El supermercado era la pesadilla de cualquiera con hipersensibilidad sensorial. Colores vibrantes y letreros extravagantes bombardeaban la vista sin tregua, mientras una mezcla de sonidos y olores saturaba el ambiente. Aunque su estructura era la de cualquier otro almacén espacioso con estanterías, cada producto tenía una pantalla para "personalizarlo" - por un precio mayor - según las preferencias del cliente. Los stands publicitarios eran un tanto excesivos, pero funcionaban maravillosamente...
Mabel casi perdió la cabeza al ver la publicidad de fragancias corporales: "24 horas de olor, ni más ni menos". La flor que protagonizaba el anuncio cambiaba de color según la esencia, permitiendo elegir entre miles de opciones. Pasó rápidamente entre ellas hasta encontrar una que le interesara. La rosa se tornó de un blanco cremoso y encantador, y ni siquiera tuvo que inclinarse sobre la flor: el aroma a vainilla se esparció de inmediato a su alrededor.
Hazel arrugó la nariz y dio un paso atrás, mientras Mabel se inclinaba aún más sobre el menú, deslizándose velozmente entre las opciones. Había olores extraños como tierra mojada y gasolina, pero también perfumes de lujo que jamás habría podido costear antes. Cualquier fragancia estaba disponible por el módico precio de cinco puntos. Encontró un aroma particularmente dulce y agradable, que transformó la flor en un precioso rosa fresa. Sin embargo, aunque lo amó con locura, se apartó del stand y regresó junto a Hazel.
— ¿No vas a llevarlo? — preguntó el moderador, extrañado.
— No, no es necesario.
Mabel notó su mirada de juicio al entrecerrar los ojos. Casi pudo escuchar su pensamiento: ¿Para qué tomarse tanto tiempo eligiendo si al final no pensaba comprar nada? Se hizo la desentendida porque ni siquiera ella tenía respuesta. Simplemente lo agregaría a su lista de futuras compras y volvería por él cuando no hubiera cosas más urgentes que adquirir, como papel de baño. Nunca era suficiente en una casa con cinco personas.
— No tiene que ser necesario para que lo compremos — insistió el moderador, sin moverse, a pesar de que Mabel ya se alejaba.
— Es un frasco pequeño, puede... — observó el tarro de cristal tallado. Hermoso, con una rosa en la tapa, pero del tamaño de una palma. Quizá no era una estafa - el aroma realmente era potente y seguramente cumpliría su promesa de durar 24 horas -, pero sí se sentía como un robo para sus bolsillos —. Hay cosas más importantes que comprar — insistió.
— Vinimos a comprar cosas importantes para ti. Si te gusta, está en la lista de compras.
Sin más demora, Hazel seleccionó la opción de compra, entregó los tickets y recibió cinco tarros de la fragancia elegida, cuatro más de los que Mabel había contemplado.
— ¡Hazel! — protestó con una indignación tan falsa e hipócrita que cualquier oído habría reconocido la mentira. ¿Realmente podía engañar a alguien con esa sonrisa de oreja a oreja que se negaba a desaparecer? Como ya los había comprado, fue a recogerlos, fingiendo molestia, pero el chico los guardó directamente en la bolsa sin fondo junto con el resto de los tickets.
Mabel tuvo que cruzar las piernas porque se le mojaron las bragas. Una frase así era el sueño de cualquier compradora compulsiva, y ella era una compradora compulsiva honoraria, de las que adquirían el mismo producto en todos los colores posibles. Si no tuviera una imagen que mantener, habría caído de rodillas para agradecerle a Dios la oportunidad de tener a un tipo guapo dispuesto a gastar todo el dinero en ella. La experiencia fue gratificante, enriquecedora... y pésima para su corazón, que intentaba separar negocios de romance.
Eran socios. Ni siquiera eso, si se ponía estricta con los términos. Más bien, un medio para alcanzar sus metas... aunque eso iba en doble sentido. Pensándolo mejor, momentos como este no eran muy diferentes a un show exclusivo para mujeres, ¿no? Solo que, en vez de ser bailarín y espectadora, estaban tachando escenas románticas...
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Rever Arcade
AdventureMabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
