Dos días después, al anochecer, Brie se encontraba en la cocina con la linterna prendida, comiéndose el último sándwich que le quedaba. Luego revisó todos los cajones de la cocina, comprobando si había algo que pudiera llevarse, pero todo se cocinaba con electricidad. Lo único que guardó, fueron un par de zumos de naranja, sintiendo su estómago todavía con hambre. Repentinamente, las paredes y el suelo de la casa empezaron a temblar, como si fuera un terremoto que había llegado a Atlanta. Brie se levantó de la silla, intentando buscar alguna solución rápida para protegerse. Tras ella, menos de la mitad del techo de la cocina se derrumbó, cayéndole un escombro en las costillas que la hizo gritar. Herida, intentó salir de casa, encontrándose la sorpresa de muchos caminantes dirigirse hacia ella. La escucharon. Retrocedió, cerrando la puerta, atascándola con un par de sillas del salón. No tenía salida, estaba atrapada y pronto, la casa estaría rodeada de todos ellos. Subió las escaleras, cerrando todas las puertas de las habitaciones para que les costara más trabajo entrar. Se acercó hacia la ventana para saltar, pero estaban ahí abajo y la altura era bastante peligrosa para un salto en seco. Agarró con ambas manos su escritorio llevándolo hacia la puerta de su habitación ya cerrada, la principal ya la habían reventado, por ella entraban a presión, Brie los escuchaba subir hasta sentirlos tras la puerta dando golpes fuertes, no aguantarían mucho los marcos ni los tornillos en caer. Se aferró a un rincón, escondiendo su cabeza en las rodillas, creyendo que, esta vez, sería su final definitivo hasta que escuchó el motor de un coche a toda velocidad. Brie se levantó rápidamente del suelo, viendo a un piloto sobre un coche rojo atropellando a los que rodeaban la casa. Bajó la ventanilla, asomando la cabeza. Chris le pidió a la chica que saliera de allí deslizándose por el canalón que había a la derecha. Desconociendo que hubiera un canalón junto a su ventana, arrugó las cejas y se aproximó al borde para verificarlo. Veía una posibilidad para escapar. Pasó una pierna por el exterior y luego otra hasta quedar sentada en medio de la ventana, arrastrando su cuerpo hacia la derecha para poder agarrarse al canalón. En realidad, no estaba muy segura de volver con la persona que la amenazó bajo un arma de fuego, pero era su única salida. Estando a punto de salir, la puerta de su habitación acababa de ser derribada por esas cosas, una se acercó corriendo a Brie, agarrándola por la espalda, estando a punto de arrebatar su aljaba con las flechas. A ciegas, se impulsó, logrando agarrarse al canalón, deslizándose hacia abajo hasta pisar tierra y pudiendo así, subir junto a Chris en el coche. Chris salió a toda velocidad, Brie se puso el cinturón despacio tragando saliva, el soldado iba esquivando obstáculos, atropellándolos a veces. Ninguno de los dos dijo nada durante el trayecto, tampoco es que quisieran mantener una conversación como si fueran amigos de toda la vida. El viaje duró treinta minutos a la máxima velocidad, Chris se detuvo junto a un enorme edificio con ventanales a modo de espejo donde sus figuras podían reflejarse pero sus ojos no lograban ver lo que había en el interior. Juntos bajaron del coche, Chris sacó un par de navajas afiladas dirigiéndose a la puerta cerrada, metiendo la punta de una dentro de la cerradura y después la otra, haciendo leves giros para manipularla y poder abrirla.
—¿Y qué pasa si hay más ahí dentro? —preguntó Brie, refiriéndose a los infectados—.
—No habrá —respondió Chris, seco—.
—¿Cómo estás tan seguro?.
—Porque estoy forzando una cerradura, nadie ha entrado. Y ahora, ¿podrías callarte?.
Brie le obedeció, mirando en todas direcciones, nerviosa por si una horda los rodeaba. Al fin, Chris logró abrir, juntos entraron al interior de unas oficinas desiertas, con papeles desordenados y sillas rotas, Brie se aproximó hacia una de las mesas, vaciándolas para tumbarse encima y bajar la tensión acumulada. Chris la observó de reojo mientras dejaba su equipaje en un rincón de la oficina, sentándose en el suelo intentando hacer algo con ese objeto que parecía un móvil, tecleando cosas de forma irritante hasta que, el sonido del aparato romperse contra una pared, sobresaltó a la rubia, que se levantó bruscamente de la mesa.
—Vas a conseguir que nos oigan —dijo ella—.
—Me importa una mierda, ¿vale? No es ese el mayor de mis problemas.
Brie arrugó un par de folios hasta hacer una bola de papel para lanzársela al soldado, dándole en la cabeza.
—Cabeza hueca... —murmuró Brie—.
Chris cogió la bola y se la volvió a lanzar a ella, no con demasiada fuerza, rebotando en su antebrazo.
—Guárdate las tonterías, ¿quieres? —dijo él—.
—El golpe que te di en la cabeza ha debido volverte todavía más gilipollas.
Las miradas de Chris y Brie chocaron como un fuerte accidente entre dos coches, a punto de formar una fuerte tormenta meteorológica nunca vista.
—Te crees graciosa y no tienes ni idea de cómo defenderte a pesar de estar bien equipada. Creo que me debes la vida.
—Nunca te pedí que vinieras. Pero claro, me tenías que llevar a un lugar seguro, ¿no?. Y ahora, ¿qué pasa, has perdido el contacto con tu gente? Pues ya somos dos, lo superarás.
Chris golpeó el suelo con ambos puños, levantándose del suelo, acerándose a ella a paso acelerado, gruñendo cual oso salvaje enfurecido.
—Sí, he perdido el contacto. Estarás satisfecha, supongo —dijo él—.
—Por supuesto, porque yo no soy ningún objeto que se puede transportar a cualquier parte.
Chris negó con la cabeza, alejándose de ella antes de perder el control, intentando buscar otro remedio para contactar con los suyos. Brie tenía muchas preguntas en mente, creyendo que "hackearon" el aparato de Chris y que por eso, los encontraron.
—¿Vas a decirme quién soy? —preguntó Brie—.
—Nunca. Te vas a morir sin saberlo.
Brie frunció elceño, enojada, queriendo utilizar una flecha contra él. Era la primera vez quediscutía con alguien con tanta intensidad, pero estaba viviendo una etapa tancomplicada y rodeada de muerte, que era capaz de perder los modales, temiendorecibir algún golpe de su compañero nuevo, pues no conocía nada de él salvo sunombre y que tenía un fuerte temperamento.
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INMUNIDAD.
Mistério / Suspense< El mundo ha sido cautivo por un virus letal que convierte a las personas en muertos vivientes y, un poderoso científico, es el causante de tal atrocidad, creyendo que nadie es capaz de detener su horrible plan de destruir la humanidad, pero no...
