Brie despertó aturdida, no sabía si estaba en el maletero de un coche, en un camión o en alguna furgoneta porque estaba todo muy oscuro. Notaba su cuerpo debilitado balancearse durante el trayecto a causa de las piedras que pisaban los neumáticos, todo estaba confuso y, además, tenía una venda en los ojos que no fue capaz de quitarse por miedo a que le hicieran algo peor. Ahora se preguntaba por qué Joey la había dejado vivir, aunque si pensaba un poco, la respuesta no era tan difícil de saber. El coche se detuvo cinco minutos después de haber despertado, escuchaba voces masculinas y pasos, gente que se bajaba de sus autos y cerraban las puertas. Tan rápido como un suspiro, la luz entró iluminando el maletero; Adam fue quien la sacó de allí de forma violenta y bajo empujones, pero Brie no podía hacer mucho, ya que seguía con los ojos tapados. Simplemente notó una mano que la agarraba y se la llevaba hasta el interior de un edificio donde Adam la detuvo. Joey se acercó a ella por detrás, deshaciendo el nudo de la cinta negra que tapaba sus ojos hasta retirarla de la cara. Para sorpresa de Brie, sabía en qué lugar se hallaba: en el mismo desguace donde estuvo con Chris del que cogieron comida y mantas. Lo observó todo detenidamente, el mobiliario había cambiado un poco; ya no eran doce las sillas alrededor de la mesa, sino el triple más. Joey se puso ahora frente a la chica, humedeciendo sus labios con la lengua nuevamente, gesto que hacía siempre que tenía algo frente a sus ojos que le gustaba.
—Sabes donde estás, ¿verdad? —le preguntó él—.
Brie fue a responder, pero Joey le negó con la cabeza, colocando los labios muy cerca del lóbulo de la oreja de la contraria.
—Antes de hablar, piensa muy bien en tu mentira porque a menos que no seas una actriz, no podrás tomarme por gilipollas.
Brie tragó saliva y asintió a la pregunta formulada, era estúpido negar lo evidente, y por lo visto Joey no tenía un pelo de tonto.
—Nos robásteis comida, ¿eso se hace?.
Brie negó con la cabeza.
—No me la llevé toda, os dejé más de la mitad. ¿Qué hubieras hecho tú?.
Joey golpeó la mejilla izquierda de la chica.
—No te atrevas a jugar conmigo.
—Sólo era una pregunta.
Joey volvió a repetir el proceso y le cruzó la cara.
—No te hagas la lista.
Definitivamente, Brie decidió ponerse mil puntos en la boca para no tener que volver a hablar; su cara estaba repleta de rojeces y hematomas, sus brazos llenos de cortes y su costado todavía malherido por una mala caída lateral. De repente y sin sentido, Joey sonrió ampliamente mirando a su víctima llorica, pues no dejaba de derramar lágrimas.
—Pero para que veas que no soy tan hijo de puta como me consideras, hasta tendrás tu propia habitación con ducha incluida. ¿Me sigues? —dijo él, indicándole a Brie que lo siguiera—.
Sin réplicas, Brie lo siguió hasta unas escaleras por las que subieron muy lentamente; aquel sería el recorrido que llevaría directamente al infierno. Llegaron junto a una única puerta en el piso de arriba, Joey tuvo el honor de abrirla y dejarle entrar a la chica en primer lugar: se notaba que era una buhardilla transformada en una preciosa habitación con paredes sin pintar e incluso tenía un pequeño baño con una ducha. Aquella gente debió tomarse muchas molestias en crear todo eso, seguro que tenían entre todos ellos a algún fontanero.
—¿Y bien? —preguntó Joey—.
Brie alzó los hombros sin saber qué responder a eso, pues tampoco tenía ni idea de su intenciones.
—¿Significa esto que estoy en tu equipo?. Joey sonrió.
—Significa que serás mi desahogo, ¿ahora lo entiendes mejor?.
La adrenalina recorrió cada centímetro del cuerpo de Brie en menos de un segundo, notando la forma tan desagradable en la que toda ella moría a pasos pequeños y dolorosos.
—Joey... —Añadió Brie, mirándole a punto de romper a llorar—. Por favor, no fue mi intención matarte cuando lancé la granada, si hubiera querido borrarte del mapa, habría utilizado otro método distinto. Puedo serte útil en otras cosas pero en esto no. Te lo suplico.
—Me encanta que me supliques de esta manera. Hazlo mejor y tal vez te acepte en mi equipo.
Brie cerró los ojos pensando en qué poder hacer, necesitaba humillarse para librarse de lo que le esperaba con Joey en esa habitación, así que se arrodilló lentamente ante aquel hombre, ya se veían las lágrimas paseando por la piel de cada mejilla hasta caer al vacío. Joey la observaba mordiéndose el labio inferior, tenía ganas de tocarla, de cogerla en brazos y llevársela a la cama al estilo que más le encantaba: por las malas. No obstante, sólo se limitó a mirarla y a escuchar sus súplicas arrodillada, anclada de rodillas como si fuera una esclava. Cuando fue suficiente para él, se inclinó hasta ponerse a su altura, acariciando el mentón de la contraria. Luego, volvió a pegar los labios húmedos sobre el lóbulo de la oreja de Brie.
—Para lo único que me sirves es para abrirte de piernas para mí. Serás mía cuando a mí me da la gana.
La agarró por el cabello y la empujó hacia atrás, dejándola allí tirada antes de salir por la puerta y encerrarla bajo llave. Brie quiso levantarse pero, ¿para qué esforzarse en hacerlo? Se quedó ahí, retorciéndose, maldiciendo su suerte mientras tapaba su rostro con ambas manos. Pasaron las horas, el hambre y la sed ya se hacían notar de un modo o de otro; Brie seguía tumbada en el suelo al mismo tiempo que la oscuridad se cernía sobre ella a través de los cristales de la única ventana que había.
Todo estaba resultando muy complicado de llevar deforma correcta y, si tuviera el valor suficiente, ya se habría quitado la vidade un tiro en la cabeza o de algún otro modo para no tener que ver nunca más laluz del día. Esa noche ni siquiera había luna ni tampoco estrellas que podercontemplar en aquella soledad, así que no tuvo más remedio que esperar a que lellevaran comida y agua. Podía escuchar perfectamente el jaleo que teníanmontado en el piso inferior, risas y más risas pero nada interesante, lo quehizo que se desesperara más.
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INMUNIDAD.
Misterio / Suspenso< El mundo ha sido cautivo por un virus letal que convierte a las personas en muertos vivientes y, un poderoso científico, es el causante de tal atrocidad, creyendo que nadie es capaz de detener su horrible plan de destruir la humanidad, pero no...
