Ella fue la primera en abrir los ojos y en apartarse de él, negando con la cabeza una y otra vez hasta marcharse de las calderas. Chris la siguió hasta la azotea.
—No me sigas —le pidió Brie largándose de la azotea sin coger nada—.
Fue justo ahí, donde Chris supo que la había cagado, ni siquiera le dejó expresar sus sentimientos, simplemente la besó y no hubo más. A pesar de que fue lo que sintió, fue al mismo tiempo, lo que más lamentaría haber hecho en muchos años. Herido y con el corazón rasgado, se volvió a meter en las calderas para desahogarse, apoyando su espalda sobre la pared hasta sentarse sobre el suelo y estallar, estallar en llanto de la misma forma en la que ahora también lo estaba haciendo Brie, que estaba de camino a la joyería en plena noche pero amaneciendo, sintiéndose todavía más incómoda, estúpida por no haber sabido apartarlo antes de recibir el beso, pues ella, ya fuera por suerte o por desgracia, seguía siendo inmune al amor, algo parecido a lo que pasó con Paul, pues a pesar de que Paul sí le llegó a gustar, jamás se sintió enamorada, ni tan sólo una pizca de lo que Paul sentía por ella. Entró a la joyería, golpeando un escritorio de una fuerte patada y poder continuar con sus lágrimas, sintiendo rabia por la situación que había vivido, ya que a Chris sólo lo veía como a un amigo, un amigo al que conservar para toda la vida. Nada más. No más de diez minutos tardó Chris en irrumpir en la joyería con todo el equipaje que Brie dejó abandonado en esa azotea, ella ni siquiera se atrevió a mirarlo a la cara, y mucho menos a hablar con él de frente.
—Brie —dijo Chris—.
—Ahora no, ¿vale?.
Chris cerró los ojos, vencido ante las palabras de la joven, que le dio la espalda nada más verlo aparecer. Él, tomó asiento sobre un mostrador de joyas, esperando el momento adecuado para hablar de un tema del que Brie se escondía o evitaba mencionar para no ocasionar problemas después de todo lo que les costó iniciar una buena conexión. Pasaron los minutos en silencio, incapaces de dirigirse la palabra uno al otro hasta que Brie decidió darse la vuelta, viendo los nudillos reventados de Chris.
—Deberías curarte eso —añadió Brie, señalando sus manos heridas—.
—No hay suficientes recursos médicos.
—Entonces habrá que buscarlos, ¿no?.
Se miraron y, pasando del tema que verdaderamente le interesaba a él, asintió a la pregunta de Brie, levantándose a la vez para salir en busca de medicinas y algún botiquín. Ninguno de ambos comió nada esa madrugada, incluso la resaca ya era nula, la presión curó los malestares físicos. Chris dejó escondida la bolsa de las armas bajo una estantería que ya estaba caída, armándose únicamente con un par de pistolas y el machete que siempre le acompañaba en cada inspección. Brie llevaba sobre sí, su arco y una navaja pequeña pero de un filo muy afilado que podría ocasionar perfectamente la nueva muerte de un ya muerto y hasta de incluso algún vivo si se clavaba en el sitio perfecto.
Dejaron la puerta cerrada y marcharon juntos en busca de alguna farmacia cercana, acabando con algunos infectados que todavía seguían merodeando por allí a pesar de ser de día. Tras recorrer varios barrios sin resultado, llegaron a un callejón donde, casualmente se encontraba una farmacia bien escondida con un cartel curioso colocado junto a un ventanal, escrito con sangre una advertencia: "Si pasáis, estaréis muertos". Sin prestar mucha atención al cartel, Chris fue a abrir la puerta cuando de pronto, notó la mano de Brie posarse sobre su antebrazo.
—Párate a pensar un poco, ¿no? —dijo ella—.
—Según tú, ¿qué tengo que pensarme?
—Ese cartel está escrito por dos razones; la primera, porque este local puede estar repleto de infectados, y la segunda, porque esto puede "pertenecer" a alguien.
—Aquí ya no hay normas, nada le pertenece a nadie.
—Ambas opciones pueden ser peligrosas. Y lo sabes.
No le hizo mucho caso a su compañera, pues abrió al segundo de Brie haber terminado su frase, sintiéndose algo molesta por no haberle hecho caso o, al menos, pararse a pensar en los puntos positivos y negativos. La farmacia estaba solitaria, todavía olía a medicinas, como solía oler antes de todo lo que ahora estaba pasando. Brie sintió paz y serenidad, llegando a creer que pasaba por allí a recoger un medicamento para después pagarlo y marcharse a casa. Se dispersaron, cada uno por un lado para buscar cosas interesantes; ella encontró un par de botiquines que guardó en su mochila y Chris encontró varias cajas de antibióticos que servirían para calmar el dolor en caso de heridas grandes y dolorosas.
Volvieron a reunirse, pero ni siquiera les dio tiempo a comunicarse qué era lo que cada uno había cogido, porque fueron interrumpidos por el sonido de una palmada tras otra, viendo junto a la puerta, a un hombre alto vestido con un uniforme azul de trabajo y de una edad que pasaba de los treinta y nueve, una edad similar a la de Mac. Físicamente, sus mejillas eran famélicas debido a su considerable delgadez, ojos marrones a simple vista y una extraña manía de humedecerse los labios cada tres segundos. Iba acompañado por tres hombres armados con metralletas y rifles, sus aspectos no eran de fiar. Tenían cara de ser delincuentes o algo peor.
—Alguien se ha colado y ha pasado del cartel. ¿Qué habéis cogido? —preguntó aquel hombre—.
Chris y Brie observaban a los nuevos "colegas" sin decir absolutamente nada. Al fin al cabo, Brie tuvo razón.
—Me presentaré... Yo soy Joey y...—Dijo señalando a sus compañeros conforme los iba nombrando—. Este es Leon, Adam y Alex. No son muy simpáticos pero... Yo tampoco lo soy. A no ser, que me digáis qué lleváis en esas bolsas porque todo lo que veis aquí me pertenece. Es mío.
Chris y Brie seguían sin decir ni una palabra, seguramente estaban pensando de qué manera poder actuar para librarse de ellos y llevarse las medicinas sin necesidad de salir peleando.
—Debéis ser muy estúpidos o muy masoquistas para haberme ignorado —siguió Joey—.
—¿A quién llamas tú estúpido y masoquista, capullo? —saltó Chris, con la mano a punto de sacar el machete—.
Ante la contestación inesperada de Chris, Joey alzó una ceja y pronto, sus hombres se alzaron en armas apuntándolos a ambos, tan sólo bastaba una sola orden para tener la muerte más estúpida. Brie se puso en medio de la disputa entre los dos hombres.
—Está bien, está bien. Hemos cogido unas medicinas porque... Estoy herida y las necesito.
Ella mintió, si hubiera dicho que quien realmenteestaba herido era Chris, jamás le hubiera dado las medicinas después delmomento crítico que habían tenido. Joey ordenó bajar las armas y, ellos comotíteres, obedecieron al titiritero.
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INMUNIDAD.
Mystère / Thriller< El mundo ha sido cautivo por un virus letal que convierte a las personas en muertos vivientes y, un poderoso científico, es el causante de tal atrocidad, creyendo que nadie es capaz de detener su horrible plan de destruir la humanidad, pero no...
