La fuerza de una mano golpeó la cabeza de Brie, haciéndole abrir inmediatamente los ojos en medio de una resaca espantosa, haciendo que su silueta cayera completamente al suelo atolondrada. Se quedó durmiendo toda la noche en la parte trasera de la casa, pero sinceramente, lo que menos le apetecía en ese momento, era tener que soportar gritos mañaneros, y mucho menos golpes.
—¿Acaso crees que esto es un bar de carretera? Levántate, hoy nos toca una nueva lección —le ordenó Ellen—.
—Déjame tranquila, ¿quieres?.
—No sé con qué clase de listillo habrás estado, pero te aseguro que conmigo no harás lo que te dé la gana.
—¡Largo de aquí! Y no vuelvas a mencionar mi puto pasado, ¿quieres?.
—¡Basta de gilipolleces!
Ellen agarró a Brie por el brazo, haciendo que la rubia se alzara en pie de rebeldía completamente fuera de control, ya que intentó golpear a su profesora, golpe que Ellen detuvo en un abrir y cerrar de ojos doblando la extremidad hasta que soltó un gruñido de dolor que hizo que la soltara sin haberle roto nada.
—Vístete. Te espero en la armería. Y no te andes con más tonterías —añadió Ellen—.
Brie frunció el ceño de muy mala gana, viéndola marchar en sus narices, odiándose a sí misma por no quedarle otro remedio que tragarse su propio orgullo. Ni siquiera miró atrás, ni la botella cuando abandonó el lugar para dirigirse hasta su habitación donde ya tenía la ropa preparada. Bastaron solamente dos minutos para vestir su cuerpo de otra manera y recoger su melena rubia en una coleta alta para que el cabello no pudiera hacer de las suyas en medio de una lección. Ya estaba lista, así que bajó a la armería donde Ellen tenía una espada en sus manos con una empuñadura preciosa y plateada. Allí abajo, le explicó a su alumna que para saber manejar un arma como esa, primero debía aprender la lucha cuerpo a cuerpo y saber así, alternar movimientos con la espada. También le pidió que la memorizara con atención, pues esa empuñadura y ese filo serían sus acompañantes más fieles durante todo el Apocalipsis. Brie así lo hizo, era hora de que arma y dueña se conocieran para irse acostumbrando a los acontecimientos. Más tarde, salieron al exterior de la casa, por la parte de atrás donde Brie estuvo ahogando sus penas, pero ella ni siquiera miró la pared donde estuvo apoyada, como tampoco las manchas de vino sobre el suelo. Era el turno de las artes marciales, a ser posible, todas las que Ellen conocía y doblegaba desde hacía mucho tiempo: Kárate, Kempo, Judo, Jiu-Jitsu, Krav Magá e incluso el famoso Kick Boxing. Al principio, cuando conoció el nombre de todas ellas, no estaba segura de poder aprender cada técnica, pero luego se mentalizó de que podría hacerlo, digamos que la imagen de cada enemigo se le vino a la mente como un pequeño empujón de ayuda. Empezaron con el Kárate, Ellen le enseñó las cosas básicas, tipo la posición de combate y cómo cubrirse de golpes pequeños como tal vez un simple puñetazo o bofetada. En principio, le costó, luego lo fue consiguiendo al pasar diez minutos de su reloj. El problema vino después cuando era el turno de dar golpes o hacer llaves como defensa propia, Brie no daba una aunque lo repitiera cientos de veces. Digamos que ese día no sacaron nada en clave, pero lo que estaba claro, es que Brie jamás se rendiría, y si ese día no consiguió nada, lo intentó al día siguiente y así hasta que en tres meses, aprendió tres artes marciales completas, siendo única e inigualable hasta el punto de que Ellen ya no era rival para su alumna tras perder cada combate contra ella. Ya no quedaba tiempo para Brie, no debía permanecer con Ellen por más tiempo puesto que era la esperanza de toda una nación entera, así que le dio dos meses más de margen para que aprendiera las otras tres artes marciales restantes, a manejar la espada y tal vez un par de cosas más como últimos datos importantes antes de marcharse para siempre. Claro que quien dice dos meses, siempre dice más, por eso se quedó uno y medio más. Brie ya no parecía la misma persona que entró por primera vez a aquella casa, ahora era mucho más fuerte que nadie, más incluso que su propia profesora a la que, inevitablemente, le había cogido mucho cariño por haber hecho de ella, la mujer que deseaba. Y, obviamente, Ellen también le había cogido cariño. Juntas exploraban zonas del bosque para cazar y llevar provisiones al hogar, siempre Brie con aquel antifaz negro cubriendo su rostro por si se topaba con algún superviviente.
Una mañana de abril antes de que todo se terminara, Ellen le enseñó a hacer ácido sulfúrico casero para que tuviera presente más conocimientos, ya que portaba dos botes de ácido como arma letal y cegadora en caso de que no pudiera utilizar otra cosa. Fue ese mismo día cuando Ellen regresó de la ciudad, entregándole a Brie su sentencia de muerte en forma de cartel que Osiris había repartido por toda la ciudad en un intento desesperado por encontrarla. En el cartel de búsqueda, se hallaba una foto suya bajo el nombre de un apodo:
"ESMERALDA"
y una frase a modo de recompensa para quien la encontrara:
«Se recompensará con la INMUNIDAD a quien la encuentre con vida. Sólo un par de bengalas rojas y nos pondremos en contacto».
Brie arrugó el papel hasta que sus ojos se encontraron con los de Ellen.
—Esos hijos de puta... Lo que no logro entender es por qué no han puesto mi nombre —dijo Brie—.
—Porque es evidente que darás un nombre falso. Les importa tu cara, no tu nombre. ¿Ahora entiendes por qué debes llevar el antifaz?.
—Sí...Lo peor es como Joey haya visto este cartel.
—Joey no hará nada porque creerá que estás muerta. Eso es un punto a favor para ti. Y no te olvides de tu nuevo nombre.
—Sí, Sylvia, no se me olvida.
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INMUNIDAD.
Misteri / Thriller< El mundo ha sido cautivo por un virus letal que convierte a las personas en muertos vivientes y, un poderoso científico, es el causante de tal atrocidad, creyendo que nadie es capaz de detener su horrible plan de destruir la humanidad, pero no...
