Por ciertos instantes, Brie notó su cerebro adormecerse paulatinamente, no obstante, el jaleo del exterior no la dejaba descansar aunque sólo fuera por unos minutos. Ya llevaba un par de noches que no rendía mentalmente, parecía que estaba perdiendo la cordura. Sólo era cuestión de tiempo que un microsueño la acabara desplomando de un momento a otro. La noche fue larga, el coche donde Brie se hallaba escondida no dejaba de moverse de la misma forma que un barco sobre las olas, ella sujetaba la manta con fuerza para evitar que se le viera cualquier parte del cuerpo, cerrando los ojos mientras intentaba aislarse de tanto sonido fuera.
Horas más tarde, los rayos del sol ya comenzaban a iluminar el coche, cada vez eran menos los infectados que quedaban cruzando la travesía, es más, Brie podía encargarse de todos los que había y después seguir con su camino. Esperó unos treinta minutos más hasta desprenderse de la manta y empuñar un machete afilado, saliendo del coche contemplando a los que se acercaban a ella, clavando el filo en cada uno de sus sesos hasta quedar rodeada de cadáveres ya muertos. Su cuerpo seguía manchado de sangre, el pelo rubio platino se había convertido en un pelirrojo permanente y mojado que le ondulaba la melena. El estómago de Brie rugía pidiéndole comida, así que sacó la mochila comprobando que sólo tenía refrescos y poco más. Tomó un zumo de naranja, pero no era suficiente, así que con valentía, se colgó el arco y la aljaba a la espalda y se adentró al bosque en soledad, sin acompañante como las veces anteriores. Anduvo de un lado a otro con cuidado de no perder la orientación para luego regresar al coche, estaba siguiendo unas huellas de lo que parecía ser algún conejo o alguna liebre, pero el rastro se perdió pronto y quedó nuevamente en cero. Rendida en su intento de conseguir comida, se sentó apoyando la espalda sobre la corteza de un árbol mientras allí volvió a llorar otra vez, triste todavía por Chris, por su ausencia que no dejaba de seguirla. Su cabeza le dolía de no dormir, así que hizo un gran esfuerzo por intentarlo por unos minutos antes de que al final cayera enferma. No fue mucho tiempo el que tardó en quedarse profundamente dormida, la verdad es que ni siquiera barajó la posibilidad de ser comida por algún infectado que pudiera pasar por allí. Sólo pensó en dormir y nada más. Un extraño sonido la despertó de golpe, era como un cascabel que se aproximaba a ella. Brie quedó inmóvil al ver de frente, a una serpiente que se acercaba a su silueta atontada todavía. Presa y cazadora estaban al acecho, Brie volvió a empuñar el machete justo en el momento en el que la serpiente se lanzó a ella para inyectarle veneno, suerte que Brie logró esquivar el picotazo y ponerse en pie con el arma en mano, aunque eso no la ayudaría demasiado, necesitaba algo más veloz como podía ser una flecha. Tiró el machete al suelo y tomó en mano su arco, cargando una flecha ya a punto de ser disparada. Brie apuntó a la cabeza atentamente, a veces la serpiente se meneaba demasiado y era difícil saber cuándo disparar. Ese bicho estaba cada vez más cerca, no quedaba tiempo ni para pensar ni para seguir apuntando, así que disparó la flecha de golpe sin tener la mínima certeza de si iba a acertar o fallar en el intento, pero la punta atravesó por completo la pequeña cabeza de la serpiente. No lo dudó, se acercó hasta ella, cortándosela y después el cascabel, despellejándola con el machete mientras restos de piel se quedaban impregnados en sus manos manchadas de barro y arena. Tuvo la opción de encender una pequeña hoguera para asarla, mas no quiso hacerlo, su estómago pedía comida, no importaba de qué manera ni cómo ingerirla, así que se llevó la carne a los labios para después morderla con sus dientes mientras notaba un sabor salado, como a pescado pero totalmente crudo y fresco. Lo único caliente que pudo notar deslizándose por su mentón, fue la sangre que aún tenía la carne porque ni siquiera se molestó en quitarla, es más, ese líquido carmesí consiguió erradicar la sequía que su garganta estaba sufriendo. Cuando su ansia se vio saciada, lanzó lo que quedaba de serpiente muy lejos de su alcance, a ser posible, ni siquiera quería verla, no después de lo que le había hecho pelear para conseguirla. Supuso que ahora sí podía descansar tranquilamente junto a esa misma corteza del tronco de un árbol gigantesco cuyas hojas le proporcionaban sombra, a veces tenía la sensación de odiar el calor. Apoyó la espalda, ignorando que esta estaba siendo algo raspada por la corteza, aunque eso era lo mínimo que le podía pasar dadas las circunstancias. Se limitó a cerrar los ojos y a relajar la mente, lográndolo unos minutos después hasta quedarse completamente dormida, soñando en blanco pero escuchando una voz familiar que la obligaba a marcharse: la voz de Chris.
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INMUNIDAD.
Mystery / Thriller< El mundo ha sido cautivo por un virus letal que convierte a las personas en muertos vivientes y, un poderoso científico, es el causante de tal atrocidad, creyendo que nadie es capaz de detener su horrible plan de destruir la humanidad, pero no...
