Capítulo 7: <Sabor a sangre>

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Paul volvió a coger el móvil, llamó otra vez a la policía porque ya se estaba retrasando demasiado. Le respondieron que habían enviado varias patrullas seguramente ya en camino, pero sin duda, la espera se estaba haciendo eterna.

Él y Brie seguían en el mismo rincón abrazados, ella parecía estar más tranquila que antes, tenía la cabeza escondida sobre el pecho de su compañero, el cual la miraba todo el rato sin parar, comprobando que le gustaba más de lo que había imaginado que una chica podría gustarle alguna vez, pero Brie había sido diferente a todas ellas por la sencilla razón de que Brie ignoró su belleza desde el primer momento en que se encontraron junto a las listas de alumnos, a otra, se le hubieran iluminado los ojos y formado una sonrisa sobre los labios, sin embargo, Brie hizo todo lo contrario a lo que todas hacían. Fue la indiferencia de la rubia lo que hizo que su interior se removiera revolucionando cada instinto, cada hormona de su cuerpo.

—¿Estás mejor? —se atrevió a preguntar—.

Brie meneó la cabeza de un lado hacia otro negando a su pregunta.

—No te preocupes, pronto saldremos de aquí.

—¡A lo mejor es demasiado tarde...! —añadió ella—.

Paul quiso tranquilizarla cuando un balazo destrozó la cerradura de la puerta del aula en la que estaban. Volvió el pánico, todo se llenó de gritos de histeria y desesperación absoluta. El joven quiso actuar de manera rápida, levantándose del suelo a toda prisa para ponerse la máscara y coger la escopeta antes de que irrumpieran en la sala, mas no le dio tiempo a ninguna de las dos cosas, ya que entraron los cinco, incluido el verdadero asesino al que Paul consiguió vencer. La siguiente en levantarse fue Brie, que aunque estaba asustada, se colocó al lado de él.

—Verás, intruso... —Dijo el jefe de la banda, dando un par de pasos hacia adelante—. No me gusta que me tomen el pelo y mucho menos que toquen a los míos de la forma que tú lo has hecho. Eso merece un serio castigo antes de morir junto a tu perra.

Brie se puso delante suya.

—La idea fue mía, él no tuvo nada que ver —dijo, valiente—.

El enemigo rió a carcajadas.

—Ay pequeña, eso no hay quien se lo crea. No creas que porque te haya salvado la vida tú se la vas a salvar a él. Aunque... Podríamos llegar a un acuerdo tú y yo en privado.

—¡Y una mierda! —gritó Paul—.

Paul, armado de valor, cogió a Brie del brazo empujándola hacia atrás, dándole un fuerte puñetazo al líder quitándole la máscara. Sus facciones eran de alguien de treinta años, a lo mejor algo menos; con barba larga y castaña como el color de su pelo y ojos. Se llevó una mano a la parte golpeada limpiándose la sangre antes de ordenar a los suyos que lo golpearan. Entre los cuatro de la banda, empezaron a darle una paliza brutal. Brie se levantó del suelo entre gritos pidiendo que lo dejaran en paz, pero el barbudo la tenía agarrada por ambos brazos deleitándose con su sufrimiento, viendo sus ojos verdes derramar lágrimas mientras suplicaba.

—No te esfuerces, no saldrá vivo...

Poco después, ordenó que se detuvieran, pero no era tonto, sabía que Brie se interpondría en su locura, por lo que dejó que sus secuaces la sujetaran con fuerza hasta romperle los tendones si era necesario. Agarró a Paul por el cuello levantándolo del suelo, su rostro estaba golpeado y ensangrentado por todos lados. Las miradas de ambos se encontraron como si fuera por última vez, él quiso decirle algo, como si fueran palabras de despedida, pero nadie logró entender qué había dicho con exactitud.

—Eso es, mírala bien, capullo. Porque jamás lo volverás a hacer —le dijo, enojado—.

Brie lloraba, negando con la cabeza, no estaba dispuesta a cargar con una muerte más en sus recuerdos y mucho menos la de Paul después de todo lo que habían logrado juntos ese día. Lo peor de todo, es que a un psicópata no le valían súplicas ni lamentos de nadie, por lo que clavó una navaja en la parte del costado de Paul y éste, todavía mirándola, cayó al suelo de espaldas no muerto pero sí muy malherido. Fue a rematarlo, esta vez con un machete, pero entonces, John rompió una silla en la cabeza del agresor, no podía permitir que ningún alumno más muriera. Todos se quedaron pausados como en una cinta de vídeo, las sirenas de la policía ya se escuchaban desde fuera, pronto entrarían unidades en busca de los asesinos. Los cuatro restantes, intentaron huir de la policía, Brie se aproximó veloz hacia Paul, tomándolo en brazos con ella sentada. Estaba vivo aunque muy débil. Intentó taponar la sangre que salía de la puñalada, Paul le había pedido que le sacara el arma del costado, pero ella se negó a hacerlo ya que entonces saldría más sangre y podría morir. Ya se escuchaban las patrullas policiales subir, tenían el edificio rodeado y aquello fue un sonido milagroso para todos. Mientras, Brie intentaba mantener a su amigo despierto pidiéndole que la mirara, pero la vista de Paul se tornaba cada vez más oscura y, mirando a Brie a los ojos, él cerró los suyos.

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