Mabel tomó un paquete al azar y lo abrió sin la menor vergüenza. Ya había revisado cajones y superficies, sabía con certeza que no había gafetes en ningún lugar de fácil acceso. Eso solo dejaba las filas de estantes como las principales objetivos de búsqueda.
— Me llamo Mabel — dijo, luego señaló la estatua rígida no muy lejos —. Él es Xander.
Tiró la caja vacía a un lado, se acercó a la chica y le tendió la mano.
— ¿Cómo se llaman ustedes?
La jovencita miró su mano por un largo segundo antes de estrecharla.
— Grettel.
— La educación ante todo, ¿verdad? — el hombre vagabundo intentó acercarse para estrechar la mano de Mabel también, pero la manga de su gabardina se enganchó en la estantería.
Lo vieron todo en cámara lenta: al intentar zafarse, en lugar de rasgar la tela, provocó que toda la estructura se tambaleara. El tipo logró apartarse en el momento justo para evitar ser aplastado por el efecto dominó que desató entre los estantes.
Mabel, Grettel y Xander observaron el desastre de paquetes, cartas y sobres esparcidos por el suelo y sepultados bajo una pila de estanterías caídas.
— Perdón — dijo el vagabundo, levantando sin esfuerzo el estante que había derribado primero—. Los recogeré de inmediato.
Fue a sujetar el segundo, pero, encorvado, recordó su intención original y giró hacia ellos con una sonrisa apenada.
— Soy Lugh, por cierto.
— Qué desastre — murmuró Grettel.
Al terminar de hablar, dirigió una mirada tímida a Xander, quien la ignoró por completo.
Mabel simpatizó con ella de inmediato, viéndose reflejada en sus ojos enamorados. En otros tiempos, Xander también la habría emocionado, pero su "yo" actual estaba comenzando algo serio con un chico bueno y guapo. Primero había que salvarle la vida antes de pensar en cualquier otra cosa, ¿no? Pero eso eran detalles para otro momento. Para Mabel, la fidelidad era una piedra angular en una relación, incluso en sus primeros atisbos. Así que subió el siguiente peldaño y se convirtió en la gallina casada que miraba con ternura a los polluelos tontear.
— Voy a buscar una escoba por allá — dijo, dejándolos solos con la esperanza de que Grettel aprovechara el momento.
No había ninguna escoba o ya la habría usado para escribir su mensaje con las cerdas. Mabel fingió buscar un segundo antes de tomar una silla y regresar.
Desafortunadamente, Grettel no tuvo éxito y Xander se le escapó, dedicándose a recoger los paquetes del suelo uno por uno.
— Déjalos ahí — pidió Mabel, pasando junto a él hacia el fondo del pasillo. Acostó la silla y la usó para barrer hacia el centro de la oficina todo lo que había en el suelo. Era más fácil regresar por los pocos papeles que se resistían a ser arrastrados que mover cada cosa por separado o, peor aún, devolverlas a su lugar.
— Pero... — Xander miró la estantería vacía —. ¿No tendremos problemas...?
— No — le aseguró Mabel, cortando su pregunta antes de que se le ocurriera buscar a los conejos para acusarla por no limpiar bien.
Bastaba con usar un tono mandón, aunque fuera ligero, para que la siguieran. Lugh levantó los estantes, Mabel remolcó lo que pudo y Xander y Grettel recogieron lo que quedaba atrás.
— Concéntrense en paquetes y bultos — les instruyó Mabel —. Abran lo que crean que puede contener gafetes. Deben venir con una tira para colgarse al cuello o con una pinza, así que ignoren lo plano.
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Rever Arcade
AdventureMabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
