Vaciaron un cubo de agua sobre el cuerpo atado de Brie junto a esa columna de aquella buhardilla; sus ojos verdes se fueron abriendo despacio, su vista era difuminada y era incapaz de reconocer a alguien todavía. Giró la cabeza hacia la derecha pudiendo contemplar a un hombre tapiando la ventana con barrotes de acero para que no volviera a escaparse como lo hizo. Muy pronto, su vista se fue recuperando al mismo tiempo que todos esos salían de la habitación dejando paso a Joey, que portaba una vara de hierro sobre su mano derecha. Estaba furioso, mas no lo mostraba por fuera, ya que parecía un hombre que ese día estaba de buen humor.
—Todas mis prisioneras creían que podían escapar... Esto ya es pura rutina para mí —dijo él, acercándose a ella—.
—No me arrepiento. Y no sólo lo haría una vez, sino todas las que pueda —respondió Brie, con valentía—.
—¡Qué soberbia!. Veo que ahora tienes más cojones que antes.
—Te lo agradezco, porque soy una bestia gracias a ti.
El temperamento de Brie subía de grado a una velocidad inalcanzable, ya no quedaba nada de la buena y gentil chica que había pisado ese suelo por primera vez junto a Chris.
—Todo lo bueno de mí lo has matado tú —dijo Brie—.
Joey jugueteó con la vara de hierro haciéndola girar entre sus dedos, se notaba que no era la primera vez que había usado una herramienta así contra alguien.
—Veamos si con esto se te quitan las ganas de esa arrogancia que usas en mi contra. Nadie está por encima de mí.
Joey golpeó la columna con fuerza a escasos centímetros de la cabeza de su presa, que cerró los ojos debido a un acto reflejo. Él, sonrió ampliamente y desató las cuerdas que ataban el cuerpo de la rubia, levantándola del cabello con toda la fuerza con la que disponía, Brie dio un fuerte grito de dolor. Se la llevó hasta el piso de abajo donde Jacob estaba de pie con el abdomen vendado mirando a la chica con tristeza y rabia. En verdad, hubiera preferido no verla nunca más antes que verla allí mientras soportaba humillaciones y golpes.
—¡Fuera todo el mundo! —gritó Joey—.
Obedecieron; toda la tropa salió fuera para ver el espectáculo que Joey estaba tramando. Se formó nuevamente un círculo donde en el centro, se hallaban Brie y ese loco todavía con el arma en mano.
—Esto que vais a ver a continuación no es violencia, es una lección ética y moral. Esto es lo que cada uno de vosotros recibiréis en vuestras pieles si cometéis la osadía de infligir alguna de mis normas. Pero, antes de empezar, formularé una pregunta que está revolviendo mis entrañas — Joey miró a Brie—. ¿Alguien ha formado parte de tu plan?.
Brie también miró a Joey, se atrevió a reírse en su cara. Si algo tenía claro, era que no iba a traicionar a Jacob aunque él no se atreviera a dar la cara por sí solo.
—Oh, sí... —Brie se pausó antes de continuar—. Tu puta madre.
Con furia, Joey llevó a Brie hacia uno de los coches estacionados, el corro se rompió y el cuerpo de Brie se estampó brutalmente contra una puerta trasera. Luego, Joey la agarró por los pies, arrastrándola nuevamente hasta el centro del círculo donde allí, la levantó y golpeó su estómago dos veces con la vara de hierro. Allí mismo, Brie vomitó sangre un par de minutos, pero Joey le puso la mano en la boca para que se lo tragara todo antes de restregar su rostro por toda la arena una y otra vez. Cuando sintió que nadie la tocaba, se hizo una bola en el mismo suelo dispuesta a recibir cada golpe hasta morir. Más de diez patadas fueron a parar a las costillas de Brie notando que una de ellas se rompía como la punta de un lápiz, algo que la hizo gritar hasta quedarse sin apenas voz. Luego ordenó a dos de sus hombres que la levantaran y la sujetaran sin dejarla caer para que él pudiera golpear su cara hasta reventar la nariz y dejarle un ojo morado, una ceja partida y el labio inferior echando sangre sin parar. Después, cuando la soltaron, ella cayó sola al suelo boca abajo, pensó que iba a morir; veía un túnel oscuro que se iluminaba cada vez más. Su espíritu tenía ganas de desvanecerse para siempre, de hecho, llegó a ver su propio cadáver en el suelo cuando Joey se detuvo y le tomó el pulso sin notarlo. De pronto, desde lo lejos se fue acercando alguien; un hombre con ropa de soldado, cabeza casi rapada, ojos azules y labios carnosos: Chris. La escena se detuvo, Joey y sus hombres se habían quedado quietos, incluso el viento y las hojas que con cada ráfaga movía.
—Debes volver —dijo Chris—.
—¿Estoy muerta? —preguntó Brie—.
—Todo depende de ti.
—Me siento bien así. No quiero volver.
Chris y Brie se estaban encontrando por última vez en el inframundo, se notaba tan tranquila y tan en calma, que quería quedarse en ese punto y junto al alma de Chris.
—Tú eres la justicia que ya no queda. Vuelve y cumple tu misión, yo estaré viéndote.
—Ojalá estuvieras conmigo. Te extraño...
—Estoy bien.
—Yo no...¡Vuelve a mi lado!
—Estoy contigo, pero no me puedes ver. Además, te esperan nuevas aventuras, lo he visto. Si no quieres volver por ti, al menos hazlo por mí.
Brie sentía su espíritu en paz pero, por él, por Chris, decidió volver y vengar su muerte, encontrar a sus padres, descubrir su origen y abrir en canal a Joey cuando se hiciera más fuerte. La figura de Chris se fue alejando otra vez, Brie quiso alcanzarlo pero ni siquiera pudo tocarlo porque era como si le traspasara. Ya sólo quedaba ella viéndose a sí misma en el suelo golpeada y muerta, así que cerró los ojos con suavidad notando un leve hormigueo en la cabeza hasta que volvieron los ruidos, los gritos y el dolor. Brie abrió los ojos de repente volviendo a encontrarse en el mismo lugar dejando a Joey anonadado por lo que acababa de pasar ya que antes no había notado su pulso cuando la tocó. De inmediato, ordenó que le curaran todas las heridas y las roturas en la habitación y que luego la volvieran a atar. En el fondo, se alegró de no haberla matado, quería seguir divirtiéndose con ella, pero esta vez, de una forma más perversa cuando terminara de recuperarse.
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INMUNIDAD.
Mistério / Suspense< El mundo ha sido cautivo por un virus letal que convierte a las personas en muertos vivientes y, un poderoso científico, es el causante de tal atrocidad, creyendo que nadie es capaz de detener su horrible plan de destruir la humanidad, pero no...
