Capítulo 4: <Tiroteo>

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Durante el viaje a casa, a Brie se le ocurrió preguntar cosas acerca de su hermano Erron, ya que Chandler era el único que le podía hacer recordar todo lo que ya estaba borrado.

—Erron siempre andaba metido en problemas. Tu madre y yo intentamos que cambiara, pero nunca lo hizo. En cambio, contigo era protector y sensible, estaba siempre pegado a ti y te contaba cuentos cuando no podías dormir. Nunca lograré entender porqué se fue así sin más —explicaba Chandler—.

—Apenas lo recuerdo pero... Lo echo de menos.

Los dos se miraron, Chandler mostraba tristeza en sus ojos y una nube densa de nostalgia en su memoria.

—Un día, se escapó por la ventana de su habitación a seis metros de altura mientras tú te columpiabas en el jardín. Se partió parte de la espalda y lo tuvieron que operar de inmediato nada más llegar al hospital. Desde entonces le quedó una enorme cicatriz en la espalda con forma de cruz.

La chica guardó silencio, a pesar del trago amargo que aquel momento supuso, ni siquiera se acordaba de nada.

—Y entonces, cuando desapareció a los veintidós años, tu madre se encargó de romper y quemar todos sus recuerdos, incluso su habitación cambió por un simple y sencillo comedor. A pesar de todo, Erron tenía un lado bueno que sólo mostraba contigo.

Aquello la hizo sentirse peor por una parte y mejor por otra; había descubierto que, después de todo, Erron podía dejar a relucir su lindo corazón puesto que lo tenía. Tras eso, ya no volvieron a decir palabra, ya que Brie sabía que eso a Chandler como padre le dolía. Llegaron a casa, Lexie había dejado una nota diciendo que se ausentaba por unas horas porque salió a comprar el material de Brie para la Universidad.

***

Dos días más tarde, un jueves por la mañana temprano, Brie se levantó para ir a clase, ya tenía en su poder todos los libros, libretas y bolígrafos para completar sus días en la Universidad. A ella siempre le gustaba levantarse más temprano de lo habitual para ir andando, pero esa mañana se le había hecho un poco tarde y debía coger el Metro antes de que su tutor no la dejara entrar al aula. Al salir de la boca del Metro, se dirigió de una carrera hacia la puerta principal de la Universidad, Dylan la llevaba esperando cinco minutos más de lo que solía esperarla. No hubo tiempo ni para un simple saludo, juntos entraron dentro, tomando cada uno su camino para comenzar a estudiar. Justo junto a la puerta, se encontraba Paul leyendo un libro de acción y, ella pasó tan veloz por su lado, que la mochila de la rubia lanzó el libro con rabia contra el suelo. Detuvo su velocidad, agachándose para devolvérselo pidiéndole disculpas.

—Vaya, ni que te hubieran dado cuerda —dijo Paul, tomando el libro que Brie le devolvía—.

—Pensaba que llegaba tarde.

Él miró su reloj negro digital que tenía en la muñeca izquierda, dos segundos antes de que la sirena sonara.

—No, pero casi. Has tenido suerte —añadió él—.

La relación entre Brie y Paul seguía un poco tensa, tal vez menos que el primer día. Él intentaba acercarse a ella para ser, (o intentarlo), su amigo, pero Brie no se lo ponía nada sencillo dado que apenas lo soportaba. Con quien sí había hecho una buena amistad, fue con su compañera de pupitre: Shelly, de largos cabellos pelirrojos y ondulados.

Esa mañana tocaba un trabajo grupal, uno de los tríos seleccionados fueron Brie, Shelly y Paul. No tuvo otro remedio que cooperar si quería aprobar el curso. Tocaban dos horas seguidas de trabajo, ya llevaban una hora y media y se dieron cuenta de que les faltaban folios para seguir redactando. Brie se levantó para ir a la mesa de John, el tutor, pero éste también se había quedado sin folios en el pupitre. Le pidió que por favor, subiera a la biblioteca a por más para que el resto de compañeros pudieran continuar. Ella, encantada de poder salir cinco minutos, accedió educada y salió por la puerta de clase en dirección a la biblioteca. Los pasillos estaban bastante despejados y silenciosos, más que de costumbre, pero tampoco se extrañó. Subió escaleras arriba y entró a la biblioteca donde se hallaban alumnos leyendo libros y algunos estudiando. Sobre la mesa principal había una profesora a la que le pidió unos cien folios, por lo menos para tener suficientes. Cuando la profesora fue a entregárselos, un enorme disparo retumbó sobre las cuatro paredes de la sala. Los cien papeles blancos cayeron al suelo como si fuera a cámara lenta, los tantos corazones que había en aquel recinto se hicieron tan pequeños como una mota de polvo, helándose más que la propia temperatura de la nieve. Hubo muchos gritos dentro de la biblioteca, después, todo se tornó en un silencio doloroso que te desgarraba por dentro en mil pedazos. La profesora indicó que no hicieran ruido, pero era demasiado tarde, ya se habían producido chillidos. ¿Qué demonios estaba sucediendo?. Fuera de la sala se escuchaban pasos a toda prisa y voces, muchas voces pidiendo ayuda.

Brie quiso salir de allí con las piernas temblorosas,muerta de miedo al no saber qué pasaba, pero la profesora la detuvo en suintento. Lentamente, abrió la puerta para asomarse al pasillo y, segundosdespués, una bala le atravesó el cráneo frente a los ojos de Brie. Su rostro sevolvió el de una adolescente horrorizada, de su boca salió un grito desgarradorque la dejó sin fuerzas en las cuerdas vocales. Estaba parada frente a lapuerta, escuchando unos pasos que se acercaban poco a poco donde ella estaba,la sombra de una silueta comenzaba a percibirse ya mismo, aunque por suerte,Brie logró reaccionar y se escondió tras esa misma puerta. Se llevó las manos ala boca para no hacer ruido y, entonces, alguien entró cargando una escopeta. 

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