Briese dio la vuelta, viendo que los hombres de negro salían de un edificio con lasmismas armas con las que penetraron en su casa. Y más lejos, infectadosacercándose a la zona donde los disparos habían sido efectuados. Se podríadecir que estaba casi rodeada por vivos y muertos, así que se escondió en unacalle sin saber ahora qué poder hacer, extrañando a su salvador. Su espaldaestaba apoyada sobre la pared de una relojería en venta, con las ventanastapiadas y la puerta cerrada. Su única opción era intentar entrar dentro antesde que sus persecutores la vieran y se la llevaran. Comenzó a golpear la puertacon un par de patadas, pero la cerradura era bastante dura. Empuñó el arco,cargando una flecha, retrocediendo unos pasos atrás para que el disparo fueramás efectivo. Apuntó a la cerradura, imaginando que era una diana y disparó. Lapunta reventó la cerradura debido a la velocidad y a la fuerza con la que habíasido disparada. Brie corrió hasta llegar a la puerta, quitando la flecha ycerrando la puerta después para atrancarla con una silla vieja y pesada. Ellugar estaba oscuro, no alcanzó a ver absolutamente nada, sentada en el sueloesperó a que llegara la calma para después pensar qué hacer. Escuchó cómo esoshombres pasaron de largo y, unos minutos después, lo hicieron esas cosas. Brierespiró lo más silenciosamente que podía, como si su respiración pudieraalarmarles de alguna manera. Una hora después, Brie abrió los ojos, se quedódormida esperando a que la horda desapareciera. Se levantó del suelo y anduvohacia las ventanas completamente a ciegas hasta que tocó la madera que cortabala luz, arrancando los tablones con fuerza. Ahora se veía bastante claro, seencontró en una sala no muy grande con un escritorio barnizado y viejo,estanterías vacías, sucias y rotas donde se supone que guardaban relojes comomuestra. Al lado de una de las estanterías, se encontraba una puerta entornada,Brie se acercó para comprobar qué había dentro. Los rayos del sol alcanzaron aque la chica pudiera ver un baño en condiciones algo lamentables: cucarachassubiendo por las paredes, arañas peludas colgadas de sus telarañas y muchasuciedad. Esa relojería parecía cerrada desde hace un siglo por lo menos, o esque los dueños eran tan cerdos que no se preocupaban nunca de asear todo unavez al año. Cerró esa puerta con el vello erizado, sintiendo su estómago en lagarganta del asco que le dio encontrarse con todo aquello. A pesar de todo,creyó conveniente quedarse allí por un tiempo, pero necesitaba cosas que cogerpara tener una estancia más o menos aceptable: velas, mechero y alguna linternaque sirviera para las noches de completa oscuridad cuando cerrara las ventanasal anochecer. No sabía qué hora sería, pero su capacidad mental le dijo que lahora de comer todavía no había llegado. Le daba tiempo a salir en busca de susmateriales, entre los que se encontraba un colchón para dormir. No quiso irsemuy lejos si tenía que arrastrar un colchón hasta su refugio, pero eso lo haríamás tarde. Por ahora sólo necesitaba las velas, el mechero y la linterna. Quitóla silla de la puerta, abriéndola despacio mientras asomaba su pequeña cabezaentremedias de los marcos. Anduvo hasta llegar al edificio de donde los hombreshabían salido, parecía un bloque de pisos donde la gente residía y estabaabierto, así que entró dentro encontrándose con sangre en las escaleras. Miróhacia arriba, no se atrevía a subir escalón a escalón, por lo que decidió tomarel ascensor esperando que en esa zona hubiera electricidad. Apretó el botón,las puertas se abrieron y Brie pudo sonreír por primera vez desde que empezó elApocalipsis. Eligió subir al cuarto piso, su postura corporal parecía de lo másrelajada, como si no fuera a encontrarse algo peligroso allí arriba, nisiquiera tenía su arco empuñado por si debía utilizarlo en caso de peligro. Másque un arma, parecía un adorno sobre su mano. Hubo un ligero instante, en elque parecía que el ascensor se quedaría atascado, pero logró continuar hasta lacuarta planta donde, al abrirse las puertas, dos infectados recientes se leecharon encima a Brie, haciendo que su arco saliera disparado hacia el exteriordel ascensor. Su espalda se clavó en una de esas cuatro paredes, Brie le diouna fuerte patada a uno notando las costillas rotas sobe la suela de susdeportivas, empujando su cuerpo contra el suelo para poder salir, esquivando alsegundo que estuvo a punto de morderle en el brazo izquierdo mientras estabaapartando al otro. Salió de allí antes de que las puertas se cerraran, uno selanzó a por ella justo cuando el ascensor se cerró, arrancando los brazos delinfectado por la mitad, salpicándole la sangre a Brie por toda la cara y ropa.Volvía al principio. Se ancló de rodillas al suelo, limpiándose la sangre de surostro con las mangas de su camiseta, nerviosa y aliviada por haberse vuelto asalvar, siempre al borde del abismo. Aún de rodillas, estuvo mirando losportales, encontrando la puerta abierta de un piso de par en par, sabiendo quesería esa casa a la que entraría. Se levantó nuevamente con el arco en mano,llegando a preguntarse si algún día sería capaz de usarlo como era debido yaprender con él, a ser una buena superviviente de este nuevo mundo. Conlentitud, entró a la casa, cerrando la puerta para evitar que otros pasarandesde el otro lado; las paredes estaban manchadas de sangre, también habíacasquillos por el suelo, parecía el escenario de un crimen macabro pero más queficticio, muy real. Cruzó un pasillo hasta llegar al salón, encontrándose a unhombre con el pecho reventado sobre el sofá. Brie soltó su arco, un líquidoácido empezó a recorrer su tubo digestivo quemándolo como si de una llama defuego se tratara, hasta que acabó vomitando lo poco que tenía en el estómagomientras pequeñas eran las lágrimas que se escapaban sin control de sus ojos acausa del malestar. Pensó en abandonar, pero ya había llegado hasta allí y porninguna circunstancia debía retroceder después de todo lo que le había costadollegar. Rebuscó en todos los cajones del salón hasta encontrar una linterna enuno de ellos con pilas incluidas. Le tocó la parte más difícil a continuación:registrar los bolsillos del cadáver de aquel hombre para buscar un mechero queencendiera sus futuras velas en su próximo refugio. Comenzó con los pantalones,hallándolos vacíos, luego tocó los bolsillos de la camisa manchada de sangrenotando algo duro, sacándolo para que sus ojos pudieran ver que, efectivamente,se trataba de un mechero. Se levantó con cuidado del suelo, escuchando un ruidoextraño tras suya. Su cuerpo se volteó rápido viendo la zona de la cocina queestaba conectada con el salón. Había otro cuerpo en el suelo boca abajo; el deuna mujer con el pecho reventado también y heridas de golpes en las piernas. Seacercó a uno de los muebles de la cocina, alcanzando un cuchillo de hoja gruesay afilada que guardó en su mochila. Sin mirar el cadáver, se dispuso adesordenar todos los cajones para buscar unas velas, las cuales encontró dentrode un azucarero viejo. Ya lo tenía todo, aunque sintió la necesidad de revisarla casa, preparada para lo que pudiera ver en las habitaciones restantes. Abrióun cuarto de baño, todo estaba limpio y olía a ambientador recién echado, luegoentró a una despensa de la que cogió una bolsa de patatas fritas y un par debotellas de agua. Al fondo del pasillo, una puerta cerrada con el picaportemanchado de sangre. Su cabeza quería marchar de una vez y volver a la viejarelojería, acordándose en ese momento de que necesitaba el colchón para dormir.A pasos lentos, fue acercándose hasta colocar su mano en el picaporte,manchándola de color rojo, haciendo presión hacia abajo para adentrarse en elinterior. Poco a poco, la puerta se fue abriendo, sus ojos se encontraron a unaniña de apenas diez años muerta en el suelo, con una bala entre ceja y ceja.Brie tapó su rostro, sus emociones estallaron cual bomba en un campo debatalla, intentando comprender qué bestia humana podría hacer algo así de cruely salvaje. La niña no tenía aspecto de haber sido infectada, lo que significabaque, al igual que a su familia, la habían asesinado a sangre fría y sin ningúntipo de escrúpulos los mismos hombres que la buscaban. O eso parecía. Se acercóa su cama, secándose las lágrimas de los ojos sin mirar a la niña de cabellosrubios parecidos a los de ella vestida con su pijama de osos. Quitó las sábanashasta desnudar el colchón, cogiéndolo con ambas manos después de colgarse elarco a la espalda. Arrastró el objeto blando y limpio hasta el salón, uno deellos empezaba ya a transformarse, se movía en el sofá comenzando a emitir esosgemidos espantosos que hicieron que Brie se diera más prisa en salir de allí.Logró llegar a su viejo refugio, allí pasaría su estancia durante un mesentero, teniendo comida y agua suficiente para no salir de allí ni de día ni denoche.
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INMUNIDAD.
Mystery / Thriller< El mundo ha sido cautivo por un virus letal que convierte a las personas en muertos vivientes y, un poderoso científico, es el causante de tal atrocidad, creyendo que nadie es capaz de detener su horrible plan de destruir la humanidad, pero no...
