Capítulo 27: <Supervivencia>

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Brie dormía plácidamente sobre aquella mesa hasta que un pequeño toque en el brazo la hizo abrir los ojos despacio, viendo al lado suyo a Chris vestido con otra ropa diferente, se había quitado el uniforme militar. Antes de que Brie pudiera preguntar, Chris le respondió la pregunta jamás realizada, diciéndole que podía cambiarse en uno de los aseos si lo deseaba, y que la ropa la consiguió en una tienda no muy lejos de la zona. Sorprendida, no dudó en cambiarse de ropa, sustituyendo los vaqueros azules por unos largos, las deportivas por unas botas marrones y una camiseta marrón por una blanca de tirantes. Estaba lista y algo aseada, ya que se lavó la cara con ambas manos y peinó su melena rubia con los dedos de las manos llegándose a quitar un par de nudos. Se dio cuenta de que el cabello le creció unos centímetros más, ya le llegaba más abajo de los hombros casi a la altura de sus pechos. Cuando salió, vio a Chris apoyado sobre una de las paredes esperándola, quedándose asombrado por el nuevo aspecto que tenía la joven, parecía una persona nueva.

—¿Lista? —preguntó él—.

Brie asintió, juntos salieron al exterior del edificio dejando que ella montara en el asiento delantero del coche. Él le dejó que echara el asiento lo más hacia atrás que pudiera y Brie así lo hizo. Le indicó dónde se hallaban los cables y allí empezó la primera clase de la rubia, que escuchaba con atención cada maniobra a realizar, cada cable que debía juntar y, sobre todo, qué no debía hacer para no hacer estallar el coche en mil pedazos. Cuando Chris le dijo que pusiera en práctica la teoría, Brie tragó saliva y le obedeció, haciéndolo despacio casi a punto de sudar por todo el cuidado que estaba teniendo. Ya lo tenía, el motor arrancó y a la chica se le iluminaron los ojos como dos estelas universales. No podía creer que lo hubiera hecho en el primer intento, pero si algo le sobraba, era inteligencia. Alzó una ceja asintiendo y después miró a Chris, pero su rostro estaba paralizado, sin querer mostrar ninguna emoción.

—¿Qué, vaquero? ¿Soy mejor que tú? —dijo ella—.

—Apaga el motor.

Brie lo apagó, tardó un poco pero lo consiguió. Sin que Chris le dijera algo, ella volvió a intentarlo otra vez y así muchas veces seguidas hasta tenerlo bajo control. Tocaba la segunda parte: las cerraduras con un par de navajas de punta muy fina y afiladas. Caminaron hacia algún edificio que pudiera estar cerrado, encontrándolo a unos pequeños metros de las oficinas. Chris lo hizo en primer lugar para que Brie pudiera ver cómo se hacía, pero se despistó un instante y no se atrevió a preguntar qué fue lo que dijo. Cuando le tocó a ella tomar las riendas, intentó hacer lo primero que le dijo: meter primero una por la parte superior y luego la otra por la inferior. Comenzó a girarlas, inventándose los movimientos bajo la atenta mirada de su supervisor.

—¿Y bien? —preguntó Chris—.

—Casi lo tengo.

Pero Chris sabía que no entendió ni media palabra por su inoportuno despiste, un soldado no era idiota.

—No has escuchado nada de lo que he dicho, ¿verdad? —preguntó él—.

Brie negó con la cabeza, Chris puso los ojos en blanco, mostrando una actitud pasiva con las enseñanzas a la nueva novata. Cuando ella lo percibió, le entregó las navajas y se negó a seguir.

—Mejor seguimos cuando se te quite esa cara de vago —dijo Brie—.

—O sea, que me estás dando el coñazo toda la noche para que te enseñe ¿y ahora me dices que no?.

—No así.

Los dos se miraron seriamente hasta que fue ella quien prefirió disparar a ciegas con ganas de una nueva discusión.

—A ti lo que te pasa es que te jode que sea más veloz que tú en cuanto aprendizaje —soltó ella—.

—¿De verdad? ¿Así lo crees?.

Brie rió a carcajadas moviendo la cabeza de arriba a abajo.

—No me cabe duda —respondió, segura—.

—Perfecto, pues vamos a comprobarlo.

Chris sacó su pistola, disparando con el arma arriba dos veces, dos balas perdidas sólo para alarmar a varios infectados.

—Cuando empiecen a venir dispara flechas, a ver si tienes los cojones que dices tener —dijo Chris—.

Se había metido en un problema, ¿cómo iba a disparar todavía si aún seguía teniendo miedo? Fingió ser dura y valiente, empuñando el arco y cargando una flecha sin tener un blanco al que disparar por ahora. Frente a ella, empezaron a aparecer los dos primeros infectados, Brie apuntaba a uno en la cabeza mientras Chris observaba con los brazos cruzados sin hablar ni sacar ningún tipo de arma. La posición de tiro de la chica era perfecta, la misma que tendría en un campo de competición con la única diferencia de que en ese momento, no era capaz de disparar y los dedos que sujetaban la flecha, se estaban quemando con la cuerda debido a la fuerza. Se estaban acercando, debía hacer algo antes de que se la comieran, y sin embargo se quedó como una estatua completamente quieta. Chris le bajó el arma con la mano y mató con el machete a los dos que se acercaron, formando un río de sangre con olor a necrosis.

—Deja de creerte más lista que los demás, ¿quieres?. A partir de ahora vamos a cambiar varias normas, no me gustaría ver cómo te hacen carne para muertos. ¿De qué te sirve saber abrir cerraduras y arrancar un puto coche si no sabes defenderte tú misma?. Dímelo —añadió él—.

Brie permanecía callada sin decir ni una sola palabra, agarrando su arco con fuerza, escuchando las palabras de su compañero.

—Lanzas tus ataques para hacer daño, pero no sabes que yo también sé hacer eso —siguió diciendo—.

—Pues dilo. ¿Qué más puede hacerme daño ya?.

Chris no quería decir lo que tenía pensado porque sabía que le haría daño, pero debía hacerle sentir cómo sentaban sus palabras cuando ella las decía.

—Si supieras defenderte, habrías salvado alguna vida.¿Qué pensaría tu compañero de ti?. ¿Estaría orgulloso de la Brie que eresahora?.

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