Capítulo 2: <Problemas>

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—Bueno, ya se ha ido. ¿Vamos? —preguntó Dylan—.

Ella giró la vista hacia atrás viendo cómo Paul se iba difuminando entre la gente hasta que su figura desapareció por completo. Al menos, él había tenido la suerte de encontrar su aula. El tiempo se agotaba y Brie todavía no había encontrado su nombre entre aquellas listas que se hacían interminables. Se acercó hacia ella una última vez al lado de Dylan con la esperanza de que nadie más la interrumpiera aquella mañana tan pesada.

Tras pasar diez minutos, las sirenas que indicaban que las clases ya daban comienzo, justo Brie encontró su nombre y el aula donde debía ir. Sin nada más que añadir, tomó aire para la enorme carrera que iba a iniciar antes de que llegara tarde. Recorrió varios pasillos con cuidado de no empujar a nadie, aunque a veces era inevitable no poder hacerlo. Brie llegó frente a la puerta ya cerrada, se escuchaba la voz de su posible tutor explicando ciertas cosas que ella no lograba entender. Se atrevió a tocar un par de veces hasta que aquel profesor dio permiso para entrar. Todos los alumnos se quedaron mirándola; unos serios, otros entre risas.

—Soy Brie Sheller, ¿puedo pasar? —preguntó, terriblemente avergonzada—.

—Lo siento, es tarde —contestó el profesor con cierta desgana—.

La joven cerró los ojos suavemente, estaba a tan sólo dos pasos de salir por esa misma puerta pero, entonces, una voz apenas familiar levantó la mano para defender a Brie. Sí, aquel era Paul Rake que, a pesar de ser uno de los más populares de la Universidad, había repetido curso y le tocaba en la misma clase que ella.

—Perdón profesor pero, esta chica ha llegado tarde por mi culpa. La aparté de las listas de un empujón y... No le dejé verlas. Se merece entrar —dijo Paul—.

Una vez más, las miradas de aquellos dos volvieron a encontrarse dentro de cuatro paredes con pupitres, mesas, papeles y gente desconocida.

—¿Es eso cierto, Sheller? —preguntó el profesor—.

Paul asintió a Brie con cierta discreción para que nadie lo pudiera notar salvo ambos. Brie miró al profesor y asintió despacio, todavía avergonzada por su impuntualidad. Por suerte, le cedió el paso y le ordenó sentarse al lado de una muchacha de cabellos rojos, justo detrás de Paul.

El profesor se dio la vuelta hacia la pizarra para seguir explicando el funcionamiento que tendrían sus clases, momento que Brie aprovechó para darle un par de toques en la espalda a su salvador con la punta de un bolígrafo y así poder llamar su atención. Él se giró entre una sonrisa, Brie era incapaz de soltar palabra por la boca y, antes de poder hablar, Paul se adelantó a sus palabras.

—No hay de qué. Te la debía por haberte apartado de ahí por culpa de una torpeza.

Brie le sonrió algo forzosa rodando los ojos a todas direcciones. Los que ya conocían a Paul estaban asombrados por su actitud, pero claro, eso Brie no lo sabía todavía. Esa mañana la había salvado de una buena, pero a pesar de eso, no conseguía entrarle por el ojo derecho y eso la incomodaba, y más aún teniéndolo delante en clase. Pasaron las horas, Brie intentó poner toda su atención en las palabras de John, su nuevo tutor, el cual era un poco antipático y borde con los alumnos. Su propósito fue tomar nota de lo que iba a necesitar durante todo el curso. Al acabar todo, las sirenas que anunciaban la salida de clase sonaron. La mayoría comenzó a recoger el material a toda prisa para marchar a casa a comer, pero Brie recogió despacio y luego salió por la puerta para encontrarse con Dylan en uno de los tantos pasillos. Paul se despidió de ella con un cordial "adiós" y se largó antes que ella.

Dylan y Brie se encontraron y juntos caminaron hacia la salida, sólo estuvieron charlando cinco minutos porque él tenía un entrenamiento importante de fútbol en cuestión de dos horas. La joven rubia le dio un abrazo de despedida y puso rumbo hacia casa caminando mientras pensaba en su primer día de Universidad e imaginaba el resto, deseando que, por favor, fueran mucho más productivos.

Nada más llegar a la puerta de casa, ya se escuchaban los gritos de sus padres discutiendo por enésima vez en lo que llevaban de mes. Giró la llave de casa, pasando despacio para lograr enterarse del motivo por el cual, siempre estaban peleando. Vio a Lexie, su madre, rompiendo una foto en cientos de pedazos mientras pisoteaba los cristales de un marco roto. Mientras tanto, Chandler, su padre, recogía los trozos de la foto para lanzárselos a su propia esposa en la cara. Todo se paralizó cuando su hija entró por la puerta

—¿La ves? —preguntó Chandler, señalando a Brie—.

Brie mantuvo la compostura con un terrible nudo en la garganta viéndolos así de mal.

—Pues no quiero perderla a ella también —añadió él nuevamente antes de retirarse de allí—.

Ahora entendía de qué estaban hablando: de Erron, el hermano mayor de Brie desaparecido cuando ella tenía solamente diez años. Erron era un joven un tanto problemático, siempre andaba metido en líos en todas partes; ya fuera en el colegio siendo un niño, como en el instituto ya siendo un adolescente. Pero, a pesar de todo, siempre había estado unido a su hermana pequeña, jugando con ella a todas horas hasta que, un día, desapareció del mapa cuando tenía veintidós años y nunca supieron desde su desaparición, qué había podido sucederle. La policía estuvo investigando el caso durante años sin encontrar ni tan sólo una leve pista que los pudiera llevar a una hipótesis clara. Lexie se había encargado en esos ocho años, a deshacerse de todas las fotos que tenía de Erron y de incluso reformar su habitación convirtiéndola en un pequeño salón para que no quedara absolutamente nada. Brie ya no recordaba nada de él; ni su aspecto, ni su voz, ni siquiera las horas de ocio que compartían juntos.

La discusión que habían tenido, había sido porque Lexie descubrió una foto de Erron que Chandler tenía guardada bajo el colchón de la cama, y como ella no quería recordar que un día tuvo un hijo, se deshizo del único recuerdo que quedaba. Cuando Lexie se retiró el pelo castaño y rizado de la cara, se agachó para recoger todos los cristales, pero Brie la levantó despacio dándole la mano para abrazarla seguidamente. 

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