Dexter se dirigió hasta una moto negra que escondió antes de la expedición, sacando una cuerda que tenía atada en uno de los manillares para atar las dos patas traseras del conejo y poderlo cargar a la espalda. Arrancó aquel trasto y salió a toda velocidad hasta llegar a su hogar; una pequeña comunidad que se refugiaba en una especie de barrio creado por casas blancas y una enorme muralla a modo de protección para que los infectados no pudieran cruzar esa zona. Dexter había viajado bastante lejos, pudo conseguir algo más para todos los que eran allí, pero el encontronazo desagradable con Brie le había puesto de mal humor y distraído como cazador, por lo que decidió regresar, dejando el conejo ante los pies de su líder; un tipo bastante alto con barba casi canosa y no muy crecida. Cargaba con cuarenta y un años a la espalda y tenía el pelo rubio miel, largo y ondulado, ojos azules y cuerpo delgado, que detuvo a Dexter de un grito seco.
—¿Esto es todo? —preguntó James—.
—He tenido problemas por el camino, en cuanto esté mejor saldré de nuevo.
—¿Qué tipo de problemas?.
—Me he topado con una superviviente, y además no muy simpática.
Las personas que estaban cerca de aquellos dos, se acercaron asombrados para poder escuchar otra vez lo que Dexter había dicho. Una madre acompañada por su hija de diez años que tenía un pañuelo rosa sobre la cabeza, otra chica de unos treinta años y un par de jóvenes más.
—¿Hay más gente viva? —preguntó la madre de la niña pequeña—.
Dexter asintió a la pregunta mirándola de reojo, odiaba cuando se sentía tan rodeado de gente hasta el punto de sentirse tenso e incómodo.
—¿Podrías llevarnos hasta ella? —preguntó James, el líder—.
—Lo que faltaba... No creo que te convenga tener a alguien como esa en este grupo. Era de las malas, una villana.
—¿Por qué has llegado a esa conclusión? ¿Lo dices porque en realidad es así o porque ha conseguido ponerte los huevos en su sitio?. Te noto bastante desafiado.
—Lo que estoy, es hasta los cojones de estar aquí, pero tú y yo sabemos por qué no me voy. Si quieres ir a buscarla, está cerca de Atlanta, a dos horas de aquí. Si la encuentras y consigues traerla, espero que te disculpes conmigo, porque me darás la razón. Esa chica te dará problemas.
Dexter se colocó correctamente su gabardina negra, dispuesto a largarse a su casa correspondiente y descansar, aislarse de tanto payaso, pero la mano de Susan, la treintañera que estaba loca por él, intentó detenerlo y relajarlo aunque sólo fuera con un par de palabras, pero Dexter se zafó de su agarre de forma violenta.
—Deja de arrastrar tus bragas por mí, estás quedando en ridículo —le dijo él, de mala gana—.
Susan se retiró su mechón castaño de la cara, quedándose avergonzada ante todos sus compañeros, intentando disimular aquellas lágrimas que se empezaban a formar en sus ojos castaños, retirándose del lugar para ir también a casa.
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INMUNIDAD.
Bí ẩn / Giật gân< El mundo ha sido cautivo por un virus letal que convierte a las personas en muertos vivientes y, un poderoso científico, es el causante de tal atrocidad, creyendo que nadie es capaz de detener su horrible plan de destruir la humanidad, pero no...
