Capítulo 66: <Arsenal>

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Estaba segura de que las lecciones con Ellen la harían una persona de piedra, así como sanguinaria y bruta sin ningún tipo de piedad. A por el primero que iría, sería Joey y, después de él, volvería a reiniciar una búsqueda que ya creía perdida para ajustar cuentas con Mac, aquel ser detestable que la ató a un árbol y que casi se cobró la vida de Chris. Ellen le dejó ropa limpia sobre la silla en la que había estado sentada y después la dejó descansar tranquilamente. A pesar de que Brie se encontraba desubicada, juraría que esa noche había sido una de las mejores donde pudo descansar tranquilamente y en paz. Esa noche tuvo un sueño pacífico y ameno; soñó que se enamoraba de alguien, pero ese alguien nunca lo había visto en lo que llevaba de vida. Se conocieron en mitad de un Apocalipsis Zombi, ambos se gustaron a simple vista y tuvieron una relación larga y duradera, tanto, que hasta pudieron vivir el final del caos juntos y de la mano, caminando hacia el horizonte a una dirección desconocida en busca de una vida mejor.

Al día siguiente, cuando Brie despertó se rió en silencio de aquel sueño. ¿Ella siendo capaz de amar a alguien? Si no lo consiguió cuando el mundo estaba bien y era una persona normal, mucho menos ahora que había perdido todos sus sentimientos y se había encerrado en sí misma siendo ella, su única coraza y esperanza. Pensó que el amor era para el débil, el amor no fortalecía a una persona, al contrario, la debilitaba de igual manera que una fuerza sobrehumana se podía apoderar de cualquier alma. Su capacidad ahora no le permitía aguantar a ningún hombre, pero también pensó qué hombre sería capaz de aguantarla a ella. Al principio, Chris y ella chocaban como dos varas de acero, ninguno se soportaba hasta que pasó el tiempo y él logró enamorarse de Brie. Y si no la soportó cuando era una cría estúpida y ñoña, mucho menos la soportarían ahora siendo una mujer arrogante y egoísta cuyo corazón se estaba pintando de color negro carbón. Ellen fue a visitarla temprano, por suerte, Brie ya estaba despierta e incorporada sobre la cama. Había dormido en una mala postura y la espalda le estaba jugando malas pasadas, pero no dijo nada, dejó que Ellen se acercara a ella para seguir curando su herida del tobillo y, para sorpresa, Ellen se quedó totalmente parada sin dejar de mirar el mordisco.

—No puede ser —dijo Ellen—.

—¿Pasa algo?.

—La herida te cura a gran velocidad, nunca he visto algo parecido.

Brie la miró dándose cuenta de que Ellen tenía razón, ya casi estaba curada completamente, aunque se le quedaría la cicatriz y eso era evidente.

—¿Por qué me pasa eso? —preguntó Brie—.

—Debe ser cosa de los anticuerpos. No sólo hacen que no te conviertas, sino que te curan al instante. No sé qué clase de cura crearon tus padres pero esto es fantástico.

Brie sonrió, la verdad era que apenas le dolía, seguramente que incluso podía caminar correctamente sin tropezar con torpeza por culpa del dolor. Para salir de dudas, Brie se levantó de la cama e intentó caminar hacia la puerta; sentía leves pinchazos y calambres todavía, pero ya no era para tanto, podía andar.

—Genial —añadió ella—.

—Ven, te seguiré curando.

Volvió hacia la cama, sentándose mientras Ellen ejercía de enfermera y le vendaba el tobillo como una auténtica profesional.

—Tengo algo para ti —dijo Ellen—.

Brie la observó levantarse, Ellen cogió una bolsa negra que dejó la noche anterior sobre una silla vieja que seguro consiguió hace poco. Dejó a la chica que la abriera ella sola, sus ojos vieron un montón de flechas de vidrio muy similares a las que tenía antes de que se las rompieran por la mitad. Mas poco le duró la alegría, ya que recordó que su arco estaba en manos de Jacob.

—Acompáñame.

Brie siguió a Ellen hasta el pequeño salón de la casa, Brie observó por las ventanas viendo una especie de alambrada alrededor de la casa a modo de protección en mitad del bosque. Se sentía a salvo y segura, Ellen sabía protegerse de constantes ataques u hordas de infectados y se había construido una propia barrera infranqueable. La mujer, retiró una enorme alfombra roja del suelo dejando ver una especie de puerta anclada a ras del suelo. La abrió; unas escaleras de madera bajaban hacia una especie de sótano que en realidad era un auténtico arsenal de armas: hachas, katanas, espadas, pistolas, rifles de asalto, revólveres antiguos, escopetas, ballestas y mucha, mucha munición. Los ojos de Brie se abrieron y su boca quedó cosida y muda durante un breve período de tiempo hasta que fue capaz de asimilar que lo que estaba viendo era real.

—¿Lo has conseguido tú sola? —preguntó Brie—.

—Ya te dije que llevo años preparándome.

—Joder...

De repente, Brie vio algo que le resultó familiar, un arco rojo idéntico al que ella tenía, así que se acercó a él y lo acarició. Estaba limpio, pulido y hasta no tenía roces ni roturas.

—Era como el mío —añadió Brie—.

—De hecho, es el tuyo.

Ellen y Brie se miraron, la rubia rió y alzó los hombros antes de señalar el arma nuevamente.

—Ni de coña, mi arco lo tiene un viejo amigo.

—Pues te lo dejaría. Cuando te encontré al borde del abismo, ese arco estaba junto a ti. Yo misma me he ocupado de arreglarlo, tengo mucho material para reponer cualquier tipo de arma.

—¿Eres una especie de robot o algo así?.

—Algo así, sí.

Brie sonrió, en ese momento se dio cuenta de que Jacobhabía salido en su búsqueda para devolverle el arco a pesar de que la creíamuerta. Eso era lo bueno; que Joey y compañía ya no la buscarían más.

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