El aporte de Oslo al equipo fue enviar a uno de sus soldados de juguete hacia la fila de cuerpos retorciéndose. Los muertos fijaron la mirada en el juguete por un instante antes de volver a girarse, extendiendo sus manos podridas hacia ellos en un intento por alcanzarlos. Vicent recogió una piedra del suelo y la lanzó sin mucha fuerza contra uno de los cadáveres. La inofensiva piedrecilla se incrustó brevemente en el cuerpo del ser, para luego caer del otro lado, perdiendo todo impulso.
— Alguien debería ir a comprobar en persona — dijo Vicent mientras se acomodaba el incómodo sombrero. Sin mucha discreción, dirigió su mirada hacia Mabel.
— Ni loca — respondió ella, aún inclinada, lista para seguir vomitando.
Ryker, la fuerza del trío de exploradores, también tenía la tez verdosa y no dejaba de devolver el estómago.
— Y-yo lo haré — murmuró Tali, dando un tímido paso al frente.
— Oye, no. ¿Y si te comen? — Ryker la sujetó del brazo, todavía doblado por el mareo.
— No hay mucho que pueda aportar para ayudar — susurró Tali. Quien no contribuye, estorba, y el miedo a ser excluida si las cosas se complicaban la mantenía inquieta.
— ¿Qué es lo que hay que descubrir? — Mabel los fulminó con la mirada—. Son monstruos. Sea peligroso o no, mientras no usemos este camino, ¿realmente importa?
— Vinimos a explorar el terreno — replicó Vicent —. Parte de eso incluye conocer a nuestros adversarios. Quizá llegue el momento en que inevitablemente tengamos que pasar por aquí.
Mabel observó el extenso bosque que bordeaba ambos lados del sendero, luego volvió la vista hacia él.
— Prefiero rodear.
Sin embargo, Mabel solo era la líder cuando Lele, Cereza o Hazel estaban presentes. Mientras la devolvieran de una pieza, a Vicent no le preocupaba ignorar sus sugerencias.
— Adelante — dijo, animando a Tali mientras se apartaba del camino.
— Basta — gruñó Ryker, sujetándola de la muñeca—. Iré yo, imbécil.
Mabel arqueó una ceja al ver la forma en que Tali y él se miraron hasta que Ryker se giró, limpió la suciedad de sus rodillas y avanzó con cautela hacia los zombies. Para sorpresa de todos, los cadáveres no intentaron atraparlo ni devorar su cerebro. Como girasoles buscando el sol, parecían simplemente querer estar lo más cerca posible de él. Con el rostro lleno de asco, Ryker observó a cada uno de ellos antes de regresar, estremeciéndose de pies a cabeza.
— Es... algo jodidamente extraño — dijo, abrazándose a sí mismo —. No sé cómo explicarlo. ¿Quizá sea como tocar agua? sientes algo, pero si haces un leve esfuerzo, puedes atravesarlo — frunció los labios con fuerza —. Me dieron escalofríos horribles estando tan cerca, la vibra que emanan es desconcertante.
— Bueno, al menos no son zombies — Mabel suspiró aliviada. Con el pie herido, sabía que no llegaría muy lejos si la situación se complicaba aún más—. Sigo sin entender para qué sirve saber cómo reaccionan aquí. A menos que alguna de nosotras regrese al primer plano ahora mismo y pase por este lugar, no podemos saber si harían lo mismo que acaban de hacer con Ryker.
— Un poco de información siempre es mejor que quedarse en la ignorancia — respondió Vicent con indiferencia —. Ahora faltan los aldeanos. ¿Qué serán de este lado?
Mabel, Tali y Ryker imaginaron criaturas horrendas en lugar de los sonrientes aldeanos. En el bosque, camino a la casa abandonada, Vicent ya les había expuesto sus teorías, insinuando la posibilidad de conseguir los puntos. Sin embargo, contrario a lo que esperaba, solo Oslo mostró entusiasmo por sus palabras. Ryker desvió la mirada incómodo, mientras Tali se pegaba a Mabel, quien no tenía interés alguno en los puntos y contaba con un respaldo muy fuerte.
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Rever Arcade
AdventureMabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
