Mabel jamás podría decir en voz alta lo que sintió al ver a Sasha... así, todo siniestro y guapo. No habría tenido ningún problema en ser tomada del cabello y arrastrada hasta sus brazos. Sin embargo, sus fantasías oscuras eran eso: suyas. Alva, en cambio, no quería, bajo ningún motivo, ser encontrada por él. La protección venía incluida en el paquete que le habían vendido, y ayudarla formaba parte tanto del trato como de sus propias creencias, por lo que se giró furiosa hacia Rebekah para gritarle:
—¡¿Qué haces?! —Mabel clavó los tobillos en el suelo, tratando de no ser arrastrada por la sirena.
El salón comenzaba a vaciarse entre gritos. Mabel miró más allá de Rebekah hacia las figuras encapuchadas que arremetían contra los invitados. Quería gritarles a ellos también por ridículos. ¿Tenían órdenes de matar a alguien –como hacían con los jugadores– o simplemente estaban cumpliendo otra fantasía para esa estúpida gente pervertida? Estaba segura de que cierto caballero en particular seguía lanzándose frente a los encapuchados, esperando recibir más golpes. Ridículos.
—¡Es la fuente! —dijo Rebekah, con simpleza.
Mabel trató de no gruñir de frustración y sacudirse su agarre. Rebekah fue a tomarla del brazo, pero apartó la mano con un chillido.
—¡¿Qué demonios?!
La sirena le mostró a Mabel un pinchazo sangrante en el brazo, llena de incredulidad.
Lele, aferrada a su cintura, la apuntaba con el picahielo.
—"¡Que no la toques! ¡Lele te va a enseñar modales!"
—Par de estúpidas, para esto vinimos —les gritó Rebekah, señalando el agujero en el centro del círculo.
—Cierto —concedió Mabel, tratando de alejarse de ella sin tropezar con el vestido. —Allí tienes, la encontramos por ti. Búscanos cuando termines, ¡nosotras vamos a impedir que —tomó aire para gritar— se coman a Alva!
—¡Yo no puedo leer esto! —chilló Rebekah de vuelta.
Mabel esquivó sus manos, sujetando a Lele para que no le brincara encima. Rebekah soltó una mezcla de grito y gruñido, exasperada.
—¡Es una líder de gremio, estará bien!
Entonces, se abalanzó contra Mabel, empujándola hacia el centro. Mabel lo vio todo en cámara lenta... o quizá fue la adrenalina bombeando por su sangre. Rebekah la embistió, logrando su objetivo de hacerla caer al agujero. Lele arremetió contra la sirena, clavándole el picahielo en el hombro, lo que la hizo gritar. Mabel sintió un golpe punzante en la cintura al chocar contra el borde, seguido del peso de Rebekah aplastándola y empujándola hacia la abertura. Juntas se deslizaron hacia la oscuridad.
La "fuente" desembocaba en una especie de embudo, con agua corriendo en círculos. Mientras se deslizaban, Mabel manoteaba desesperada, buscando algo a lo que aferrarse. Estuvo a punto de caer dentro de otros agujeros que se abrían en el mismo espacio, como un colador, pero Lele –dondequiera que estuviera en medio de ese desastre– la jalaba del cabello para mantenerla con el grupo. Cereza emergió, explotando en llamas bajo el agua para iluminar la confusa oscuridad.
Su vestido púrpura, tan hermoso y encantador, se volvió aterradoramente pesado al empaparse, y comenzaba a arrastrarla hacia el fondo. Si no se movían, los agujeros los separarían; si seguían como estaban, la corriente se llevaría a Mabel. Rebekah, indiferente al agua que les llegaba al cuello, clavó las manos en los hombros de Mabel.
—¡¿Hacia dónde?! —gritó, alzando la voz por encima del repiqueo.
—¡No sé! —respondió Mabel, aferrándose a Rebekah para poder respirar.
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Rever Arcade
AdventureMabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
