento para presionarla; ya se sentía vulnerable, acosada por los recuerdos de Margarita, regresando desde la tumba en desde la tumba donde los había enterrado. Si bien no comprendía muchas de las cosas que sucedían la mayor parte del tiempo, normalmente podía subirse feliz al barco del optimismo y dejarse llevar por la corriente. Pero no ahora; este juego estaba empujándola de las peores formas.
—"Aquí y la casa abandonada son los lugares donde hemos pasado más tiempo, tiene que haber algo en esta habitación" —Lele metió un brazo en su bolsillo y sacó la hoz corta con la que había intentado cortar la hierba antes. —"Vamos a averiguarlo."
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Rever Arcade
PrzygodoweMabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
