Capítulo 38: <Resistencia>

74 10 0
                                        

Chris le correspondió el abrazo con un leve quejido, Brie se apartó un poco de él, viendo que se había manchado la camiseta de sangre, comprobando enseguida, que su compañero estaba herido. Un nudo gigantesco se interpuso en mitad de su garganta tan sólo de pensar que le habían mordido, pero él negó con la cabeza, sabía lo que ella estaba especulando. Apenas podía continuar, Brie le colocó el brazo derecho sobre sus hombros para que se apoyara en ella durante el tiempo que durara la escapada, dirigiéndose juntos por la dirección por la que apareció el primer caminante, observando que venían más hacia ellos. Retrocedieron en busca de una segunda salida, tomando otro camino. Brie miró atrás, tenían a más de veinte infectados siguiéndolos, debían darse prisa en salir del bosque por la carretera antes de que lograran alcanzarlos y, aunque los tuvieran lejos, olfateaban la sangre que Chris dejaba como pista sin querer. Fueron minutos y minutos atravesando matorrales, pisando ramas, agotando las energías de cada uno de los dos supervivientes que, con esfuerzo, luchaban juntos para sobrevivir una vez más. Chris tuvo varios momentos de desequilibrio corporal, cayéndose con las rodillas apoyadas en el suelo, pero ahí estaba Brie para ayudarlo a levantarse sacando fuerzas de flaqueza. Si algo tenía claro, era no dejarle abandonado ni dejarlo morir como un perro, debía salvarle la vida, devolverle por primera vez todas las veces que él salvó la suya antes y después de conocerse. Brie aligeró la marcha cuando vio la carretera desde lo lejos, subiendo una pesada cuesta de arena mientras procuraba no soltar el antebrazo de Chris. La carretera estaba despejada, pero aún los estaban persiguiendo. Para sorpresa de ambos, a un kilómetro de distancia, se encontraba una caravana vieja y abandonada recientemente por su aspecto. Brie volvió a mirar atrás, viendo una fila interminable de infectados que cada vez estaban más cerca de ellos, a tan sólo cuatro pasos menos por detrás. Al llegar al vehículo, Brie abrió la puerta del copiloto, ayudando a Chris a subir, el cual estaba muy debilitado a punto de desmayarse. Cuando Brie se dispuso a subir por el otro lado, comprobó que no le daría tiempo por lo cerca que estaba de los infectados, así que subió por la puerta también por la que Chris había subido, cerrando la misma con fuerza, rompiendo una mano que se posó justo en ese momento de una de esas cosas. Con cuidado de no hacer daño a Chris, se puso en su asiento correspondiente, pero no había llaves con las que poder arrancar el motor de la caravana, por lo tanto, no tuvo más opción que intentar hacer un puente por segunda vez. Desmontó un par de piezas bajo el volante hasta encontrar los cables que necesitaba, pero los gemidos y los golpes contra el vehículo que provocaban esos monstruos no le dejaban concentrarse.

—Brie, puedes hacerlo —murmuró Chris a punto de cerrar los ojos—.

Chris fue quien le traspasó las energías que le faltaban, por ello, despejó su mente y empezó a hacer el puente con cuidado pero deprisa, quería salvar la vida de Chris antes de que fuera demasiado tarde. El cristal de la ventanilla de Brie acababa de reventarse, fueron varias manos las que intentaban agarrar a la chica, pero su cuerpo estaba cobijado gracias a la maniobra que estaba haciendo. Pocos minutos más tarde, notó cómo la caravana arrancó y, a pesar de que no tenía ni idea de conducir, salió de allí a toda velocidad con la primera marcha puesta, cambiando luego a la segunda, aliviada y segura al fin. Avanzó hasta hacer dos kilómetros, donde se detuvo por completo, buscando en la parte de atrás de la mini casa, algún botiquín de emergencia para poder curarlo y, efectivamente, encontró lo que esperaba. Normalmente, en las caravanas había equipamiento médico de sobra. Rasgó la camiseta de Chris hasta dejar su torso descubierto, viendo la parte del costado sangrando. Sus pequeñas manos temblaban, no tenía ni idea de heridas, tal vez si sus padres estuvieran allí hubieran podido hacerlo mejor. Alcanzó la fina aguja, descosiendo una pequeña parte de tela de la camiseta de Chris para poder coser la herida. Notó que una de las manos ensangrentadas de Chris, agarró una suya con poca fuerza, luego, sus ojos se encontraron quien sabe si por última vez.

—Me apetece seguir provocándote, así que resiste, por favor... —Le pidió ella—.

—Puede merecer la pena.

Brie logrósonreír de forma ladeada en medio del caos aún estando de los nervios, pero noquedaba tiempo, Brie clavó la aguja en su piel, intentando unir las dos partesque el filo del cuchillo de Mac había separado provocando un corte no muyprofundo pero peligroso. Chris gritó un par de veces, llevándose el puñocerrado a la boca, mordiéndolo con fuerza por culpa del dolor, agotando así,sus últimas fuerzas. Brie lo estaba haciendo bastante bien para ser primerizaen curar heridas, digamos que tal vez, había visto muchas películas de acción.Los salvajes quejidos de su compañero la lograron bloquear en varias ocasiones,pero siguió hacia adelante con su operación hasta que verificó que los puntosquedaron sellados para desinfectarlos con agua oxigenada, la cual echódirectamente desde la botella a su piel, ayudándose de un algodón con el quelimpió la sangre. Luego, vendó la herida, era lo único que conscientementesabía hacer a la perfección, pues se había lesionado varias veces entrenandocon el arco y tuvo que hacerlo repetidamente, no sólo a sí misma, sino a algúncompañero. Nada más terminar con el vendaje, Chris comenzó a verla borrosahasta no reconocerla y, segundos después, sus ojos se cerraron. 

INMUNIDAD.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora