Respira, Mabel

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Como alguien amante de la limpieza, aunque la cabeza le doliera y los celos le ardieran en el pecho, Mabel fue directamente al baño y lo acaparó. Después de haber pagado tanto por comodidades, sería estúpido no aprovecharlas. Además, era la líder: si alguien tenía derecho a acabarse el agua, era ella. No había ducha - ¿quién demonios pensaría en instalar una en un juego como ese? -, pero tampoco importó. Mabel se inclinó sobre el lavamanos, decidida a bañarse con el escuálido chorro de agua. Si pudiera conseguir un vaso, también lo usaría para enjuagarse mejor el cabello.

Cuando salió, el vapor del agua caliente se dispersó por la cochera. Parecía recién salida de unas aguas termales, luciendo una sonrisa de satisfacción frente a los monstruos de alquitrán que permanecían allí. Dobló la sudadera sucia y la dejó sobre una de las mesas antes de unirse a la conversación. Todo el proceso fue tan rápido que desconcertó a Phineas y Eder, quienes habían asumido que estaba llorando en el baño.

- Aquí - Gustav, sin mirarla, le pasó un tónico a Mabel.

Maisie observó cómo bebía de la botella sin reconocer el contenido. Regularmente, pociones y tónicos tenían apariencias únicas y caricaturescas para ser fáciles de identificar. No era broma cuando el chico rubio les dijo que contaban con muchos recursos.

- ¿Cómo estás? - susurró Phineas aún dentro de la cajuela. No estaba tan sucio como los demás porque, por reflejo, se había escondido tras Mabel cuando ocurrió la explosión.

- Bien.

¿Qué más iba a decir? Realmente estaba bien. Después de unos tragos del tónico, el dolor de cabeza había desaparecido, y, hasta donde sabía, la envidia no mataba a nadie. Había tenido tiempo suficiente para reflexionar frente al espejo -o más bien, regañarse- y decidió que no estaba dispuesta a perder la dignidad por nadie.

- ¿De qué están hablando? - preguntó Mabel, cambiando de tema.

Phineas miró al grupo, entre divertido e impresionado.

- ¿Vas a poner un negocio, no? Lo dijo el del bastón, justo están reclutando clientes ahora mismo.

Mabel parpadeó lentamente y luego le dio una segunda mirada, más detallada, a la situación. Lele estaba sobre una mesa, rodeada de herramientas y piezas que Eder había descartado. El mecánico, recargado junto a ella, charlaba con Jade y Noah sobre modificaciones para sus autos y los costos. Aunque Lele no parecía feliz, los precios por pieza eran razonables, especialmente comparados con los de las tiendas en el exterior.

- Se puede hacer - asintió Eder -, pero tendrá un costo adicional, y deben conseguir el sensor.

- Por supuesto - respondió Jade. Luego añadió: - Lorenzo, ¿puedes ir?

El chico asintió, se despidió cortésmente y salió por la puerta con una lista en mano.

- Las herramientas tienen un precio, los accesorios otro, y la mano de obra se cobra aparte, pero es un precio justo. Es realmente impresionante - comentó Phineas. Aunque era increíblemente tacaño, incluso él reconocía que era un buen negocio para todos.

Mientras tanto, Hazel, Clara y Mackenzie hablaban de gremios. Mackenzie había tenido enfrentamientos con otros equipos y, gracias a sus múltiples conocidos en este juego, sabía quiénes se habían lastimado y cómo. Aprovechaba esta información para negociar un descuento considerable en las reparaciones de su auto. Clara, cuyo vehículo literalmente se había desmoronado al terminar la carrera, no podía quedarse atrás y también negociaba con información. Aunque estaba muy cerca de Hazel, Mabel no dijo nada. No era su problema lo que decidieran hacer el moderador o Clara. En absoluto.

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