Los sentimientos eran difíciles de manejar, sobre todo cuando alcanzaban su pico de intensidad. El miedo resultaba especialmente complicado, pero, sabiendo de qué estaban hechos esos micromundos y lo inestables que eran, Mabel no podía permitir que se hundieran más en ellos.
Levantó la linterna lo suficiente para iluminar los rostros de los jugadores mientras les decía:
— ¿Les gustaría cenar? Tenemos ramen.
La sorpresa fue evidente, pero el interés pronto se apoderó de los semblantes perplejos. Gustav, acostumbrado a ser quien llevaba a cabo los planes, empezó de inmediato a sacar lo necesario, siguiendo la orden implícita de Mabel. Además, tenían una cantidad excesiva del sabor "ardiente como el infierno con limón". Alimentar a los jugadores parecía la mejor forma de vaciar los almacenes de ese sabor, y la única viable, porque Lele jamás permitiría que tiraran algo útil.
El mayordomo utilizó el agua de las botellas que llevaban para no tener que buscar en otra parte. Mientras tanto, Mabel se acercó a Hazel y le susurró:
— ¿No te parece que — señaló con los ojos a la muñeca en sus brazos — es un poco extraño?
No quiso ser más clara, temiendo que Lele se sintiera ofendida. Hazel observó la muñeca unos segundos antes de inclinarse para murmurarle al oído:
— Quizá esté triste. Acabamos de llegar a un juego donde está una de sus hermanas desaparecidas desde hace años, y tú te centraste en un chico desconocido.
Un martillazo le habría dolido menos a Mabel. Se encogió instintivamente, y sus ojos se llenaron de lágrimas. Lele, que había escuchado todo a la perfección, giró la cabeza enojada e incrédula hacia el moderador.
— Yo, yo no... ¿encontraron algo? — preguntó, con la voz temblorosa.
La miel en los ojos de Hazel se oscureció ante el tono inseguro de Mabel y sus ojos acuosos. Lele se indignó aún más al ver esa reacción de satisfacción de su parte, pero se contuvo al oír las palabras que siguieron:
— Hay un camino entre la casa y una laguna. Es probable que su hermana salga a buscar agua cuando menos espere encontrar jugadores rondando. ¿Quieres acompañarnos para interceptarla?
Mabel asintió enérgicamente. Por su hermana, Lele podía soportar este trato indignante y manipulador. ¿Acaso esa era la razón por la que no quiso acercarse más a la casa? ¿Porque estaba buscando una excusa para alejar a Mabel del otro jugador?
— ¿Pero cuándo sería el momento "adecuado" en el que ella sale? — preguntó Mabel, sin darse cuenta de que había caído en una trampa.
Si Lele pudiera suspirar, habría escupido sus pulmones de la ira. Como no era humana, solo bajó la cabeza y decidió proteger a Mabel mejor. Comprendía un poco por qué la culpa la llevaba a querer darle todo lo que tenía a Joshua, ella se sentía un poco similar.
— No puedo decirlo con certeza. El señor Orejas está esperando algo esta noche, así que está más alerta. Dependiendo de cómo avancen las tareas mañana, debería ser más evidente cómo funciona este lugar.
— No te preocupes, cariño — Mabel acarició la cabeza de Lele, como solía hacer con ella y Cereza —. Solo venimos por tu hermana, no planeamos quedarnos mucho.
La camiseta térmica de Mabel impedía que Cereza asomara la cabeza junto a Lele, pero desde su posición en el cuello, soltó un gorjeo. El sonido llamó la atención de algunos jugadores, pero como estaban felices haciendo fila para recibir comida, no les importó demasiado.
— ¿Qué piensas hacer con ellos? — preguntó Hazel, mirando a la gente comer. Eder había encendido una fogata, y las personas se reunían alrededor más tranquilas.
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Rever Arcade
PertualanganMabel quería dinero, una casa propia y felicidad. Aceptó entrar al mundo de juegos de Rever Arcade para buscar al hermano perdido de alguien, con la promesa de volverse ridículamente rica al terminar. Sin embargo, no esperaba acabar siendo dueña de...
