La chica guardó silencio, evitando responder esa pregunta. Por mucha confianza que él intentara coger con ella, jamás la conseguiría. Brie miró el cielo, intentando buscar alguna estrella entre las nubes de gas y contaminación para ver algo bello en una situación deplorable. Extrañó a sus padres de nuevo, despidiéndose de ellos mentalmente como si ya estuvieran muertos, dolida porque se iba de la ciudad de la que nació y de la que creció durante dieciocho años recientes. Luego le vino a la mente nuevamente Paul, pues después de un mes, no había vuelto a tener noticias. No quería creerlo muerto, pero dos partes de su corazón estaban divididas en dos opiniones diferentes: una le decía que fuera ella quien lo intentara buscar mientras que la otra le pedía asimilar que Paul ya no estaba en el mundo de los humanos vivos.
—Si fuera por ti, te desharías de mí, ¿verdad? —preguntó Chris, interrumpiendo sus pensamientos—.
—Por supuesto, que no te quepa duda —respondió ella, mintiéndose—.
—No te creo. —Pues no preguntes.
—No te creo porque, si no has sido capaz aún de matar a un infectado, ¿cómo vas a matar a alguien que todavía vive?.
Brie agrandó sus orificios nasales, la había descubierto en su intento de fingir ser una superviviente de élite. Cayó en ese instante de que había estado vigilada un mes por Chris, era obvio que supiera lo que hacía y lo que no hacía.
—¿Qué sabrás tú? —preguntó el orgullo de la chica—.
Chris rió mirándola, divirtiéndose por cómo estaba ella.
—¿Yo? Te he estado siguiendo un mes así que...Creo que no sé nada —respondió, irónico—.
—Déjame en paz, ¿vale?.
—Quiero que ahora me escuches con atención.
Brie resopló relajando su diafragma, haciendo un esfuerzo doloroso audiovisual para prestarle atención.
—¿Ves la azotea que hay junto a la torre de la iglesia? —preguntó Chris—
Brie se asomó descaradamente, viéndola durante dos segundos antes de sentir una mano haciendo presión hacia abajo sobre su hombro derecho.
—¿Podrías ser algo más discreta?.
Brie puso los ojos en blanco y asintió a la pregunta primera, confirmando haber visto la azotea.
—Cuando escuchemos un helicóptero debemos correr hacia ella. Nos lanzarán una cuerda para poder subir. ¿De acuerdo?.
Brie negó con la cabeza.
—Esto debe ser una puta broma... —farfulló ella—.
Chris, harto de que la chica no supiera reaccionar con instinto de supervivencia, la agarró por ambos hombros, zarandeándola con cierta brusquedad.
—¿Me estás escuchando, niña? —preguntó, alterado—.
Brie quedó muda y, nuevamente, volvió a asentir. Sus órdenes estaban claras. Cerca de aquel edificio, comenzaron a aparecer los primeros grupos de infectados, Chris dijo que debía matar, la obligaba a hacerlo para poder sobrevivir. La rubia volvió a asentir, pero sabía que no sería capaz. De pronto, recordó su arco abandonado en la vieja relojería y la placa que encontró bajo el colchón. Se levantó de golpe de los arbustos, alarmando la atención de ciertos infectados que comenzaron a acercarse a ellos. El enojo de Chris aumentó por segundos, saliendo de su escondite armado, disparando a todos los que se acercaban. Brie estaba detrás, era la oportunidad perfecta para escapar de él y correr a por sus cosas e intentar huir antes de que el helicóptero llegara. Decidida, retrocedió dos pasos y, cuando se dio la vuelta para escapar, notó la boca de fuego de la pistola de Chris sobre su cabeza, algo que la hizo temblar hasta el punto de casi hacerse sus necesidades encima.
—Quieta, bonita. No estoy jugando a ningún juego. Si te mueves un paso más, voy a dispararte como a una de esas cosas. Y no voy a parpadear a la hora de hacerlo.
Él notó su cuerpo temblar, supo que había captado el mensaje y siguió disparando a los infectados. Brie se quedó en la misma posición en una especie de shock traumático, creyendo todavía que tenía el arma en su cabeza. Pocos minutos después, comenzó a escucharse el sonido de un helicóptero acercarse a donde ellos estaban hasta hacerse visible para ambos. Los pies de Brie seguían clavados en el suelo, Chris la agarró de un brazo y comenzaron a correr hacia él, haciendo hueco entre los infectados para poder llegar. Les lanzaron una cuerda bastante larga, Chris le pidió a Brie que la agarrara mientras él cubría su espalda. Sin rechistar, le obedeció y tomó la cuerda, la cual fue subiendo hacia arriba despacio. De pronto, se vio a lo lejos otro helicóptero acercándose a la zona, abriendo fuego contra el que pretendía ayudar a Chris y Brie. El helicóptero del soldado logró ser derribado y Brie cayó al suelo de espaldas al cortarse la cuerda. Chris la ayudó a levantarse del suelo antes de echar a correr a toda velocidad recibiendo disparos que no consiguieron ser penetrados en sus cuerpos. Volvieron al parque, Chris la dejó en esos matorrales mientras él se aproximó bajo un tobogán sacando un lanzacohetes quedándose parado mientras se acercaban al soldado por el aire. Chris apuntó y disparó al helicóptero, derribándolo, iluminando el cielo a causa de la explosión. Escondió el arma por si la situación se veía comprometida, era una norma que todos los miembros de su organización debían cumplir. Cuando se acercó a recoger a Brie, ella ya no estaba en su escondite. Fue a darse la vuelta para buscarla, pero recibió un fuerte golpe en la cabeza que hizo que cayera inconsciente. Brie había tenido los cojones suficientes para golpear su cabeza con fuerza para volver a ser libre. Lo arrastró por los pies hasta los matorrales, escondiéndolo para que no se lo comieran. Luego registró sus bolsillos, encontrando la llave que abrió sus esposas. Ya podía moverse con soltura. Recuperó su cuchillo y salió huyendo del lugar, yendo hacia la vieja relojería para recuperar sus cosas antes de que Chris o los infectados se hicieran con ella. Nunca pensó que buscar un nuevo colchón le resultaría tan caro de pagar. Entró a su refugio de golpe, cogiendo el arco con la aljaba, luego la mochila de la que sacó su linterna para poder guiarse como un lazarillo guiaría a un ciego. Pensó en regresar a casa, necesitaba ver si la carta que le escribió a Paul estaba rota o seguía intacta sobre su cama después de un mes. Esa noche de regreso, tuvo que tener más cuidado que nunca, ya que por culpa de los disparos y de todas las explosiones, las calles estaban casi repletas de grupos minoritarios de infectados que se dirigían hacia la zona de la catástrofe. Fueron horas largas de ruta hasta que llegó a su barrio de nuevo, nunca había extrañado tanto tiempo estar lejos de casa. Se fue corriendo hacia la puerta, entrando de golpe sin cerrarla después, subiendo escaleras arriba para llegar a su habitación y comprobar algo que para ella era muy importante. La desilusión se apoderó de ella, la carta seguía sobre la cama intacta, en el mismo sitio donde la dejó la última vez que la tocó. Sus esperanzas ya eran nulas, ahora sí creía con certeza que Paul no logró sobrevivir a la avanzadilla. Mucho tiempo había pasado, sin embargo, Paul sí logró salvar la vida de Brie ayudándola a saltar el muro. Agarró la nota para romperla, pero no lo logró, no quería hacerlo pese a pensar lo que pensaba, era como si aún le quedara dentro un pequeño rayo de luz. Sacó una botella de agua, bebiendo más de media por toda la carrera que hizo antes de llegar a casa, comprobando al mismo tiempo que tenía ya pocos recursos de comida. Se quedó en blanco, ya no sabía qué hacer para estar bien, pues desde que empezó el Apocalipsis, nunca logró sentirse bien ni por cinco minutos. Esa noche no logró dormir, se quedó sentada en el suelo de su habitación, silenciosa, recordando el mundo por cómo era antes.
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INMUNIDAD.
Mystery / Thriller< El mundo ha sido cautivo por un virus letal que convierte a las personas en muertos vivientes y, un poderoso científico, es el causante de tal atrocidad, creyendo que nadie es capaz de detener su horrible plan de destruir la humanidad, pero no...
