Capítulo 87: <Golpes de billar>

50 8 2
                                        

Una semana después, Brie estaba sentada en una esquina justo al lado de las murallas, había tenido la opción de irse o quedarse, pero decidió la segunda cuando pensó en la venganza que se cobraría en nombre de Mac, ya ni olvidaba ni perdonaba. En solitario y aislada, cogía piedras pequeñas que encontraba escarbando para tirarlas al frente y así sucesivamente una y otra vez hasta que la pequeña presencia de Cora, la niña enferma, la detuvo en su juego estúpido de lanzar una piedra tras otra. Brie puso los ojos en blanco, mirando al frente justo después de haber apartado la vista de Cora.

—Lárgate, mocosa —le dijo Brie—.

Cora quedó callada, ruborizada ante la insensible y egoísta de Brie, que se encogió de hombros mirándola otra vez.

—¿Se puede saber qué quieres? No soy tu mamá para hacerte favores.

—Dexter dice que eres mala y ahora empiezo a creerlo.

Aquella atónita respuesta, dejó completamente incrédula a Brie, para tener diez años, sabía defenderse bastante bien con las palabras, pero no era eso en lo que estaba pensando, sino en lo cretino que era Dexter al irle hablando mal de ella a una niña pequeña en vez de decírselo en la cara.

—Eso dice, eh... Pues a ver qué tan mala puedo ser —dijo Brie, levantándose del suelo y apartando a Cora de un minúsculo empujón para buscar a Dexter—.

La muchacha empezó a caminar cada vez más deprisa hacia la parte trasera del vecindario donde estaba la barbacoa y la piscina. Sus ojos se encontraron a Dexter de espaldas jugando una partida al billar en solitario. Él se detuvo, apoyando el culo del palo en el suelo.

—Has tardado poco en venir a buscarme, Brie —dijo Dexter—.

Ella, no sólo cabreada por haber dicho su verdadero nombre sino también por haber ido soltando pestes a una niña, sacó un machete de su cinturón, acercándose con carrerilla, dándole la vuelta bruscamente hasta poner el filo de su arma sobre su garganta. El contrario parecía divertirse, por lo que no dejó de perder la sonrisa, sino que también agarró el filo para acercarlo más a su propio cuello.

—Hazlo —le pidió Dexter—.

—No me tientes, que ganas no me faltan.

Dexter borró la sonrisa para volver a dibujarla en su rostro. Ambos estuvieron así unos segundos hasta que fue ella la que se apartó y, consigo, el machete.

—Cobarde, andas hablándole a una niña de mí en vez de venir a decírmelo. ¿Tanto miedo me tienes? —le preguntó Brie—.

—Te aseguro que no es miedo lo que siento por ti.

Dexter se volteó para seguir su partida al billar, tirando fuerte hasta meter un par de bolas. Luego le prestó atención otra vez a Brie.

—Pero si tan estresada estás, ¿qué tal una partida contra mí a esto? —dijo él, señalando el billar—.

Brie tuvo que pensar la invitación un poco, recordando si era o no buena jugadora a eso de las bolas, un par de palos y seis agujeros en una especie de mesa con tela verde que parecía césped. Al parecer, no era tan mala como creía, sí había ganado varias partidas contra su padre y algunos viejos amigos.

—Claro, ¿por qué no? —dijo Brie—.

—¿Qué me das a cambio si te gano?.

—¿Un tiro en la cabeza te parecería correcto?.

—No eres mujer de apuestas, ¿verdad?.

—Ni de apuestas ni de nada. ¿Empiezas?.

Aquella partida no estaba siendo para nada entre dos colegas o entre dos personas que comenzaban a llevarse mejor, sino todo lo contrario, era más bien una competición para demostrar quién era el mejor y los dos tenían el ego demasiado alto para demostrar su valía. Mientras Dexter se encargaba de preparar la partida, Brie pasaba la tiza azul por su palo, asegurándose de que estaba correcto para efectuar buenos golpes. Los dos empezaron, primero él y luego ella, turnándose después de cada tiro. Durante los cinco primeros minutos, ninguno de los dos fue capaz de mirarse a la cara, estaban demasiado concentrados, obsesionados por ganar. Pero luego vino nuevamente la tensión cuando parecía que Brie se situaba en la primera posición por delante de Dexter y eso él no lo podía tolerar.

—Parece que es en lo único que destacas —dijo Dexter—.

—Sí, al menos destaco en algo. Lamento no poder decir lo mismo —respondió Brie metiendo dentro otra bola—.

—¿Y Sylvia por qué? ¿Acaso huyes de alguien? ¿Un novio, un ex o un asesino?

—Mi nombre de verdad queda demasiado en tu boca, igual me lo he cambiado para que patanes como tú eviten decirlo.

Dexter alzó las cejas, tirando después él, sin acertar en ese tiro.

—Egocéntrica —bufó él—.

—Fenómeno de circo.

—Amargada.

—Huérfano de mierda.

Ese duelo de insultos no duró demasiado cuando Brie arremató contra sus padres sabiendo que ella también podría estarlo, ya que no tenía ni idea de si estaban o no muertos. Se metió con eso porque gracias a Mac, sabía algo más de su vida que él de la suya, por lo que iba a hacer daño sin ningún reparo. Cuando le tocó el turno a Brie, Dexter dejó que se pusiera en posición, se marcara un objetivo y que se concentrara para después, hacer trampas y meter una bola propia dentro de uno de los agujeros para joderla. Brie lo vio, digamos que él había sido lo suficientemente indiscreto para que ella lo viera, no quería esconderse. La rubia se reincorporó recta, agarrando el palo con ambas manos, dirigiéndose hasta Dexter con él en la mano, dispuesta a golpearlo, pero él supo esquivar el primer golpe.

—Se acabó el juego —dijo Dexter—.

—Pues que empiece otro.

Los dos se pusieron en posición de combate, para sorpresa de Dexter, la vio demasiado bien colocada y sujetando perfectamente el palo, empezando a pensar que sabía defenderse con él. En seguida, ambos se enzarzaron en una estúpida pelea que acabó un poco fatídica para el cazador, ya que Brie había conseguido dejarle el ojo derecho morado y el labio inferior ensangrentado. Dexter intentó darle por la cara, por las piernas y por el resto del cuerpo, pero no logró nada más que un miserable golpe en la nariz que le hizo sangrar. Ella consiguió partir el palo de su oponente cuando lo chocó contra el suyo y allí se detuvo todo. El "arma" sobrante, se la estampó contra su pecho.

—Para que no te quedes sin jugar a tu puto billar — dijo Brie—.

Con arrogancia, se limpió la sangre de la nariz con el antebrazo y los dos se miraron con odio antes de tomar cada uno su camino justo cuando James interrumpió en el lugar, intentando saber qué había pasado por medio de Brie, la cual ni le hizo caso. De camino a su casa, se topó con Mac saliendo de la suya, los dos se miraron y ella sonrió, comprendiendo él, que algo había pasado con su hermano, así que corrió hasta la parte trasera también para intentar ayudarlo, mas Dexter no se dejó ayudar por nadie y se fue también a casa para limpiarse las heridas y la sangre que brotaba de las mismas.

INMUNIDAD.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora