Capítulo 60: <Infierno>

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Siete días infernales habían pasado desde que Brie cayó en manos de Joey. Jacob subía a visitarla cada día; le había llevado ropa nueva y limpia, así como también más comida de la que su líder le ordenó llevarle. Brie le comentó al pelirrojo su plan de fuga por el canalón de la ventana y Jacob insistió en que esperara un poco más. No podía irse tan a la ligera y sin tener todo bajo su control, sobre todo porque no sólo se estaba enfrentando a Joey, sino a todos sus hombres. En cierto modo, Jacob tenía toda la razón del mundo, así que no le quedó otro remedio que planear su fuga con más calma y, sobre todo, con más cabeza antes de cometer una locura. Por otro lado, Joey apenas había subido a la buhardilla para hacer de las suyas. En siete días, dos fueron los que aprovechó para subir y, uno de esos días, ató a la chica de pie junto a la única columna de la habitación donde allí, le estuvo recordando constantemente la muerte de Chris, echándole las culpas a ella de que él ya no estuviera allí. Lo más grave de toda esa tortura psicológica, es que a Joey le estaba dando los resultados que esperaba obtener, había conseguido hacerle creer a Brie que su mundo estaba lleno de muerte, de sangre y destrucción, que ella era peligrosa para todo aquel que se le acercaba porque siempre acababa muriendo. Su juego le resultaba de lo más divertido, le encantaba ver a Brie destruida, cuanto más mejor para su estado de ánimo. Por desgracia, Joey le arrebató el colgante que Chris le regaló para guardárselo entre su colección de tesoros apocalípticos.

—No eres digna de llevarlo —espetó él, con el colgante en la mano—.

Brie ni siquiera hizo nada para recuperarlo, y no por que no quisiera, sino porque ya no tenía ganas de poner las cosas más difíciles. Sentía su cuello vacío, así como también el alma... Ahora mismo tenía la cabeza a punto de reventar, pero sólo podía pensar en Chris y en qué es lo que estaría pensando con respecto a ella desde que se marchó; si estaría o no orgulloso, si la seguía desde el inframundo, si la cuidaba aunque no pudiera sentirlo. No pudo evitar llorar cuando Joey se fue dejándola atada junto a la columna; las cuerdas le quemaban la piel, aunque supongo que eso era lo menos doloroso que podía sentir ese día. Pocos minutos después, fue Jacob quien la desató y curó sus quemaduras nuevamente a escondidas de Joey. Ese fue el último encuentro que tuvo con aquel hijo de puta en toda la semana, y fue uno de los más suaves que tuvo que soportar, ya que al cabo de tres días después, Joey se volvería más loco y más desquiciado que nunca. Era de día, Brie acababa de levantarse de la cama y, lo primero que vio, fueron las marcas y los hematomas que tenía por varias zonas de su cuerpo como marca o cicatriz que le hicieron recordar que en cualquier momento volvería el peligro. Se aproximó al baño, últimamente no dejaba de bañarse, se sentía sucia e inservible, como una basura o una jodida mierda pisoteada mil veces por la misma persona. Abrió el agua, no salía caliente pero era consciente de que poco le importaba eso, sólo quería limpiarse las huellas que pudieran quedar de Joey, estaba completamente obsesionada, creía que incluso tenía las palmas de las manos del enemigo grabadas en su espalda desde el día que la tocó por primera vez. Desnuda, se metió bajo las gotas de agua que caían desde arriba sobre la ducha, su melena rubia no tardó mucho tiempo en mojarse y aplastarse, el frío le calmaba cada dolor y lograba relajarla. Joey, desde el piso de abajo, escuchó el agua correr y subió las escaleras a toda prisa mientras todos sus hombres permanecían fuera buscando provisiones para el grupo. Abrió la puerta lentamente, sus ojos café no contemplaron a la chica allí, pero sabía de sobra que estaba en la ducha, así que aprovechó el momento para quitarse toda la ropa, absolutamente toda hasta dejar su cuerpo completamente desnudo sin ropa interior siquiera, quería meterse en la bañera lo antes posible, tenía ganas de Brie, de volver a tener sexo con ella por la fuerza, dándole igual cada uno de sus sentimientos. Abrió la puerta lentamente, observó su silueta de espaldas y completamente sin ropa. No bastaron muchos minutos para sentirse excitado y notar su miembro cada vez más duro conforme se iba acercando a la joven, que todavía ni se dio cuenta de lo que estaba por venir. Brie tenía los ojos cerrados notando el agua cayendo sobre ella cuando, de pronto, notó un fuerte empujón contra la pared y el peso de un cuerpo que se apoyaba sobre ella. Ni siquiera miró atrás, sabía de quien se trataba; reconocía ese tacto, esa fuerza, esa forma de empujar y de maltratar. Sólo podía ser uno, sólo podía ser él: Joey. Llevó sus manos a los senos de Brie tomando uno en cada mano, apretándolos con fuerza hasta que luego masajeó los pezones al mismo tiempo que restregaba su miembro entre las dos nalgas de la rubia, que pedía a gritos que la dejara en paz. Sabía que era inútil pedirle que se detuviera porque Joey era un tipo sin frenos ni escrúpulos. Enseguida, le dio la vuelta para ponerla cara a cara con él, los dos se miraron ciertos segundos; él sonriendo, ella llorando. Joey acercó su boca al suave cuello de la chica, dejando leves besos con lengua, bajando poco a poco hasta que su lengua, lamió con intensidad ambos pechos. Sus piernas temblaban tanto que hasta se orinó encima a pesar de que intentó controlarlo siéndole imposible.

—Bésame —le pidió Joey—.

Brie giró la cara cuando Joey estuvo a punto de besarla, pero él volvió a colocar su cabeza agarrándola del mentón. No tuvo más remedio que hacerlo; Brie se acercó a su boca y besó los labios de Joey, ambos fluidos bucales se mezclaron en un beso de tornillo que a ella le dieron ganas de vomitar. Joey cerró el agua y salió en primer lugar de la ducha, luego la cogió en brazos mientras Brie pataleaba para liberarse, él la lanzó a la cama y la puso boca abajo presionándole la cabeza contra las sábanas como si quisiera ahogarla, pero el rostro de Brie estaba ladeado y no sintió ningún tipo de asfixia.

—¿Sabes por qué me gustan tanto estos momentos? —preguntó Joey—. Porque después de mí no podrás ni querrás estar con nadie más, lo que me hace comprender que seré el único hombre que te habrá follado tan duro.

Abrió sus piernas y se fue metiendo dentro de su cuerpo poco a poco, ahora entraba suave porque su himen ya había desaparecido. La embistió con fuerza de atrás hacia adelante mientras se aferraba a su cintura con ambas manos para hacer más intenso el momento. La obligó a gemir de placer para él lo más alto que pudiera, eso le ayudaría a eyacular antes. Brie fingió tal y como Joey le había pedido, en realidad lo único que quería era que todo acabara de nuevo, pero por más que lo deseaba, nunca llegaba a ver el final cerca, sino todo lo contrario. Ahora, las manos de Joey se apoyaron sobre sus hombros, sentía más bruta la penetración y los movimientos de él. Brie paró de gemir fingidamente, pero Joey volvió a obligarla a hacerlo. Los únicos gemidos de placer verdaderos eran los de aquel psicópata que se sentía caliente dentro de su cuerpo. La acción seguía tras varios minutos hasta llegar la hora donde, por fin, Joey eyaculó sin retirarse llegando a un fuerte y potente orgasmo. Tardó un rato en apartarse, apoyó todo su peso en ella, Joey notó una extraña fuerza en su miembro que Brie estaba haciendo para expulsar cada líquido que tuviera. Rió a carcajadas antes de quitarse de encima, agarrando su pelo mojado tirando hacia arriba para levantar su rostro de la cama.

—¿Es que acaso no te gustaría tener un pequeño recuerdo de nuestro amor? —preguntó él, soltando la melena con rabia—.

Joey comenzó a vestirse, no le importaba lo más mínimo dejarla ahí boca abajo sin ropa y totalmente jodida. Salió de allí, Brie se fue deslizando lentamente hasta caer al suelo donde comenzó a gritar y a golpear el suelo con los dos puños, luego se levantó y empezó a arañar las paredes hasta levantar un par de uñas dejando la sangre marcada sobre la pintura blanca. Ya no podía más, necesitaba escapar.

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