— El Sanatorio Ocaso es el único sistema integral de salud privada que ofrece un acompañamiento cercano, empático y profesional a sus pacientes. Con la mejor atención en Rever, Ocaso busca formar parte del tratamiento durante toda la estancia...
Alguien estaba gritando. Mabel percibió el alboroto y, aunque su mente nublada le impedía reaccionar del todo, fue vagamente consciente de la conmoción a su alrededor. Cuando logró abrir los ojos, nada tenía sentido. Un grupo vestido de blanco y azul se agitaba cerca; de entre la multitud, distinguió una cabellera roja y el rostro irritado de Gustav.
— Evie sabe que sus jugadores enfrentan muchas dificultades — continuó la voz infantil —. Ocaso es una oportunidad única para tratar...
La cabeza de Mabel rodó y, en su campo de visión, apareció el semblante preocupado de Hazel. Sus ojos dorados se estaban oscureciendo y una sombra púrpura se expandía alrededor de sus pupilas. La visión de Mabel se volvió borrosa antes de que sus párpados cayeran como cortinas de hierro.
— ¡40°C! — exclamó una voz —. ¡Despejen el camino a Emergencias, ahora!
Perdió la noción del tiempo y el espacio. Lo siguiente que supo fue que se hundía en un océano helado. Se sacudió, luchando por encontrar una salida. Sus manos se aferraron con fuerza a la tela húmeda. La adrenalina la obligó a abrir los ojos, y Hazel volvió a aparecer frente a ella o, más bien, sobre ella.
— Aguántalo un momento, tu temperatura supera los 40°C — dijo. Su tono era amable, pero su expresión, severa.
Aunque comprendió vagamente sus palabras, su cuerpo actuaba por instinto y seguía intentando salir del agua. Sabía que Hazel era más alto y tenía extremidades más largas, pero no dimensionó la diferencia hasta que él le sujetó los hombros y la empujó de nuevo hacia el fondo del océano.
— N-no... n-no... — tiritaba, incapaz de formar frases coherentes con su mente dispersa.
El mundo de Mabel se redujo a Hazel: la forma en que apretó la mandíbula, su boca convertida en una línea infeliz y sus cejas fruncidas con preocupación.
— Debes aguantar — le dijo, sosteniéndola en el agua.
— N-no...
Él exhaló cerca de su oído. Mabel se estremeció, encogiéndose aún más mientras los escalofríos la sacudían sin tregua. Se arrojó hacia sus brazos, decidida a escapar de esa tortura. Suspiró aliviada cuando la rodearon por la cintura y la levantaron, pero no fue a ninguna parte. En cambio, el cuerpo de Hazel, que nunca le había parecido tan grande, se sumergió con ella. No estaban en el océano, sino en una bañera con más hielo que agua.
Mabel lloriqueó al verse atrapada, no solo por los brazos que la sujetaban contra el pecho del moderador, sino también por sus piernas. Siguió llorando y temblando hasta que no pudo más y colapsó contra él.
Pronto, las instalaciones recuperaron su calma habitual. Cereza, en su forma de tatuaje, trepó por el pecho de Mabel hasta su cuello y salió. La habitación donde habían colocado la tina plegable era a la vez almacén y sala, Cereza aprovechó las estanterías altas para detenerse en un punto dónde podía vigilar todo el espacio. Barrio el lugar con la mirada y luego, inquieto, observó la bañera.
La cabeza de Mabel descansaba en el hombro del moderador, mientras los brazos del joven la sujetaban firmemente por la cintura. Desde su posición, Cereza no podía ver el rostro de Hazel, solo sus manos, que jugueteaban con las de Mabel. Ella aún no despertaba, pero una doctora, a quien Lele había traído tironeando de su cabello, dijo que faltaba poco para que fuera seguro sacarla. Antes de retirarse, tomó muestras de sangre, asegurando que le daría prioridad. Desde entonces, nadie más había venido.
ESTÁS LEYENDO
Rever Arcade
AventuraMabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
