. Salió de su nueva casa, necesitaba dar una vuelta y conocer mejor ese lugar, siempre era bueno conocer tu propio terreno para poder planear estrategias en caso de emergencia. Todos la miraban con desconfianza, digamos que ninguno de los allí presentes se fiaba de ella, pero Brie ignoraba cada opinión que tuvieran sobre ella, es más, si alguna vez tenía que huir de allí en caso de peligro, solamente se limitaría a salvar a Jacob, el resto le era indiferente. Era fría, muy fría. Tenían un enorme patio trasero bien cuidado con una barbacoa donde al parecer, se reunían todos a comer cuando hacía buen tiempo. Lo mejor de todo aquello era la piscina que ya empezaban a limpiar en pleno mes de abril para cuando llegara el verano y el calor del sol. No pudo evitar asombrarse, parecía un lugar seguro y acogedor, además tenían una muralla que protegía todas las casas y gente que vigilaba en caso de que se acercaran infectados o intrusos que quisieran apoderarse del lugar. Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro, era lo mejor que había tenido desde que abandonó su casa con tan sólo dieciocho años. Se quedó mirando todo lo que la rodeaba hasta que un silbido interrumpió su momento de paz absoluta.
—¿Te gusta? —preguntó Jacob—.
—No está mal —respondió Brie—.
Jacob miró con ella el paisaje en silencio hasta que se atrevió a romperlo con una incómoda pregunta.
—Eres inmune, ¿verdad?.
Brie buscó su mirada, pero era estúpido negar algo que era evidente, así que confirmó sus sospechas con un pequeño meneo de cabeza.
—Soy la hija de los creadores de este virus, qué guay eh...
—Si tú eres inmune, habrá más como tú.
—No, mis padres crearon un único antídoto que probaron conmigo. Por si te lo estás preguntando: sí, yo soy la cura. Hay gente muy mala que me busca para obtener eso y matarme.
—Vamos, que tus padres crearon ambas cosas, pero sólo tú tienes el privilegio de no infectarte.
Brie asintió.
—Cojonudo, tu historia es la leche.
—¿Ah, sí? Si salgo viva de esta, igual me pienso escribirla.
Los dos se rieron mirándose, Brie hubo ignorado la idea de que podría volver a reír así: de verdad. La mano de Jacob se colocó en uno de los hombros de la chica, Brie quiso preguntarle el porqué ya no estaba con Joey, pero era tontería, le bastaba con verlo lejos de ese cabrón hijo de puta.
—Nos iremos de madrugada. Además, tenemos que buscar a gente de nuestro grupo. Se perdieron por Atlanta en una emboscada inesperada. ¿Crees que podrás ayudarme a buscarlos? —le preguntó él—.
—Es posible. Tan sólo espero que no hayan encontrado los carteles.
—Atlanta cada día está más devastada, ni siquiera se puede caminar por las calles.
—Si de verdad están tus compañeros en la ciudad, los encontraremos. Por ahora sólo necesito descansar.
—¿Bajarás a cenar?.
—No entiendo...Ah, espera... ¿Te refieres aquí, a este mismo patio?.
—Así es.
—No, gracias. Las fiestas no son lo mío. Pásalo bien.
—Has cambiado, se nota que has crecido mentalmente.
—La vida, que no me ha tratado demasiado bien.
Volvieron a guardar silencio, ¿cómo no iba a cambiar Brie después de todos los golpes que había recibido? Jacob y ella no volvieron a hablar, ella simplemente se limitó a darse la vuelta para marchar a casa y poder dormir del tirón sobre su nuevo y cómodo colchón. Al terminar de cenar, subió las escaleras, asomándose por la ventana de su habitación y viendo a toda esa gente comer y beber, incluso Mac estaba entre todos ellos bebiendo vino a tragos largos. Sin embargo, le faltaba ver a alguien por allí: Dexter. Su casa tenía la luz encendida del piso de abajo, luego volvió la vista al frente y se lo encontró también asomado en la ventana de su cuarto. Sus miradas se encontraron en la noche y a través de un par de cristales, ella le frunció el ceño y él le respondió de la misma manera. Tras eso, Brie prestó atención a la fiesta del patio unos segundos y corrió la cortina para no seguir viendo más. Con la ropa, se tiró de espaldas a la cama sin apagar la luz, pues sí, en esa pequeña comunidad había electricidad gracias a la ayuda de Seth, un electricista que consiguió activar un generador de un poste cerca de la travesía. No tardó mucho en caer rendida ante las cuatro patas de madera que la sujetaban encima de un colchón entre sábanas revueltas.
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INMUNIDAD.
Mystère / Thriller< El mundo ha sido cautivo por un virus letal que convierte a las personas en muertos vivientes y, un poderoso científico, es el causante de tal atrocidad, creyendo que nadie es capaz de detener su horrible plan de destruir la humanidad, pero no...
