Capítulo 89: <Rescate de Cora P1>

57 7 0
                                        

Supo que era la hora de comer cuando, un par de horas después, le llegó un ligero olor a barbacoa, pero como siempre, Brie comía y cenaba en su casa, era como si no estuviera viviendo allí entre la gente. Mientras se hizo un bocadillo, empezó a escuchar alboroto, ajetreo, voces y gritos de búsqueda que sólo pronunciaban el mismo nombre: Cora. Luego alcanzó a escuchar la voz de Mac diciendo que había encontrado la vía de escape, pero Brie no entendió ni media palabra hasta que fueron a visitarla a las puertas de su casa tocando repetidas veces el timbre. Brie dio el último bocado de su comida y salió a abrir sin mostrar ni una expresión en su rostro. Se encontró a Claire, la madre de Cora, a Mac, a James y a Jacob camuflado atrás del todo.

—¿Y Cora?. ¿Sabes dónde está? —preguntó Claire—.

—Oye, ya le he dicho a esa niña que me deje en paz de una puta vez, que no quiero jugar con ella, que no me interesa —dijo Brie—.

—¿Entonces estuvo aquí?.

—Por supuesto.

Todos entendieron que la niña se había escapado por culpa de la grosería de Brie. Claire se revolvió, agarrándola con fuerza por ambos extremos de su sudadera roja, zarandeándola de un lado a otro, desesperada e histérica.

—¡Por tu culpa se ha largado de la comunidad! Siempre había creído que el cáncer sería su verdugo, pero no hay peor verdugo que el ser humano. Si mi hija muere ahí afuera, yo vendré para matarte —le vociferó Claire antes de largarse—.

Brie, con el corazón a mil por hora y por primera vez en mucho tiempo, se atrevió a alzar la mirada entre todos aquellos que la miraban como un obstáculo que debía largarse. Pero la única mirada que le preocupaba, era la de Jacob, que mostraba más desilusión que nunca. Antes le hubiera aconsejado, pero se largó ignorándola, ya no quería saber nada de ella ni de su crueldad. James dio un par de pasos hacia adelante hasta ponerse cara a cara con Brie.

—Fue un error acogerte. Recoge tus cosas y vete de aquí. Cuando hayamos vuelto espero que ya no estés. No quiero volver a verte —dijo James—.

Brie retrocedió, no había dejado a un lado su gesto serio, sin embargo, cuando cerró la puerta, no pudo odiarse más a sí misma. Sentía impotencia y una gigantesca ola de culpabilidad que la invadía, haciéndola al fin, reaccionar de forma positiva. Subió rápidamente hasta su habitación donde comenzó a llorar con la mitad de su alma rota. Jamás se había sentido tan despreciable como en ese momento. Rasgó las sábanas de su colchón, harta de todo, cabreada porque la mujer en la que se había convertido no era realmente lo que ella había esperado. En menos de un par de minutos, se equipó con armas con las que pudiera defenderse con velocidad, dejando el arco y las flechas a un lado de la habitación. A su espalda, dos hachas leales que nunca le habían fallado, su daga y un par de pistolas con munición suficiente y sus botes de ácido. Bajó al piso de abajo hasta salir al exterior, sus compañeros estaban a punto de salir, pero se detuvieron al verla acercarse.

—Dejadme ir con vosotros... Prometo que no descansaré hasta dar con ella —dijo Brie—.

—¿Ahora te preocupas por ella? —preguntó Claire—.

—Me largaré de aquí en cuanto Cora esté de vuelta. Lo prometo.

James asintió, luego la puso junto a Dexter en el equipo de búsqueda y, aunque no estaba de acuerdo, no replicó por respeto a los demás. Salieron todos a una, pero James no era tan estúpido de dejar la comunidad desprotegida, por lo que dejó al número suficiente para proteger Sheller, que también se quedaba en buenas manos. En una parte determinada del bosque, cada uno se dividió con su equipo para buscar a Cora. Dentro de unas horas, seis como mucho, se verían en el mismo punto de partida. A todos les quedó clara la información, por eso intentaron calcular el tiempo a partir de ese momento pero sin reloj, sólo por instinto. Brie y Dexter fueron por la zona del río, recorriendo cada parte por la que andaban y llamando a Cora por si aparecía o estaba cerca. Fueron un par de horas inspeccionando alrededor sin hallar nada, ni siquiera ni una sola pista que pudiera llevarlos directamente a ella. A decir verdad, Brie estaba preocupada, tal sentimiento se esforzaba en esconderlo demasiado bien, sobre todo delante de Dexter, que empezaba a creer que Brie era incluso mucho peor que él. Llegaron a una especie de cementerio, parecía más bien un viejo campamento donde habían estado otros supervivientes intentando vivir su día a día, haciendo tumbas de arena dignas para un amigo o familiar muerto en combate. Había una gigantesca tienda de campaña a la que Brie se atrevió a acercarse desenfundando una de las hachas que tenía colgadas en la espalda. No necesitó pedirle a Dexter que la cubriera cuando abrieran las cortinas hacia un lado porque sabía defenderse sola y, a parte, no tenía ningún miedo de ser mordida ya que podía salvarse. Retiró las cortinas, ella retrocedió un par de pasos y se le echaron encima cuatro infectados hambrientos, Brie logró matar a dos y esquivar a los otros, empujando a uno de ellos hacia Dexter para que hiciera algo. El cazador, con un arco empuñado, retrocedió para tener mejor campo de visión y mató a los otros dos de una flecha en el cráneo a cada uno. De inmediato, Brie se metió dentro de la tienda de campaña y por suerte, allí no estaba Cora. Sólo un par de cadáveres más cuyo hedor era más insoportable que el resto. Dexter fue a asomarse cuando Brie salía, ella, como siempre, pensó que demasiado lento para todo, pero al menos así, le estaba demostrando que no sólo era buena en el manejo del arco.

—Llegas tarde —murmuró Brie observando el camino que tomarían ahora—.

—Igual tú también.

—Si seguimos a tu ritmo, posiblemente.

Dexter se puso cara a cara con ella, los dos se mostraron de mal humor y con hostilidad como solían hacer al sacarse de quicio.

—No puedes tocar nada sin romperlo —le dijo él—.

—¿Y tú? ¿Me dices cuántos de Sheller te quieren?.

—Eres peor que yo.

—Que no te quepa duda.

Brie se apartó para tomar el camino que, sin consultarle a él, iba a tomar con seguridad le gustara más o le gustara menos.

—Mac debió matarte cuando tuvo la ocasión —le dijo Dexter—.

Brie se dio media vuelta y caminó de nuevo hacia él.

—Dime una cosa, ¿de verdad conoces a tu hermano tanto como crees? Hasta él mismo te detesta, sólo hay que ver cómo te trata. Si algún día tiene la oportunidad como la tuvo conmigo, no dudará en matarte.

—¿Ahora te vas a preocupar por mí?.

—Oh, por supuesto que no. Si te mueres serías un estorbo menos en mi vida. Aunque en verdad me das pena, claro que viniendo de padres yonkis y teniendo un hermano peor... ¿Qué me puedo esperar de ti?.

Esto último cabreó todavía más a Dexter, que se atrevióa empujarla para tirarla al suelo, Brie consiguió no caer, de nuevo esa locuracuando un hombre la tocaba, por lo que se lanzó hacia él dándole un puñetazo enla cara y un puntapié en el muslo izquierdo que le hizo caer casi de rodillasal suelo. Podrían haberse liado a golpes allí mismo a ver quién era el quemataba primero a quién, pero un grito los aturdió, al parecer esa vozcorrespondía a Cora y dejaron los ajustes de cuentas para luego, corriendo endirección al grito que habían oído no muy lejos del lugar.

INMUNIDAD.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora