Capítulo 28: <Autodidacta>

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Los labios de Brie se cosieron como agujas cosen cualquier tela, olvidándose totalmente de lo que era hablar, caminar o parpadear. Chris no se sentía orgulloso de lo que había pasado ni mucho menos, al contrario, se sentía mal, completamente mal y angustiado por haberse comportado como un capullo creyendo que así le daría una lección a Brie. Él sabía que estaba pasando por una mala racha y que por eso era algo hiperactiva, sin contar con que era diez años menor que Chris y que eso también podía influir de cierta forma. También sabía que Brie tenía muy buen fondo, pues a pesar de saber que la podían matar, ella no era capaz de matar ni aún para protegerse. Chris volvió rumbo a la oficina, Brie siguió detrás de él, queriendo irse de una vez, seguir su camino sola. Pero por una parte y aunque no quisiera reconocerlo, necesitaba a Chris, no sólo porque estaba física y mentalmente preparado para todo, sino porque él tenía todas las respuestas que necesitaba para saber porqué era tan importante para la humanidad. Estuvieron todo el día enfrentados en silencio, incapaces de mirarse a los ojos para pedirse perdón. Brie se metió al baño, queriendo ver otra distinta: más valiente, más ruda, más imponente.... En el fondo sabía que era débil y que intentaba ser algo que en realidad no era. Había pasado de evitar problemas, a tenerlos a todas horas, intentando enfrentarse a ellos como una niña pequeña y llorica, haciéndose creer que era superior en el Apocalipsis sin serlo. Estaba cansada de disimular. Seguía mirando su rostro frente al espejo y, en un ataque de impotencia, dio un fuerte codazo al cristal haciéndolo trizas. Chris no tardó mucho tiempo en entrar dentro viendo el desastre, preguntándose si se había hecho algún corte.

—¿Te has hecho algo? —preguntó, preocupado—.

Brie seguía mirando los cristales rotos algo calmada. Le miró unos segundos, apartando la mirada de él y negando con la cabeza mientras salía del baño. Tranquilamente se bebió un poco de leche y luego un pequeño bocadillo para comer, quedándose sentada en el mismo rincón hasta que el cielo se oscureció.

Después de cenar, se subió a la mesa nuevamente para dormir, no consiguiendo su propósito. Eran alrededor de las cuatro de la madrugada cuando se levantó sigilosamente, acercándose hacia la mochila de Chris para coger las dos navajas afiladas. Quería una excursión en solitario, quería probar una vez más, sin rendirse, sin descanso hasta que lo consiguiera una vez más. Abrió la puerta de las oficinas sin quitarle el ojo a Chris, que parecía dormido completamente. Al salir, se dirigió rápidamente a la cerradura que intentó abrir por la mañana. Colocó ambas puntas dentro; una arriba y otra abajo, quieta, intentando recordar las lecciones de Chris muy concentrada con los ojos cerrados. Creyó tenerlas, así que empezó a hacer pequeños movimientos laterales hasta notar un pequeño "click" bajo el filo de las armas blancas. Las quitó, abriendo la puerta despacio, saliendo una mujer ya en estado avanzado de putrefacción. Brie retrocedió, viendo que un machete le atravesó el cerebro como por arte de magia. Luego escuchó un par de palmadas detrás de ella y se dio la vuelta, viendo a Chris, el que la defendió una vez más.

—Bravo. Lo has hecho —dijo él—.

Brie lo miró un par de segundos, alzando los hombros, devolviéndole después las navajas. Estaban en una situación extraña, era como si quisieran gritarse mil cosas de frente.

—Perdóname por lo de esta mañana. Tal vez no valga para esta mierda —dijo Brie—.

—No. Yo fui el verdadero capullo. No quise nombrar a tu compañero. Seguro que se siente orgulloso de ti.

—A mi compañero se lo están comiendo los gusanos.... No creo que pueda pensar eso de mí, salvo que soy su comida perfecta. Los muertos ya no son fantasmas transparentes, ahora son como nosotros pero algo más distintos. ¿Sabes? En el fondo tengo miedo de matar a esa gente por si el día de mañana pueden curarse. Soy una cobarde, lo sé.

—Eres todo lo contrario. Eres buena, piensas en el bienestar de los demás. Lo acabo de comprobar ahora mismo, pero Brie, abre los ojos. Esto ya no tiene cura, una vez que son portadores de ese virus ya no hay vuelta atrás. Deben ser eliminados.

Brie bajó la mirada, las palabras suyas mezcladas con los consejos de Chris la estaban emocionando, ayudándola a crecer por dentro al mismo tiempo.

—Vamos —le indicó él con un movimiento de cabeza—.

Marcharon juntos, habiendo solucionado sus diferencias como un par de desconocidos que se estaban conociendo, teniéndose respeto el uno por el otro sin necesidad de tirarse de los pelos. Sus peleas las solucionaban como un par de adultos, aunque ella no lo era todavía. Al amanecer, hablaron de las próximas normas: Chris sería el encargado de salir a por los suministros, dejando a Brie en la oficina, pues no quería poner su vida en riesgo, no mientras no supiera pelear en combate contra el mundo de la Muerte. Lo aceptó sin quejas, era lógico que lo hicieran así para que todo pudiera funcionar entre los dos y juntos ayudar a que la convivencia se hiciera completamente amena para ver si podían hacerse amigos de una vez.

Con el paso de los días, Brie fue hartándose de estar encerrada sin sentir la brisa fresca, comenzando a agobiarse con el nuevo cambio. Una de las noches de las que Chris regresó cargado de armas y munición especialmente, Brie lo recibió con el ceño fruncido y de brazos cruzados apoyada en una pared.

—Estoy cansada de todo. No me estás enseñando la parte básica de todo esto —dijo ella—.

—¿Cuál se supone que es?.

—Sobrevivir.

Chris se colocó ambas manos en la cintura, resoplando.

—Sí, sí que lo hago, pero no tienes los suficientes huevos para disparar ni una puta flecha de tu arco, y cuando crees que eres capaz, nuevamente vuelves al principio.

—Porque podría sobrevivir sin necesidad de reventarles la cabeza.

—No, este juego no funciona así. Las reglas son claras: o matas o mueres. Es así de simple. Y como no sabes hacer nada, mejor te quedas aquí.

Brie se acercó a Chris, agarrándolo del cuello de su camisa de cuadros negros.

—Dame una oportunidad. Salgamos mañana juntos, yo me iré por un camino y tú por otro No te molestaré, seré capaz de volver —le pidió ella—.

—Es una locura. No puedo dejarte sola si no sabes defenderte, ¿qué parte de eso todavía no entiendes?.

—Sólo quiero ser capaz de conseguirlo. Si no es al primer intento, será en el segundo, y si el segundo tampoco, seguiré hasta llegar al definitivo. Pero aquí encerrada no puedo. Ayúdame.

—Bien, pero te doy sólo diez minutos de margen para que regreses. Si no, iré a por ti.

Brie asintiódándole una palmadita en el hombro como modo de agradecimiento. Chris noentendía qué tenía Brie para siempre caer en lo que ella le pedía, nunca nadielo había conseguido, pero ella era distinta a todo lo que había conocido.

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