Capítulo 25: <Inspección>

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Tenía ganas de saber quién era y el porqué dos bandos distintos iban detrás de ella siguiendo sus huellas como cazadores o policías.

—Espero que te deshagas de mí cuando no encuentres a tu gente, porque no pienso compartir contigo más días de supervivencia —añadió ella—.

—¿Supervivencia? Todo lo poco que llevas de supervivencia me lo debes a mí, que no se te olvide.

Se calló, tenía razón en lo que él le estaba echando en cara, demasiada. Y todavía no le había dado las gracias por todas las veces que la estuvo ayudando, ni pensó en hacerlo tampoco, no hasta que lo creyera necesario. Brie tenía hambre, echó un vistazo a su mochila creyendo que encontraría algo de comer, pero sólo tenía zumos de naranja. Se paró en seco, maldiciéndose por haberse olvidado de que no tenía nada.

—¿Qué pasa, no tienes comida? —preguntó Chris—.

—Sí, sólo estaba buscando esto.

Brie sacó un zumo para mostrárselo, orgullosa. Lo abrió sin ganas pero terminó bebiéndoselo entero, era refrescante y estaba delicioso. Después, se volvió a tumbar sobre la mesa hasta quedarse dormida y, aprovechando aquello, Chris se levantó para registrar su mochila viendo que no tenía nada de comida. La miró mientras dormía, negando con la cabeza. Le llevó un bocadillo a la mesa donde ella estaba durmiendo para que lo comiera al día siguiente antes de que muriera de inanición. Ambos tenían pocos recursos, debían salir a buscar más.

A la mañana siguiente, Brie despertó bien descansada, incorporándose sobre la mesa hasta estar sentada, observando la oficina sin ver a Chris. Al lado suyo vio un bocadillo, el cual cogió, desenvolviéndolo del plástico transparente para comérselo desesperadamente, pensando que Chris se fue para siempre. Estando a medias, él entró por la puerta sigilosamente, vio a Brie de espaldas comerse el bocadillo, algo que lo hizo sonreír. El cierre de la puerta la alertó casi a punto de atragantarse, dejando de masticar cuando vio a Chris dentro de la oficina. A cierta distancia estuvieron mirándose en silencio, él comenzó a aproximarse a Brie hasta alzar los hombros.

—Que no te sepa mal pedirme comida, creo que ahora somos un pequeño equipo, ¿de acuerdo? —le dijo él—.

Avergonzada, asintió y continuó masticando hasta tragar su último bocado de comida para después, sonreír a escondidas.

—He estado inspeccionando la zona, iremos a una pequeña tienda a por más comida —añadió él—.

Brie asintió en silencio, sintiendo segundos más tarde un pequeño pellizco en el corazón cuando se le ocurrió una idea. Pero para realizarla, necesitaba la ayuda de un experto más valiente en combates.

—Necesito tu ayuda —dijo Brie—.

Chris se dio la vuelta, sorprendido y confuso, mirándola.

—Jamás creí que dirías eso.

—Ni yo.

—Te escucho.

—Necesito que me lleves a "Ferst Center Of The Arts". Quiero comprobar algo.

—¿Al gran teatro? Eso estará infestado de esas cosas.

—Por favor...Allí se cortó mi camino con alguien, quiero ver si sobrevivió o no. Tú sabes seguir pistas, me servirás de ayuda y.... Todavía no sé tu nombre.

Chris estuvo unos segundos pensativo antes de decirle su nombre mientras pensaba en la petición de Brie, pero al final accedió a cumplir sus deseos, haciéndola sonreír con amplitud. A pesar de que empezaron la mañana de buen rollo, seguía siendo evidente que ninguno de los dos se soportaba todavía, pero como bien dijo Chris, ahora eran un equipo y debían ayudarse mutuamente les gustara más o les gustara menos.

Montaron al coche, Brie observó a Chris encender el coche juntando un par de cables bajo el volante, desmontando un par de piezas en primer lugar. Prefirió no preguntar si eso era normal, pero sentía curiosidad por saber hacerlo. El motor arrancó, ya olía a gasolina y a ruedas quemadas, Brie se sintió en movimiento, viendo las calles pasar a gran velocidad sin ver a nadie que estuviera con vida, todo eran muertos deambulantes y en pleno estado de putrefacción. Detuvo el vehículo frente a la puerta de una tienda, Chris le ordenó vigilar mientras él se encargaba de coger las cosas necesarias, pero Brie se negó, pidiéndole que fuera al revés. Sin ponerse a discutir, Chris aceptó hacerlo así, quedándose en la puerta con las armas necesarias para defender la entrada. La tienda no era muy grande y además estaba despejada y libre de infectados. Con tiempo suficiente, miró cada estantería, metiendo botellas de agua y leche en ambas mochilas, seguido de latas de conserva, pan de sándwich y embutidos en bandejas de plástico. Se acercó a la carne para asar, cogiendo un par de muslos de pollo rellenos. Con una buena fogata se podían comer gustosamente. Las mochilas pesaban, pero al menos, estaban cargadas necesariamente. Se entretuvo viendo qué más clases de carne había, ignorando los pasos que escuchaba detrás suyo.

—Ya termino, Chris —añadió—.

Se relamió los labios al recordar el sabor de lashamburguesas y las patatas fritas hasta notar que dos manos agarraron su nucacon fuerza, oyendo después esos gemidos. Brie cogió las manos que apretaban sunuca, apartándolas con fuerza sin ver si la dentadura de aquella cosa estaba apunto de morderle la piel. Al lograr apartar las manos, Brie avanzó un par depasos para poder darse la vuelta y ver frente a ella, al carnicero ya infectadocon un cuchillo colgado de su mandil blanco manchado de sangre. Cuando se lanzósobre ella, Brie lo esquivó y salió corriendo del lugar mirando atrás,chocándose contra Chris, haciéndole disparar su arma sin querer por culpa delimpacto de ambos cuerpos que cayeron al suelo, Brie encima de él. El infectadofue más rápido que ellos, pues antes de que lograran levantarse, él llegó hastaambos. Chris protegió la cabeza de Brie contra su pecho, reventando la cabeza delcarnicero haciendo una lluvia intensa de sangre y restos de sesos. 

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