Capítulo 11: <Competición>

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El campo de juego estaba saturado, en las gradas apenas quedaba sitio, todo el mundo la miraba a ella, era el centro de ese sábado por la mañana. Sus rivales tal vez se sintieran atemorizados, asustados por que Brie les arrebatara la victoria. Ella podía observar el miedo en sus oponentes, enriqueciéndose de sus debilidades, confiando en sí misma para ganar ahora más que nunca. Sus ojos ahora se fueron entre la multitud de la gente sobre las gradas, intentando reconocer alguna cara reconocida para motivarse. Chanlder y Lexie se encontraban en primera fila, dedicándole una sonrisa a su pequeña triunfadora. De pronto, unas filas más arriba, se encontró con Paul, Dylan y Shelly mirándola también. Ahora sí lo tenía todo. Una mano se posó sobre el hombro de la joven; Nikolai le asintió con la cabeza.

—¿Cómo te encuentras? —le preguntó a su alumna—.

—Tal vez no para lanzar fuegos artificiales, pero bien.

—Casi es hora de empezar. Ven.

Brie siguió los pasos de Nikolai. Estaba un poco nerviosa, no quería decepcionarse para no decepcionar a los suyos. Los competidores ya estaban listos en fila uno al lado de otro con sus respectivas dianas en frente a varios metros de distancia. Todos portaban sus arcos entre las manos mientras que Brie todavía no lo había descolgado de su espalda. No tardó mucho tiempo en hacerlo, ya que todo estaba a punto de comenzar. Miró a su arco colorado, empuñado en su mano derecha dejando mostrar una leve sonrisa.

—Hoy es nuestro día, no debes fallarme —dijo, mirándolo—.

Se dio la señal de inicio, todos los participantes cargaron una flecha; el número que debía ser clavado por tal arma, ya estaba indicado, ahora sólo debían concentrarse y tirar, tirar sin dudar. Todos apuntaron durante segundos hasta indicarse la señal de disparo, tras el cual, Brie lanzó su flecha con seguridad y mucha precisión. La punta se clavó justo donde debía clavarse. Bien, todo parecía funcionar. Lo logró durante varias rondas, muchos competidores estaban siendo eliminados por no llegar a los colores o a los números que se les exigía. Pasaron horas, Brie ahora competía contra un solo rival, un joven tal vez un poco más mayor que ella, pero su mente se nubló de repente sin saber porqué, dejando de ganar puntos hasta que el rival, se puso a su nivel y llegaron a un empate. Era el último disparo y los anteriores los estaba fallando con mucha facilidad, si volvía a hacerlo, ganaría él. Todo dependía de la flecha que estuviera más cerca del número indicado. Les dieron un par de minutos de descanso para que sus entrenadores pudieran hablar con ellos y seguir motivándolos como era típico en un entrenador. Brie no dejaba de observar la diana, su frente goteaba sudor, algo dentro de ella la había frenado, ya no se sentía con la misma fuerza que al principio. Nikolai la miró a los ojos dulcemente, intentando tranquilizarla en vez de ser duro. La charla que el otro entrenador estaba teniendo con su alumno, parecía más una regañina de un padre hacia un hijo que una motivación. Aquel tipo parecía de lo más hostil, dejándose ver su machismo con frases como: "¡Es sólo una chica, joder!". Y continuas faltas de respeto hacia Brie que la rubia prefirió ignorar. Nikolai se sintió ofendido con esos comentarios de mal gusto dirigidos hacia Brie, por ello, fue él quien, cabreado, quiso ir a darle una lección de moral, pero su alumna lo detuvo tras un enorme trago de agua sujetándole el brazo.

—Le voy a demostrar a ese cabrón qué tan chica puedo ser —dijo Brie—.

—No. No lo hagas por él, hazlo por ti. Demuestra al mundo lo que vales y clava esa flecha con fuerza hasta reventar la diana si es preciso. Y luego si quieres, la pateamos juntos.

Brie rió a carcajadas, le encantaba el humor que tenía con Nikolai desde que tenía ocho años. Hasta podía decirse que su confianza era como la de dos hermanos. Nuevamente, los dos últimos competidores, se volvieron a poner en posición de "combate", Brie cargó una flecha y luego lo hizo él cuando se les dijo el número al que debían tirar. El tiempo se paró para ella, todo se tornó silencioso a su alrededor, era como si estuviera sola en aquel campo, como si en vez de competir, estuviera entrenando en su jardín. Apuntó al número sin dejar de mirarlo desde la lejanía, sin parpadear, sudando todavía, más concentrada que de costumbre. A la señal, ambas flechas se dispararon, todo el público se levantó de sus asientos con las manos en la cabeza, uñas entre los dientes por culpa de los mismos nervios mientras ambas puntas competían por ser las mejores. Brie cerró los ojos, no quería ver el resultado al pensar que había sido uno de sus peores disparos, que todo el mundo se reiría de la "campeona". El árbitro gritó que la flecha más próxima al número ocho, había sido la flecha de Brie. Pronto, por los altavoces, empezaría a sonar su nombre por todo lo alto, proclamándola campeona de Atlanta oficialmente y apta para entrar en sus primeros Juegos Olímpicos. Cuando escuchó su nombre, abrió los ojos sin poder creer que hubiera ganado cuando parecía todo lo contrario. Recibió un fuerte abrazo de Nikolai, los ojos verdes de Brie se fueron a las gradas; los suyos aplaudían levantados excepto Paul, que se había subido sobre su asiento aplaudiendo en alto como le había prometido. Brie al fin consiguió sonreír y saborear su éxito con el puño en alto al ser consciente de que sí, ella había ganado la competición por la que tantos años se había estado entrenando. Su rival se acercó a ella para darle la mano y felicitarla por la victoria, fue un gesto amable, digno de una persona que sabía perder. Después, se acercó el entrenador de él, ofreciéndole la mano para que ésta la estrechara. Brie se la negó. —Ahora ya sabes de lo que es capaz de hacer una chica. No doy la mano a la gente que me falta el respeto y me subestima por mi sexo. ¿Ves? Hasta lo que crees que es débil puede levantar a toda una grada de público. No dijo nada más, le dio la espalda y siguió saltando de alegría. Comenzó a correr cuando vio a sus padres y a sus amigos dirigirse hacia ella para abrazarla, entre todos la elevaron, lanzando su cuerpo hacia arriba para cogerla y volverla a lanzar. Las carcajadas de Brie se escuchaban por todo el campo al ritmo de los aplausos de sus seguidores, se sentía la reina del lugar, y lo cierto es que lo era. Luego de poner sus pies sobre la tierra, Paul y ella se fueron acercando hasta estar cerca el uno del otro, llegando a mezclarse ambos perfumes.

—¿Por qué te has subido de pié sobre tu asiento? — le preguntó ella—.

—Me dijiste que te aplaudiera muy alto. Y eso he hecho.

Brie negó con la cabeza y se abrazaron a la vez. Notó cómo los labios de Paul rozaron su pabellón auditivo, produciendo un enorme escalofrío en todo su cuerpo.

—¿Ahora sí me vas a aceptar esa cena que tenemos pendiente? —preguntó él entre susurros—.

Ella lo miró, alzando una ceja y agitando la cabeza aceptando su propuesta.

—Pasaré a recogerte a las nueve y media.

Se sonrieron, Brie estaba nerviosa, pues nunca le había gustado ningún chico en dieciocho años, pero Paul le había removido su interior de alguna manera, y a pesar de que ella no estaba enamorada de él como él de ella, pensó que no fue mala idea seguir hacia adelante con sus sentimientos. Tal vez podría ser el comienzo de algo que durase para siempre. En un momento inesperado, Nikolai la subió a sus hombros cogiéndola de ambas manos para llevarla al centro del campo y pudieran colocar sobre su cuello, una medalla de oro. Una máquina empezó a disparar confetis cuando se subió a un pequeño escalón con el número uno grabado de color negro. Fue su propio entrenador quien, con mucho orgullo, le colocó la medalla sobre el cuello.

—Ya estás lista para vencer donde sea que pongas los pies —le añadió él—.

Brie no pudo evitar lanzarse a sus brazos, emocionada por todo lo que estaba sucediendo.

—Jamás lo habría logrado sin ti —respondió ella—.

Nikolai teníauna lágrima en cada ojo a punto de salir, pero era fuerte para lograrretenerlas.

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